El Papa Francisco llama a una gran renovación

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín      Los medios de comunicación de todo el mundo y de todas las tendencias se han hecho eco estos días de dos grandes entrevistas concedidas por el Papa Francisco a la revista La Civiltà Católica y al diario italiano La Republica. En ellas descubre las líneas clave de su Pontificado y el proyecto de reforma que tiene en la cabeza. Todos los católicos, más aún, todos los hombres de buena voluntad, sea cual sean sus creencias religiosas, harían bien si las leyeran, pues encontrarían luces de fondo para comprender al Papa que ahora preside en la caridad a la Iglesia católica y por dónde puede caminar ésta en el futuro inmediato.

El pensamiento del Papa va en la línea de una gran reforma interior de la Iglesia a todos los niveles, desde la Santa Sede hasta el más sencillo cristiano. No obstante, pienso que no entenderíamos al Papa si pensáramos que sus palabras van destinadas a quienes vivimos dentro de los muros de la Iglesia. La orientación “laica” del periódico La Republica y el carácter ateo de su director -que es quien le ha entrevistado-, son todo un símbolo y un ejemplo práctico de que el Papa quiere hablar con todo tipo de personas, sean cuales sean sus creencias e ideas. Pues “hay que conocerse, escucharse y hacer crecer el conocimiento del mundo que nos rodea”. Es algo que viene repitiendo con hechos y palabras desde los primeros compases de su pontificado. ¿Quién no le ha oído decir que “es preciso salir a las periferias de la existencia” y que hay que “romper el círculo del propio grupo, de la propia parroquia, del propio movimiento” y abrirse a todos?

En este contexto no puede extrañar que en la entrevista del periódico diga con toda claridad: “Cuando me topo con un clerical, me vuelvo de repente anticlerical. El clericalismo no debería tener nada que ver con el cristianismo. San Pablo fue el primero que habló con los paganos, los gentiles, con los no creyentes de otras religiones, y fue el primero en enseñárnoslo”.

Esta mirada universal supone poner en práctica lo que enseñó el Vaticano II, que decidió mirar al futuro con espíritu positivo y abrir las puertas al ecumenismo y al diálogo con los no creyentes. El Papa no duda en reconocer que “después del Concilio se hizo poco en esa dirección”. Pero no quiere conformarse: “Yo tengo la humildad y la ambición de querer hacerlo”. Pienso que no podemos dejarle solo, sino acompañarle con alegría y decisión. ¿No nos dijo Jesús “id al mundo entero y anunciad la buena nueva” de la salvación a todos los hombres?

¿Qué Iglesia desea el Papa Francisco? Lo señala con toda claridad al diario: “La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del pueblo de Dios. Los presbíteros, los párrocos, los obispos están al servicio del pueblo de Dios”. También la que llamamos “Santa Sede”, que –son sus palabras- “tiene una función importante, pero está al servicio de la Iglesia”.

Todo esto será un sueño y una quimera si olvidamos lo que el Papa Francisco ha repetido con más insistencia: si no somos profundamente creyentes, si no nos encontramos personalmente con Jesucristo, de modo que Él sea el motor de nuestra vida, de nuestras obras y de nuestras palabras. El pasado 27 de octubre se lo decía a los participantes en el Congreso Internacional de Catequistas en Roma: “No se trata de ‘dar’ catequesis sino de ‘ser’ catequista”. Y “ser catequista” –añadía- es “ser testigo de la fe”. Tarea que implica “tener familiaridad con Jesús”, “permanecer unidos a Él, estar en su presencia, dejarnos mirar por Él”.

A nadie se le oculta que todo esto lleva consigo una profunda revisión personal y pastoral, un cambio de mentalidad y de actitud, una conversión del corazón y de la vida. ¡Fascinante programa para un futuro esperanzador!

+Francisco Gil Hellín,

Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.