Andamos en misión

Mons. Amadeo RodríguezMons. Amadeo Rodríguez     Allá por el mes de mayo, en el encuentro en el Santuario de la Virgen del Castañar de Béjar al que acudimos miles de nosotros con motivo del Año de la fe, me pareció que era el momento de invitar a todos los diocesanos a un proyecto de nueva evangelización.

La invitación la hice con un lema que ha hecho fortuna, y que va tomando forma poco a poco como una gran objetivo para nuestra Diócesis de Plasencia en los próximos dos años pastorales:“Cada parroquia una misión. Cada cristiano un misionero”. Se entendió enseguida que era una llamada a evangelizar y que con ella nos queríamos sumar a la que es la gran empresa de la Iglesia en este tiempo: ante la situación de la fe en el mundo, hacer una nueva evangelización.

Por análisis más o menos concienzudos, y otros más de andar por casa, todos sabemos que hay un lento deterioro en la presencia de la fe en el mundo, que se está manifestando por síntomas alarmantes de debilidad, empobrecimiento, baja calidad, disminución, fractura, y en algunos casos una mayor o menor descomposición de las manifestaciones de la vida cristiana. Ante esa situación, todo indica que tiene que haber una novedad radical en la misión. Y para eso, lo primero que hay que asumir de verdad es que la Iglesia es siempre misión, porque entiendo que, en muchos casos, eso es realmente lo que nos falta: verdadera conciencia de que estamos en estado de misión.

Desde hace ya bastante tiempo, desde la primera llamada a evangelizar en el mundo moderno hecha por la Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, la nueva evangelización se ha ido abriendo camino poco a poco bajo la iniciativa del Beato Juan Pablo II y del Papa emérito Benedicto XVI. De los dos, y de cuantos los han secundado con palabras e iniciativas, se han ido recibiendo muchas luces. Seguramente todas ellas ya están haciendo crecer el ardor misionero, y es posible que estén surgiendo muchos métodos nuevos. ¿Pero qué sucede con las nuevas expresiones? Es posible que por ahí vaya la aportación del Papa Francisco. Él le está dando concreción a unos modos nuevos de ser papa, de ser obispo, de ser sacerdote, de ser cristiano, que sean acordes con la misión que hay que hacer en este mundo en cambio. Nos está abriendo a un cambio en el ser, en el sentir y en el mostrar lo que somos; está apuntando a otro modo de ser Iglesia, a otras sendas para ir al mundo, que sean cordialmente amables, mentalmente abiertas, verbalmente cercanas. Nos está arrastrando hasta las periferias con una actitud nueva, pero sin rebajar ni un ápice lo esencial de nuestra identidad cristiana.

Sería tan evangélico que supiéramos entrar con sencillez en el fondo de sus mensajes (cf Mt 13,25). El Papa Francisco no suele hablar mucho de nueva evangelización, pero muestra como ha de ser hoy una Iglesia que vive en misión, que supera el  temor y el repliegue y que encara con audacia el envío que siempre tiene ante ella. Y lo hace con mensajes muy sencillos, con un lenguaje muy parecido al del Maestro. A nosotros nos será muy útil en el proyecto de misión que acabo de proponer a toda la diócesis, y que nos ocupará los próximos dos años. En el primer año, nos empeñaremos todos en ser discípulos del Señor que le escuchan de nuevo y se fijan en los detalles de su vida para integrarlos en la nuestra. Estaremos con él, viendo y escuchando en su intimidad todo lo que tiene que enseñarnos. En el Maestro apreciaremos cómo ser y vivir en él, y así se irá transformando lo mundano de nuestra vida en fielmente cristiano. Entraremos en la escucha de su Palabra, nos situaremos en oración, viviremos de los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia y, por supuesto, de los que hayan ido enriqueciendo nuestra vida según nuestra edad y condición, y aprenderemos con él a mirar a los pobres.

Una vez que hemos visto y oído a Jesús, en el segundo año saldremos de nosotros mismos para ir de misión, que consistirá en mostrar la alegría por todo lo que nos ha sucedido al encontrarnos en persona con el Señor. Nuestras comunidades cristianas se beneficiarán del testimonio que nos ofrezcamos unos a otros, pero también saldremos más allá y nos adentraremos con sencillez y audacia en los ambientes en los que quizás no nos esperan, o porque no les parece relevante o interesante aquello en lo que creemos o porque no se suponen que seamos capaces de ir allí donde o nos rechacen o nos infravaloren.

El camino que se propone en la misión, como habéis podido ver, es el de los discípulos misioneros. En realidad, ser discípulo-misionero es el itinerario que ha de recorrer la vocación de cada cristiano: un camino que parte del encuentro con Cristo y nos lleva a anunciar el Evangelio. Se puede decir que es un itinerario imprescindible para quien se propone evangelizar.

Sólo me queda invitar de corazón a todos, pidiéndoos que aprovechéis esta ocasión especial que os ofrece nuestra Iglesia diocesana para entrar todos juntos en una misión, que si es común, será siempre más del querer de Cristo. “Que todos sean uno para que el mundo crea” (Jn 17,21).

+ Amadeo Rodríguez Magro

Obispo de Plasencia

Mons. Amadeo Rodríguez
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Mons. Amadeo Rodríguez Magro nació el 12 de marzo de 1946 en San Jorge de Alor (Badajoz). Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Badajoz, del que luego sería formador. Recibió la ordenación sacerdotal el 14 de junio de 1970. Su primer destino pastoral fue de coadjutor de la parroquia emeritense de San Francisco de Sales (1970-1974), de la que posteriormente sería párroco (1977-1983). Tras obtener la licenciatura en Ciencias de la Educación (sección Catequética) en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma (1983-1986), D. Amadeo fue nombrado por su Obispo, D. Antonio Montero, vicario episcopal de Evangelización y director de la Secretaría Diocesana de Catequesis (1986-1997), siendo también designado vicario territorial de Mérida, Albuquerque y Almendralejo; y finalmente vicario general (1996-2003). Fue además secretario general del Sínodo Pacense (1988-1992) y secretario de la conferencia de Obispos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz (1994-2003). En 1996 fue nombrado canónigo de la Catedral de Badajoz, cuyo cabildo presidió de 2002 a 2003. Realizó su labor docente como profesor en el Seminario, en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en la escuela diocesana de Teología para Laicos (1986-2003) y de Doctrina Católica y su Pedagogía en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura (1987-2003). También formó parte del consejo asesor de la Subcomisión Episcopal de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española. El 3 de julio de 2003 San Juan Pablo II le nombra obispo de Plasencia y recibe la ordenación episcopal en la Catedral de Plasencia el 31 de agosto de 2003. En la Conferencia Episcopal Española es el vicepresidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y presidente de la Subcomisión Episcopal de Catequesis desde 2014, de la que ya era miembro desde 2003. También ha formado parte de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias de 2005 a 2011. El 9 de abril de 2016 se hizo público su nombramiento como obispo de Jaén. Tomó posesión de su cargo el día 21 de mayo de 2016.