Comunicar la fe con alegría y entusiasmo

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín      El próximo domingo celebramos el DOMUND. Es el último evento eclesial antes de clausurar el Año de la Fe, el próximo 24 de noviembre, solemnidad de Jesucristo Rey. Como ha escrito el Papa Francisco, en el Mensaje para esta Jornada Mundial de las Misiones es una “ocasión importante para fortalecer la amistad con el Señor y nuestro camino como Iglesia que anuncia el Evangelio con valentía”.

Dios nos ama. Él quiere que todos seamos hijos suyos y participemos de su misma vida y felicidad, primero en la tierra y después en la eternidad. Para eso nos creó y para eso se hizo hombre y murió y resucitó. Quienes tenemos el inmenso tesoro de la fe, además de agradecérselo a Dios y vivir según él, hemos de dárselo a conocer a los que nos rodean. Y, si es preciso, llegar al último rincón de la tierra para anunciárselo a cuantos quieran oírlo. Todo el mundo debería poder experimentar la alegría de saberse amados por Dios y el gozo de la salvación.

En este contexto se entiende bien que anunciar el Evangelio no es una opción que podamos asumir u omitir, sino una exigencia inscrita en la entraña misma de nuestra fe y de nuestra pertenencia a la Iglesia. Nadie está dispensado de hacerlo. Ni siquiera las personas que están enfermas, impedidas o inmovilizadas. Santa Teresita del Niño Jesús fue una religiosa carmelita de clausura y es Patrona de las Misiones. Todos podemos ofrecer nuestras oraciones, nuestros sufrimientos y nuestras aportaciones para que el Evangelio sea conocido en todas partes. Los primeros beneficiados de este anuncio somos nosotros y la comunidad cristiana a la que pertenecemos. Porque cuando anunciamos el Evangelio, nuestra fe se hace “adulta” y robusta; mientras que si guardamos la fe para nosotros, nos convertiremos en “cristianos aislados, estériles y enfermos” (Papa Francisco).

Ciertamente, el anuncio del Evangelio no es fácil, porque encuentra obstáculos externos muy fuertes. Pero quizás las mayores dificultades nacen dentro de la misma comunidad eclesial, por su falta de alegría y empuje para anunciar a todos el mensaje de Jesucristo. Sobre todo, cuando estas carencias son fruto de un planteamiento equivocado de la misión, pensando que llevar la verdad del Evangelio es “violentar la libertad”. Pablo VI dio la clave con estas palabras: “Sería un error imponer algo a la conciencia de los hermanos. Pero proponer a esa conciencia la verdad evangélica y la salvación obrada por Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto hacia las opciones libres que luego puedan hacer, es un homenaje a esta libertad” (Evangelii nuntiandi, 80).

Hasta hace pocos años, este anuncio del Evangelio se refería a países muy lejanos del nuestro. Hoy no hace falta salir de Burgos para realizar el primer anuncio de Jesús, pues son no pocos los adultos que no han recibido el Bautismo y son muchos los niños entre 7 y 14 años que no están bautizados. Hago mía la pregunta que hizo el Papa a los jóvenes, en una de las reuniones en la JMJ de Río de Janeiro: “¿Has propuesto a algún amigo tuyo recibir el Bautismo?”

Con todo, nuestro anuncio del Evangelio tiene como destinatarios principales a los que, después de haber recibido el Bautismo, se han alejado de la fe y de la práctica de la Iglesia, y siguen estilos de vida que les alejan cada vez más de Jesucristo. A esos hay que anunciarles nuevamente el Evangelio, dándoles a conocer la cercanía de Dios, su misericordia, la mano de Padre que les tiende. Por todo esto, hago mías las palabras del Papa Francisco, que invita “a los sacerdotes, a los consejos presbiterales y pastorales, a cada persona o grupo de la Iglesia a dar relieve a la dimensión misionera en los programas pastorales y formativos, sintiendo que el propio compromiso apostólico no está completo si no contiene el propósito de dar testimonio de Cristo a las naciones”.

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.