Fe + Caridad = Misión

Mons. Ciriaco BenaventeMons. Ciriaco Benavente      Pienso, a veces, que, en nuestra Iglesia, son los niños quienes gozan de una conciencia misionera más viva. Su participación en los encuentros misioneros diocesanos es admirable en número y entusiasmo. Hay adultos que incluso han asociado el Domund a la cuestación que con tanto encanto realizan los niños, una vez al año, con sus huchas misioneras por calles y plazas.

Pero el Domund es más que eso. Es la fiesta que nos invita a tomar conciencia del encargo misionero de Jesús de anunciar su Evangelio a todos los pueblos. Un mandato confiado a la Iglesia y, por consiguiente, a todos y cada uno de sus miembros. «La Iglesia, decía el Beato Juan Pablo II, es la cuna en que María coloca a Jesús y lo entrega a la adoración y contemplación de todos los pueblos».

El Domund, además, nos ayuda a recordar a los miles de misioneros y misioneras que anuncian el Evangelio y que, día a día, siembran en esta tierra nuestra los gestos más gratuitos de entrega y servicio a los demás. Donde hay un misionero brilla la luz del Evangelio, se vive el servicio amoroso a los hermanos y, como consecuencia, florece la promoción humana. Lo expresa muy bien el lema de este año: Fe + Caridad = Misión. La existencia cristiana –decía Benedicto XVI–  consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de este, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios”. La ecuación Fe + Caridad = Amor, marcada con trazos fuertes en un encerado, y el recuadro con el Papa Francisco besando unos pies que acaba de lavar, son el cartel, bien significativo y elocuente, de esta Jornada.

En el mensaje del Papa Francisco podemos espigar frases que han de interpelarnos. Os cito o alguna para vuestra oración y reflexión: Nos recuerda el Papa que “la fe es un don que no se reserva a unos pocos, sino que debe ser compartido”, que “el anuncio del Evangelio es parte del ser discípulo de Cristo”, que “la fuerza de nuestra fe, a nivel personal y comunitario, se mide por la capacidad de comunicarla”. El Domund, en este Año de la Fe, es también una ocasión propicia para revisar la hondura de la misma y nuestra alegría y coraje para comunicarla.

Estamos asistiendo en nuestro mundo a cambios profundos: Pensemos en la globalización y en lo que ésta conlleva, en la fuerza de los medios de comunicación o en el fenómeno migratorio. Existe también, junto a los conflictos bélicos y la crisis económica o del medio ambiente, la crisis del sentido profundo de la vida y los valores fundamentales que la animan y sostienen. Ante esta situación nos recuerda el Papa que “se vuelve más urgente llevar a estas realidades el Evangelio de Cristo, que es anuncio de esperanza, de reconciliación, de comunión, de cercanía de Dios, de su misericordia y salvación”.

Lamenta el Papa que “a menudo, la obra de la evangelización encuentra obstáculos no sólo fuera, sino dentro de la comunidad eclesial. A veces, el fervor, la alegría, el coraje, la esperanza en anunciar a todos el mensaje de Cristo y ayudar a encontrarlo son débiles; en ocasiones todavía se piensa que llevar la verdad del Evangelio es violentar la libertad”. A esta objeción responde el Santo Padre con las palabras de Pablo VI: “Sería un error imponer cualquier cosa a la conciencia de nuestros hermanos. Pero proponer a esa conciencia la verdad evangélica y la salvación ofrecida por Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto a las opciones libres que luego pueda hacer… es un homenaje a esta libertad (E.N. 80).

Nuestro mundo, que incluso en países de antigua cristiandad, vuelve a ser pagano necesita una luz fuerte que ilumine su camino y que sólo el encuentro con Cristo – así lo creemos- puede darle.

El Papa Francisco, que no cesa de instarnos a salir de nosotros mismos e ir a las periferias, pues eso es la misión, nos recuerda, una vez más que “la Iglesia no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo, que han vivido y viven la maravilla del encuentro con Jesucristo y desean compartir esta experiencia de profunda alegría, compartir el mensaje de salvación que el Señor nos ha dado”.

Antes de terminar, permitidme hacer una llamada a vuestra generosidad. Desde que empezó la crisis económica han bajado significativamente las colectas para misiones. Tenemos muy cerca de nosotros personas muy necesitadas, es verdad, pero nuestra crisis no es comparable con la crisis crónica que se sufre en muchos lugares del mundo. De ello saben mucho nuestros misioneros. Sed, pues, generosos. ¡Muchas gracias!

+ Ciriaco Benavente Mateos

Obispo de Albacete

Mons. Ciriaco Benavente Mateos
Acerca de Mons. Ciriaco Benavente Mateos 200 Articles
Mons. D. Ciriaco Benavente Mateos nació el 3 de enero de 1943 en Malpartida de Plasencia, provincia de Cáceres y diócesis de Plasencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Plasencia y fue ordenado sacerdote el 4 de junio de 1966. Es Graduado Social por la Universidad de Salamanca (1971). Comenzó su ministerio sacerdotal en el pueblo salmantino de Béjar, donde fue coadjutor, de 1966 a 1972, y luego párroco, de 1973 a 1979, de la Parroquia de San Juan Bautista. Desde 1979 a 1982 fue Rector del Seminario de Plasencia y Delegado Diocesano del Clero entre 1982 y 1990. Este último año fue nombrado Vicario General de la diócesis, cargo que desempeñó hasta su nombramiento episcopal. El 22 de marzo de 1992 fue ordenado Obispo en Coria. Obispo de la diócesis de Coria-Cáceres hasta diciembre de 2006. En la Conferencia Episcopal Española ha sido Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones desde 1999 hasta 2005. En la Conferencia Episcopal Española en la actualidad es miembro de las Comisiones Episcopales de Migraciones y de Pastoral Social. Con fecha 16 de octubre de 2006 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Albacete, tomando posesión de la sede el día 16 de diciembre de 2006.