La parroquia y la transmisión de la fe (4ª parte)

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas     Nosotros, las parroquias, ofrecemos la persona de Jesús, el Cristo.

Con frecuencia la gente identifica la fe, el hecho de ser creyente, e incluso la vida cristiana, tan solo con unas enseñanzas, con unas verdades que debemos creer, con unos actos religiosos que se han de cumplir. Si escuchamos comentarios en relación a la fe cristiana con frecuencia nos damos cuenta que Jesús no es su centro. Se habla de verdades, de actos de culto, de normas morales, de la Iglesia –sobre todo de sus defectos, del papa, de los obispos, sacerdotes, religiosos… y muy poco de Jesús. Y esto es convertir el cristianismo en  una visión y práctica religiosa; o es descristianizar el cristianismo o la fe cristiana. Debemos recuperar la centralidad, la persona de Cristo. 

Nosotros, en primera instancia y principalmente, ofrecemos una persona, Jesús –el Cristo- que ha vivido, muerto y resucitado por nosotros, y que sigue con nosotros gracias a su Espíritu y a la comunidad que  es la Iglesia y su misión. 

Las personas, los niños y los jóvenes —en la catequesis, en los centros de tiempo libre, en el escultismo, en Caritas, en la liturgia… — es Cristo a quien han de descubrir, admirar, amar, acoger, confiar en Él, y a quien necesitan encontrar y con quien hablar para vivir. Es por medio de la persona de Cristo como podemos sentirnos amados y ayudados. Debemos confiar en Él, darle la propia vida y jugárnoslo todo. Pero ello no puede hacerse por unas frías verdades, ni por unas ideas, ni por un sistema moral. 

Asusta que los niños –y con frecuencia los mayores- interpreten que el centro lo constituyen las enseñanzas, la forma de actuar, las tradiciones, el hecho de acudir a la parroquia, de participar en algunas celebraciones, de comulgar, de no ser una mala persona… y no, Jesucristo. 

Hoy, como siempre, es necesaria una labor importante: principalmente, cristianizar nuestra fe, ayudar a situar a Cristo en el centro. Sin este centro, puede que haya práctica religiosa o actos religiosos, pero no vida según Cristo, vida cristiana. 

Centrémonos en Jesús y centremos también en Él todas nuestras actividades. 

Lo ideal es que, tras unos años de catequesis, de relación con las actividades parroquiales, de participar en las celebraciones, a la pregunta sobre que es ser cristiano —seas niño, joven o adulto—, respondas con convicción: “Dejar que Jesús sea el centro de mi vida y confiar del todo en Él para vivir”. 

Nuestra oferta es la Buena Noticia de la Salvación 

Me parece que una de las causas de nuestro “ir haciendo” en la vida cristiana, sin grandes entusiasmos y con una cierta desgana,  es creer que somos “buena gente” y que la vida ya nos la arreglamos nosotros mismos. 

Puede que sea cierto lo de “buena gente” y que debamos dar gracias, pero dado que ya somos buenos, ¿para qué necesitamos a Jesucristo? Será a modo de decoración, pero no alcanza la raíz de la vida y la profundidad del corazón. En realidad no necesitamos ser salvados porque pensamos que no nos es necesario. Y por tanto, la salvación será una palabra, puede que pensar en el más allá  de la muerte, pero no una experiencia vital, aquí y ahora. 

Una pregunta muy importante que un día u otro es bueno formularse: a mi, ¿de qué me salva Jesucristo? Deberemos descubrirlo de forma personal y sincera. 

Ahora bien, si nuestro listón sólo sirve para ser buena persona, no causar mucho daño o no causarlo en absoluto, llevar una vida ordenada, puede que lleguemos a la conclusión que ya nos lo podemos hacer, aunque no sea cierto. Pero si nuestro listón es vivir con los sentimientos, actitudes y estilo de vida de Jesús, entonces ya nos damos cuenta de que solos no podemos. 

¿Qué necesita la gente y que puede pedir a la comunidad cristiana? 

Y cuando escribo “la gente”, me refiero a todos. La gente en el fondo necesita ayuda para vivir la vida cotidiana con su parte de sufrimiento, de rutina, de dificultades para amar y ser amado… La gente desea reencontrar el verdadero sentido de Dios, de la trascendencia, el bien, la belleza, el amor. La gente quiere hallar el sentido de la vida —marcada por la muerte y las pequeñas muertes—, alguien que le ame del todo y para siempre, el perdón, la fuerza para vivir. La gente quiere vivir los valores que, según intuye, humanizan la vida. Dar respuesta a estas necesidades es precisamente la obra de Jesús, que es nuestra oferta de salvación: “Yo he venido para que tengan vida en abundancia”. 

Ayudar a creer es ayudar a vivir. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 403 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.