Cuatro segovianos mártires

Segovia Obispo Ángel RubioMons. Ángel Rubio     Este domingo día 13 de octubre se celebra en Tarragona la beatificación de más de quinientos hermanos nuestros en la fe que dieron su vida por amor a Cristo, en diversos lugares de España, durante la persecución religiosa de los años 30 del siglo XX. Desde ahora sus nombres serán inscritos en el Martirologio de la Iglesia y serán objeto de veneración y de culto. Tres obispos, 99 sacerdotes diocesanos, 391 religiosos, seminaristas y laicos, hasta un total de 522 cuatro de los cuales están vinculados con nuestra Diócesis de Segovia.

Sor Martina Vázquez, hija de la Caridad cuyos restos reposan en el camarín de la Virgen del Henar, nació en Cuéllar en 1885. Sirvió en el Hospital y Colegio “Medalla Milagrosa” de Zamora. Viajó a Segorbe donde colaboró en algunas escuelas y puso en marcha el comedor de la Caridad, potenciando la institución “la Gota de leche”. Fue fusilada en octubre de 1936 en Castellón.

Fray Alberto Vicente fue fusilado a la edad de 20 años, en un viaje a Cuéllar viniendo del Convento del Carmen de Onda (Castellón). En la entrada del cementerio de Carabanchel una lápida recuerda el fusilamiento de Vicente junto a los otros siete carmelitas. Sus restos fueron trasladados al claustro del Santuario del Henar en 1950.

El tercer mártir vinculado con Segovia lleva por nombre Fray Manuel de la Sagrada Familia. Monje jerónimo, también martirizado en Paracuellos el 7 de noviembre de 1936. Había nacido en Sotodosos (Guadalajara) el 31 de diciembre de 1887. Desempeño los trabajos de factor ferroviario en diversos lugares de España, hasta llegar a Madrid donde su vida y su palabra sirvieron de testimonio cristiano entre sus compañeros. Su intimidad con el Señor y el trato con las monjas Jerónimos le llevan a hacer el propósito de consagrase a Dios y restaurar la Orden de San Jerónimo en el Monasterio de Santa María del Parral en Segovia, propósito que realizó en 1925 en compañía de seis hombres abnegados. Aquí se preparó y formó para ser ordenado presbítero el 22 de diciembre de 1928. Dos años después realizó su profesión monástica solemne. Aquí trabajo lo indecible para rehabilitar el edificio monacal y hacerlo mínimamente habitable. En 1936 estando en Madrid por enfermedad fue apresado por odio a la fe y trasladado a la cárcel Modelo de donde fue sacado entre los días 6 y 8 de noviembre del mismo año para ser asesinado. Sus restos descansan en una fosa común en el cementerio de mártires de Paracuellos del Jarama.

El cuarto segoviano que por el testimonio de su vida y la heroicidad de su martirio le hace acreedor de su beatificación es Saturnino Sanz Sanz, nacido en Riaza el 9 de abril de 1879. Hermano de las Escuelas Cristianas “La Sallé” se le conoce con el nombre religioso de Hermano Pablo de la Cruz. Pertenecía a la comunidad y centro La Sallé del “Asilo del Sagrado Corazón de Jesús” de Madrid. Tenía 57 años, 32 de vida religiosa y 29 de profesión perpetua, cuando fue asesinado junto con cinco hermanos más de la comunidad en Paracuellos del Jarama el 30 de noviembre de 1936.

Alguien puede preguntarse ¿por qué son beatificados estas personas y no otras? La respuesta es muy sencilla: serán beatificados como víctimas de una persecución religiosa y por considerar que la violencia sistemática ejercida contra las personas miembros de la Iglesia católica lo fue por esa condición. Los mataron “por odio a la fe” por el solo hecho de ser católicos, ya fueran religiosos o laicos, y porque no quisieron apostatar de su fe para salvar la vida. En una contienda o en una revuelta mueren muchas personas pero no todas fallecen por razón de su creencia religiosa. Ahí está la diferencia.

Los obispo españoles hemos ofrecido un mensaje en esta hora de gracia. La Beatificación del Año de la fe es una ocasión de gracia, de bendición y de paz para la Iglesia y para toda la sociedad. Vemos a los mártires como modelos de fe y, por tanto, de amor y de perdón. Son nuestros intercesores, para que pastores, consagrados y fieles laicos recibamos la luz y la fortaleza necesarias para vivir y anunciar con valentía y humildad el misterio del Evangelio (cf. Ef. 6, 19), en el que se revela el designio divino de misericordia y de salvación, así como la verdad de la fraternidad entre los hombres. Ellos han de ayudarnos a profesar con integridad y valor la fe de Cristo.

Los mártires murieron perdonando. Por eso, son mártires de Cristo, que en la Cruz perdonó a sus perseguidores. Celebrando su memoria y acogiéndose a su intercesión, la Iglesia desea ser sembradora de humanidad y reconciliación en una sociedad azotada por la crisis religiosa, moral, social y económica, en la que crecen las tensiones y los enfrentamientos. Los mártires invitan a la conversión, es decir, “a apartarse de los ídolos de la ambición egoísta y de la codicia que corrompen la vida de las personas y de los pueblos, y a acercarse a la libertad espiritual que permite querer el bien común y la justicia, aun a costa de su aparente inutilidad material inmediata”. No hay mayor libertad espiritual que la de quien perdona a los que le quitan la vida. Es una libertad que brota de la esperanza de la Gloria.

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Articles
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.