Mujeres que no olvidan el amor de Cristo Sacramentado

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez     Hemos clausurado el pasado domingo el centenario de la Unión Nacional Eucarística Reparadora (UNER) en Toledo. La asociación católica la había fundado el Beato Manuel González el 4 de marzo de 1910 siendo arcipreste de Huelva. A don Manuel le salían del corazón estas palabras: «Yo hoy pido una limosna de cariño para Jesús Sacramentado, un poco de calor para esos Sagrarios tan abandonados; yo os pido, por el amor de María Inmaculada, madre de este hijo tan despreciado, y por amor de este Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de esos Sagrarios abandonados…»

Muchas mujeres respondieron a la llamada del beato Manuel González, entonces en Huelva y más tarde en Málaga y Palencia, diócesis donde fue Obispo diocesano. En Toledo, desde 1912 hasta ahora mismo, cientos de mujeres han sido Marías de tantos Sagrarios, en diferentes situaciones de fe: en persecución y en tiempo de paz, visitando «a Jesús escondido», como gustaba decir beato Francisco Martos, vidente de Fátima, cuando tantas veces iba a la parroquia a rezar y a visitar a Jesús Sacramentado, mirando atentamente el Sagrario. Hoy también es importante esa visita, para encontrar a Cristo en ese espacio de quietud y silencio de nuestras iglesias.

A mí me enseñaron a «hacer la visita» a Jesús al atardecer y contarle de algún modo el día transcurrido. Son momentos de conocer de otro modo a Jesús de Nazaret. Lo cual lleva a encontrar una alegría en el corazón que nunca te abandona, incluso cuando tienes menos tiempo o te abandonas un poco. Yo creo que hemos abandonado un tanto esta práctica, no se la hemos enseñado a los niños, adolescentes y jóvenes y no disfrutan de la compañía de Cristo. Dicen esto mismo la Marías actuales y otros adoradores. Tal vez nuestra era tan audiovisual es menos propicia al silencio y la escucha, tan necesarias para entrar en oración, sea la oración del corazón, como la meditación o la «lectio divina» con la Escritura Santa.

¿Necesita Jesús de nuestra visita, de nuestra adoración? La necesitamos nosotros, para no sentir que nuestra fe no es puro sentimiento; también para que nuestra relación con Cristo vivo no sea seca o rutinaria. Además en nuestro tiempo es necesario también aquel amor de Jesús que salvó al mundo en la Cruz gloriosa y en la Resurrección liberadora. ¡Tantos están privados de ese amor y nada esperan! ¡Tantos creen que Dios ha muerto y para nada se preocupan de nuestras pobres vidas! «Cristo está en agonía hasta el fin del mundo», decía un famoso autor católico. Esa es una buena intuición, sin duda.

El «hoy» de Cristo, que se vive en la Liturgia de la Iglesia es el marco que hace entender la visita a los Sagrarios abandonados y la vivencia de los misterios de Cristo, inagotables para el ser humano por ricos en tantos aspectos. El «hoy» de Cristo central se celebra en la Eucaristía y en su prolongación en la oración y adoración del Señor Sacramentado. Hay aquí una «calidad» de presencia de Cristo que no podemos olvidar, sin detrimento de la fe viva. La Eucaristía que celebramos en la Catedral el pasado domingo para dar gracias por el centenario de la fundación de la UNER nos ayudó a caer en la cuenta de la importancia del Sagrario en nuestras iglesias y, sobre todo, de la presencia de Cristo vivo con nosotros.

Por eso queremos tener presentes en nuestra oración a tantas mujeres que en estos cien años han orado ante el Sagrario en nuestros pueblos y ciudades, por tantos sacerdotes que han creado en sus parroquias y han alentado a las Marías. Igualmente pedimos al Señor por la intercesión de aquel arcipreste de Huelva, el beato Manuel González, que lo que él vivió con tanta intensidad y fidelidad, siga presente en nuestras comunidades parroquiales. ¿A quién, si no, iremos a contar nuestras alegrías o nuestras penas? ¿Quién nos atenderá siempre dispuesto a acoger nuestra oración de petición y de intercesión?

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.