Domingo mundial de la propagación de la fe

Mons. Santiago García AracilMons. Santiago García Aracil   Mis queridos fieles cristianos de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

El día del Domund nos recuerda a todos, desde pequeños, a las Misiones. Por ello, para muchos, este día es, desde siempre, el día de las Misiones. Todos sabemos que es un día en que debemos unirnos orando al Señor por varias intenciones:

Una es orar para que no falten sacerdotes, miembros de la Vida Consagrada y seglares dispuestos a trasladarse hasta lugares lejanos para dar a conocer a Jesucristo, Dios y hombre verdadero y salvador del mundo. Él descendió a la tierra haciéndose hombre en las purísimas entrañas de la santísima Virgen María; murió en la cruz para salvarnos, y resucitó al tercer día. Así venció al maligno y se presentó ante el Padre como ofrenda agradable y devolvernos la posibilidad de relacionarnos con Dios, ya que habíamos roto los lazos con Él ofendiéndole con nuestros pecados.

En el día del Domund debemos orar, también, para que todos los misioneros sientan la ayuda de Dios y se entreguen con alegría y esperanza a predicar el Evangelio en tierras lejanas. Cada cristiano debe ser misionero a lo largo de toda su vida, dondequiera que esté, puesto que a todos se refería el Señor antes de su Ascensión a los cielos cuando dijo a los apóstoles: “Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Unos desempeñarán esta misión en el seno de la familia, otros en los ambientes donde trabajan, y otros en la comunidad parroquial a la que pertenece. Otros, llamados por el Señor de un modo especial, sienten el deber de ir a otros lugares del mundo en los que no hay cristianos suficientes para  anunciar el Evangelio. Ellos reciben la llamada de Dios en su corazón como la escuchó Abraham a quien dijo Dios: “Sal de tu tierra y de tu parentela y ponte en camino hacia la tierra que yo te daré” Y, fiándose de Dios, dejan su tierra, su familia y sus amigos, y parten hacia lugares lejanos enviados por su Obispo. Con este gesto nos dan a entender algo muy importante y que nadie debemos olvidar nunca: La misión de La Iglesia nos corresponde a todos, aunque no a todos igual: a cada uno de una forma concreta.

Otro motivo de nuestra oración es pedir al Señor para que aquellos hombres y mujeres niños, jóvenes y adultos que reciban el Evangelio, presten oído atento al mensaje del Evangelio, que es mensaje de salvación, crean en Jesucristo, vivan como verdaderos cristianos y se conviertan en apóstoles de sus amigos y compañeros allá donde vivan.

Si consideramos todo lo que significa el Domund, fácilmente podremos concluir que esta Jornada eclesial, que se celebra en todo el mundo, tiene como objetivo fundamental la propagación de la fe en Dios Padre, Hijo y espíritu Santo que se nos ha manifestado en Jesucristo nuestro Señor. Y, por ese motivo rezamos, sobre todo, por cuantos están implicados en esa misión más allá de nuestras fronteras. Difícilmente podremos tomar en serio este día y las intenciones que hemos referido si no cultivamos en nosotros mismos la fe que debemos predicar, cada uno en su lugar y al modo como Dios nos pida.

Por tanto, el Domund ha de ser, al mismo tiempo, un día de oración por todos los cristianos para que vivamos intensamente la fe que Dios nos regaló en el bautismo.

Pensándolo bien, si la fe nos ayuda a entender el sentido de nuestra vida y de todo lo que en ella nos ocurre, y a descubrir que todo ello lo permite el Señor para nuestro bien y para que alcancemos la salvación eterna, nos convenceremos de que es una verdadera obra de caridad trabajar para que llegue a todos los hombres el Evangelio de Jesucristo. Y si nos convencemos de ello, no podremos quedarnos tranquilos si no hacemos lo que esté de nuestra parte para que la Iglesia ejerza siempre la misión que el encomendó Jesucristo. Por eso, el título del Domund este año, es: Fe, más Caridad, igual a Misión. (Fe+ Caridad = Misión) .

Pido al Señor que todos entendamos la consigna del Domund y procuremos cumplirla con ilusión y espíritu cristiano.

+ Santiago García Aracil

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Santiago García Aracil
Acerca de Mons. Santiago García Aracil 73 Articles
ons. D. Santiago García Aracil nació el 8 de mayo de 1940 en Valencia. Es Licenciado en Teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1976). CARGOS PASTORALES Fue cura párroco de Penáguila entre 1964 y 1965. Consiliario Diocesano de la Juventud Estudiante Católica (1966-1984). Maestro de Capilla del Seminario Corpus Christi de Valencia entre 1966 y 1984. Además, fue Delegado Diocesano de Pastoral Universitaria entre 1972 y 1984. Ha sido en Valencia fundador del Centro de Estudios Universitarios en 1971. El 27 de diciembre de 1984 fue ordenado Obispo Auxiliar de Valencia, cargo que desempeñó hasta 1988. Ese año fue nombrado Obispo de Jaén. El día 9 de julio de 2004, el papa Juan Pablo II le nombró arzobispo para ocupar la sede metropolitana de Mérida-Badajoz. Tomó posesión de la diócesis el 4 de septiembre de 2004. El papa Francisco aceptó su renuncia el 21 de mayo de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2014. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral (1987-1990), Relaciones Interconfesionales (1987-1990/2005-2008); Seminarios y Universidades (1990-1993); Enseñanza y Catequesis (1990-1993) y Patrimonio Cultural (1993-1999). Fue Presidente de esta última Comisión de 1999 a 2005 y de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde 2008 a 2014. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".