¿Hay mayor caridad que el anuncio del Evangelio?

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez    La fe es un don precioso de Dios, nunca del todo apreciado; en ocasiones no lo valoramos suficientemente, como si fuera algo normal. A veces pienso que nos ocurre con la fe como con el perdón de los pecados: pensamos que tenemos derecho a ser perdonados; pero de suyo el pecado que cometemos no exige el perdón; éste es siempre un amor inaudito de Dios, que ninguno merece. ¿Y quién merece la fe? Cada vez debe extrañarnos más que padres exijan el Bautismo para sus hijos pequeños, por ejemplo, sin que estén dispuestos a trabajar nada para que en su educación al crecer haya una cierta garantía de que acepten ese regalo cuando lleguen a la edad de la aceptación de Jesucristo por parte de esos bebés.

Mientras nos vamos aproximando al final del Año de la Fe, celebramos la Jornada Mundial de las Misiones, el Domund. ¡Qué ocasión tan importante para fortalecer nuestra amistad con el Señor y sentir que somos la Iglesia que anuncia el Evangelio con valentía. Es evidente: ¡Dios nos ama! Pero eso no basta, porque la fe necesita ser acogida, necesita de nuestra respuesta personal. Pensemos por qué eres cristiano. Sin duda que tú has respondido, pero se han tenido que dar unas condiciones para que tú hayas podido responder: una familia, unos padres cristianos, una parroquia, colegio o grupo que te ha ayudado, persona que te ha sorprendido, un templo abierto que ha posibilitado tu encuentro con Cristo. Pero todo ello no se ha improvisado. Para que tú hayas podido experimentar la alegría de ser amado por Dios y el gozo de su salvación, otros han tenido que esforzarse por anunciar, proclamar a Cristo.

El don y la alegría de la fe no se reservan a unos pocos, sino que se ofrece generosamente. Hace falta gente y medios, cristianos y lugares adecuados, entornos propicios que lleguen a los que han de ser evangelizados y responder. Nada más lejano de la realidad que ser unos cristianos aislados, estériles y enfermos que piensen que no deben nada a nadie y que nada han de hacer en favor de los demás. “El anuncio del Evangelio es parte del ser discípulo de Cristo y es un compromiso que anima toda la vida de la Iglesia”, dice el Papa Francisco en el Mensaje para el Domund 2013. Es más, “el impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad eclesial”, en opinión de Benedicto XVI (Verbum Domini, 95).

Ahí está la razón del octubre misionero que culmina con el Domingo de las Misiones, este año el 20 de octubre. En ese domingo, la Diócesis de Toledo, es decir todas las comunidades cristianas, parroquiales o no, tienen la “obligación” de orar, de examinar cómo está su espíritu misionero, y de hacer una colecta especial para las Obras Misionales Pontificias. Si no hay contribución espiritual y material a las misiones es un poco ficticio el cristianismo que vivimos. Como Obispo tengo la obligación de recordar la participación misionera de los fieles de Toledo y la contribución de todos a las necesidades de la evangelización y el desarrollo de las Iglesias jóvenes. También que las donaciones recogidas en las comunidades cristianas el día del Domund han de ponerse a disposición del Santo Padre a través de las Obras Misionales Pontificias.

Eso quiere decir que no se deben hacer en la Jornada Mundial de la Misiones otras peticiones de otro tipo por buena que parezcan. Todo lo que ese día se recoge en la colecta especial ha de ser enviado en su totalidad a la Dirección Nacional de la Obras Misionales Pontificias por medio de la Delegación Diocesana de Misiones. Tampoco es bueno que el día del Domund recoger donaciones para las misiones con las que la Diócesis tiene relaciones fraternales, como Moyobamba y Lurín, o para los institutos misioneros e incluso para misioneros/as de forma individual. Tiempo hay en otros momentos del año para ello.

Pero lo que urge de verdad es la evangelización: a una gran parte de la humanidad todavía no le ha llegado la buena noticia de Jesucristo. Pero es que ahora vivimos una época de crisis, podría responder alguien. La economía, las finanzas, la seguridad alimentaria, el medio ambiente, pero también el sentido profundo de la vida y los valores fundamentales que la animan acaparan todo nuestro tiempo y hay poco espacio para las misiones y otras realidades “de devoción”. Yo pienso que esto es un error. En esta situación compleja de la humanidad, donde el horizonte del presente y del futuro parece estar cubierto por nubes amenazadoras, “se hace más urgente el llevar con valentía a todas las realidades, el Evangelio de Cristo”. Es la conclusión del Papa Francisco.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.