Palabras de fe: la misión de anunciarla

AGUSTINCORTÉSMons. Agustí Cortés     Este año la jornada del Domund pone ante nuestros ojos una curiosa fórmula: fe + amor = misión. Su mensaje es sencillo y oportuno. El anuncio y propagación de la fe cristiana proviene de una fe que se vive con amor.

Después de lo que venimos meditando y compartiendo este año acerca de la fe, más de uno, al oír esta afirmación, podría formular algunas preguntas. Como, por ejemplo, ésta: ¿acaso es posible creer sin amar, decir que se tiene fe sin vivir la caridad?

Hasta ahora tenemos claro que la fe y el amor no son dos virtudes o fuerzas paralelas, que se añaden o se suman una a otra, sino que se viven perfectamente unidas. Mejor dicho, el amor está ya en el acto de creer: es como una luz interna que despierta ojos y oídos en el corazón, una fuerza que mueve a la confianza, una disposición a entregarse a alguien que ha “seducido” con indicios y signos. Por otra parte, nadie que diga que ama, podrá negar que su amor incluye un acto de fe en la persona amada… En definitiva, la respuesta a la pregunta es clara: no se puede creer sin amar; parecería, pues, que en la fórmula del Domund los dos sumandos son lo mismo.

Pero, a pesar de todo, esta fórmula tiene razón y es oportuna. Al releer el mensaje del papa Francisco para la campaña de este año, descubrimos, una vez más, una preocupación constante de los dos últimos papas siempre que abordan la cuestión de la nueva evangelización. En este mensaje, citando a Benedicto XVI, recuerda que “el impulso misionero es una señal clara de la madurez de una comunidad cristiana” y que “la Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera”. Si los papas consideran que conviene decir esto, es porque de hecho hay una forma de vivir la fe que hace difícil o imposible la misión.

Lo que nos ha de preocupar es esa manera de vivir la fe cerrada, marcada únicamente por la preocupación del propio mundo, a veces constantemente problematizada, otras veces centrada en hallar tranquilidad, reducida a los propios pensamientos, temerosa, oculta, refugiada en un pequeño círculo de una intimidad, que podría ser personal o compartida en grupo… Es una manera de vivir la fe que no se expande, por más que se quiera anunciar, porque no puede contagiar entusiasmo.

La misión, toda forma de evangelización, sólo puede brotar del gozo por creer y del entusiasmo por transmitir esa fe. Es muy distinto de lo que llamamos proselitismo. Éste únicamente busca ganar adeptos a la propia causa y no repara en medios para lograr su objetivo. Mientras que la evangelización y la misión contagian la alegría mediante un anuncio, una propuesta, que interpela la libertad del otro. La misión se alimenta, se mantiene viva y nace del amor.

– Porque creer en Cristo es amarle.

– Porque hablar de Cristo y anunciarlo es expansión de amor.

– Porque la misión es amar al otro como Cristo le ama.

Y el amor que Cristo profesa a toda criatura es como el resplandor de la verdad que, iluminando, da calor, gozo y fuerza para vivir.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.