“MISIÓN−MADRID” en el curso pastoral 2013-2014: Servir y testimoniar a Jesucristo en la familia, en la escuela y en la vecindad

Antonio Mª Rouco VarelaMons. Antonio Mª Rouco Varela    Mis queridos hermanos y amigos:

El viernes pasado celebramos en la Catedral de Nuestra Señora de “La Almudena” la Eucaristía con la que iniciábamos el curso pastoral 2013-2014: el segundo de la “Misión Madrid”. Fue una celebración, a la vez, solemne y entrañable. No era posible desde la memoria del corazón, sobre todo en el rito penitencial, no recordar nuestra peregrinación a Fátima en los mismos días del pasado septiembre. No, no eran mínimamente creíbles un propósito, un proyecto y una iniciativa pastoral, de raíz auténticamente apostólica si no venía inspirada por una conversión interior de las personas y de la propia comunidad diocesana, fruto de un renovado encuentro con el amor misericordioso de Jesucristo Crucificado, como se había querido hacer especialmente patente en aquellas conmovedoras apariciones de su Santísima Madre a tres sencillos niños de Fátima, una aldea perdida en el centro geográfico del Portugal profundo de 1917. La Virgen había elegido el día 13 de cada uno de los meses que van desde mayo hasta octubre (con la excepción del mes de agosto)  para confiarles un mensaje a un mundo venido y construído desde la Modernidad y para la Modernidad; pero que se hallaba sumido en un espantoso conflicto bélico, con el epicentro en Europa, y cuyo radio de propagación y efectos destructivos de pueblos, familias y personas ya comenzaba a no conocer fronteras.

El primer sí de la fe presupone en su más honda intimidad el Sí a Jesucristo, el sí al Evangelio que es Jesucristo. Cuando el sí de la fe, que a través del camino catequético, sacramental y eclesial lleva de por sí a la persona a la vivencia de la esperanza cierta y a la búsqueda de la perfección de la caridad −¡a la santidad!−, se debilita en su contenido o se obstaculiza gravemente por la pérdida de la esperanza y la negación del amor a Dios y al prójimo, termina por diluirse y perderse a sí mismo. Es entonces cuando la urgencia de la conversión se hace perentoria para el pecador y el procurarla −tarea esencial siempre para la Iglesia− deviene apremiante. La pregunta resulta inesquivable al iniciar el nuevo curso pastoral de la Misión-Madrid: “¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo?”. ¿Qué hemos hecho por Cristo en el pasado curso de “la Misión-Madrid”? ¿Qué estamos dispuestos a hacer ahora al iniciar su segunda etapa? ¿Darlo a conocer en toda su verdad −Él dijo de sí mismo: “yo soy el camino, la verdad y la vida”−, con nuestra palabra y nuestras obras e invitar a todos nuestros conciudadanos a participar de su vida en el seno materno de su Iglesia, de la que es Madre María, su Madre? Nuestro Santo Padre Francisco confiesa que su oración diaria está centrada espiritualmente en esa pregunta clave, que acabamos de recordar y que brota del nervio teológico y existencial de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Sí, pregunta incisiva para comprender y poder vivir cristianamente la existencia humana: la personal y la comunitaria; en la Iglesia y en el mundo. Y, el Papa Benedicto XVI en su mensaje a los jóvenes para la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud 2013 en Río de Janeiro, les decía: “Quien no da a Dios, da muy poco”. Podríamos concretar su frase aún más: ¡Quien no da a Jesucristo, da muy poco! Porque el que da a Aquél, a quien Dios ha enviado para la salvación del hombre, a nuestro Señor Jesucristo, ha dado lo más valioso que se puede ofrecer a cada hombre y a toda la familia humana: el perdón y la gracia de Dios, la verdadera vida ¡la vida eterna! y la posibilidad real de encontrar el camino para obtener y repartir sin reservas la paz, el pan y el trabajo entre los hombres sin discriminación alguna y, sobre todo, para aprender y practicar el reconocimiento incondicional de la dignidad inviolable de toda persona humana desde que es concebida en el vientre de su madre hasta su muerte natural. El Papa Francisco habla reiteradamente de “los niños no deseados” y de “los ancianos desechados”, que reclaman angustiosamente ese reconocimiento, y de los jóvenes olvidados y maltratados no pocas veces por las sociedades y las políticas que no saben cuidar de su formación, que no aciertan a despejar el acceso a la profesión y se despreocupan de su tiempo libre. No puede, pues, extrañar que los grandes retos evangelizadores a los que nos enfrentamos en este nuevo curso pastoral de “la Misión-Madrid” sean los niños y los jóvenes en el ámbito de los colegios y de las instituciones educativas y la parroquia, que ha de abrirse  decididamente a las casas de sus hijos y de sus hijas: ¡a “la Misión”!

El Colegio −la Escuela− es para el niño y el adolescente un ámbito de vida decisivo para la formación integral de su personalidad donde, además, se juega el futuro de la posibilidad de su incorporación responsable y creativa a la vida social en todas sus vertientes: la económica, la cultural, la política, etc. De la comunidad educativa, junto con la familia, depende, en una gran medida, como vaya a labrarse su destino temporal y eterno. En la escuela y en el día a día familiar transcurren los períodos y los aspectos de la maduración humana y religiosa de las nuevas generaciones más íntimamente relacionados con la profesión de la fe en el mundo personal de las ideas y en la configuración de los hábitos más significativos de una conducta digna del hombre creado y redimido por Dios para ser su imagen e hijo. Anunciar en el ámbito escolar a Jesucristo, es decir, ser testigo de “la luz de la fe” en la escuela, es siempre una grave responsabilidad de los hijos e hijas de la Iglesia; hoy, además, una responsabilidad que urge extraordinariamente. Creer, ser creyente en muchos de los ambientes escolares, que caracterizan la vida de no pocas comunidades educativas, es arduo y difícil y, más, si se piensa a la luz de la fe y se la propone abiertamente. El testimonio y el servicio a la verdad exige en el mundo de la educación, no pocas veces, comportamientos muy valientes, cuando no heroicos. Para que sea viable y fructuosa “la Misión” en las Escuelas y Colegios de nuestra Diócesis, incluso en los Colegios de titularidad católica, la cooperación de las familias y de los profesores y educadores cristianos será en todo caso no solo muy valiosa sino que también, en no pocas situaciones, imprescindible.

El otro reto evangelizador, que nos espera, lo representa la necesidad de la apertura a la misión de nuestras Parroquias y Comunidades parroquiales: ¡organizarse y, sobre todo, vivir como Parroquia misionera es el imperativo de la hora de Dios hoy! Ir a las casas, hogares y viviendas de sus feligreses, en primer lugar y, luego, abrir sus puertas a todos los que pasen y transiten a nuestro lado, buscando o no buscando ayuda material y/o espiritual, es indispensable para el fruto evangelizador de “la Misión-Madrid”. Juan Pablo II, en la Exhortación Postsinodal “Christifideles Laici” definía la parroquia, como la “Iglesia entre las casas de sus hijos y de sus hijas”. Una parroquia misionera lo será de verdad, primero, cuando haga presente a la Iglesia entre las casas y las familias de su territorio parroquial: presente de tal manera, que cuando alguien, cercano o lejano, cruce el umbral de su puerta −del Templo, de los despachos, locales y viviendas parroquiales− se encuentre más pronto o más tarde con el testimonio veraz y efectivo de la presencia y del amor de Jesucristo Crucificado. Y, segundo, cuando guiada por sus pastores, los sacerdotes, tome la iniciativa y visite a sus vecinos feligreses en sus propios domicilios, sean o no creyentes y practicantes, ofreciéndoles la palabra, el gesto y la ayuda cercana y fraterna de los hijos de Dios e invitándoles con corazón sincero a conocer y compartir los dones de Dios y el amor fraterno que se encuentran en la comunidad cristiana, sobre todo, en la Parroquia. No se trata de absorber o de importunar a las familias y de imponer la realidad comunitaria de los cristianos a la realidad social de los ciudadanos, sino de servirles a la luz y desde la fuerza del Corazón de Cristo. La Iglesia sale de sí misma y se hace “misionera” de forma realista y eficaz, visitando amable y servicialmente las casas de los vecinos de la Parroquia, franqueando sus puertas, en primer lugar las de las Iglesias parroquiales, que guardan el Santísimo Sacramento en el Sagrario, a todos. Así se llega con toda certeza a esas  variadas y complejas periferias existenciales, a las que alude con tanta frecuencia nuestro Santo Padre Francisco: las de las existencias arruinadas por las crisis económicas, familiares y espirituales, las de los pobres anónimos y desconocidos y las de todos los que buscan la paz del alma en la gracia de Dios: ¡los sedientos de su verdad y de su vida!

Se nos presentan, pues, para el curso pastoral que acabamos de inaugurar, exigentes y bellísimas perspectivas para seguir correspondiendo a tantas gracias recibidas personalmente en nuestro trabajo apostólico y en nuestra labor pastoral el curso pasado, sin olvidar las muchas recibidas a lo largo de todo el recorrido vocacional de nuestras propias vidas y en el curso de la reciente historia pastoral de nuestra Diócesis. La forma de la correspondencia no puede ser otra que la entrega incondicional al Señor. ¡Cuánto le debemos a Aquél que nos ha abierto en el Sacramento del Bautismo la puerta de la gracia santificante que nos salva! ¡Cuánto los que hemos recibido la llamada para el sacerdocio o para la vida consagrada! ¡Cuántos los que han sentido y vivido la vocación de seglar en la Iglesia con conciencia apostólica! ¡Amor de predilección! Comprometámonos, pues, a fondo con la “Misión-Madrid” en el presente curso pastoral sin reservarnos nada para nuestras propias y particulares conveniencias: tiempo, fuerzas físicas y espirituales. Que no nos falle el entusiasmo perseverante del corazón. Y, sobre todo, seamos constantes en la oración. A nuestras Comunidades de Vida Contemplativa les pedimos que nos acompañen y alienten con la suya. A la Virgen María, Madre del Señor, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, Nuestra Señora de “La Almudena”, encomendamos nuestros propósitos, “nuestro entendimiento” y “toda nuestra voluntad” para que nos valga con su intercesión ante su Hijo y nos sostenga y entusiasme en este hermoso y apasionante empeño misionero que nos espera en este curso pastoral que acabamos de inaugurar.

Con todo afecto y con mi bendición,

+ Antonio Mª Rouco  Varela

Cardenal-Arzobispo de Madrid

Mons. Antonio Mª Rouco Varela
Acerca de Mons. Antonio Mª Rouco Varela 68 Articles
Nació el 20 de Agosto de 1936 en Villalba (Lugo). Estudios en Latín, Humanidades y Filosofía en el Seminario de Mondoñedo 1946-1947 a 1953-1954. Estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca 1954-55 a 1957-58, donde obtiene la Licenciatura en esa disciplina en Junio de 1958. Se ordena Sacerdote el 28 de Marzo de 1959, en la Catedral Vieja de Salamanca, y el día 1 de Abril celebra su Primera Misa en la iglesia parroquial de Santa María de Villalba. Estudios de Derecho y Teología en la Universidad de Munich, cursos 1959-60 a 1963-64, donde se doctora en Derecho Canónico el 25 de Julio de 1964, con la tesis: “Iglesia y Estado en la España del siglo XVI”. Profesor en el Seminario de Mondoñedo los cursos 1964-65 y 1965-66, de Teología Fundamental y Derecho Canónico. Profesor Adjunto en el Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich de 1966 a 1969. Profesor de Derecho Público Eclesiástico en la Universidad Pontificia de Salamanca de 1969 a 1971 y Catedrático de Derecho Canónico Fundamental en la misma Universidad en 1971 y Vicerrector de la misma Universidad en 1972. Cargos que desempeña hasta su nombramiento de Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela en Septiembre de 1976. “Perito” del Concilio Pastoral de Galicia desde la fase preparatoria del mismo 1974. Consagrado Obispo, con el Titulo de Gergi, el 31 de Octubre de 1976. En los años de estudio y trabajo científico en la Universidad de Munich estuvo adscrito a las parroquias de San Rafael y San Ansgar de esa ciudad, y en Salamanca fue Consiliario de Acción Católica Nacional de Propagandistas. Ha publicado Libros y numerosos trabajos científicos en Revistas Españolas y extranjeras de su especialidad sobre temas relativos a la fundamentación teológica del Derecho Canónico y a los problemas de las relaciones Iglesia Estado. Es miembro de la Asociación Internacional de Derecho Canónico y de la Asociación Española de Canonistas. Ha sido ponente en la Semana Española de Derecho Canónico y en Congresos Internacionales de la misma materia. Perteneció al Círculo Ecuménico de Canonistas de Heidelberg y al Comité Cristiano Interconfesional de Madrid. Fue Consultor de la Sagrada Congregación para el Clero desde 1973. En la Conferencia Episcopal Española fue Presidente de la Junta de Asesores Jurídicos y Miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, durante tres trienios 1981-1989. Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española desde 1984. Arzobispo de Santiago de Compostela 18 de mayo de 1984 (Bula de 9 de mayo de 1984). Posesión 30 de junio de 1984. Le impone el Sagrado Palio el Nuncio Apostólico Mons. Antonio Innocenti el 25 de julio de 1984 en la Catedral de Santiago en el Pontifical del Apóstol. Responsable de la IV Jornada Mundial de la Juventud, 19-20 de Agosto de 1989 en Santiago de Compostela) Nombrado Hijo adoptivo y Medalla de Oro al Mérito Ciudadano de la ciudad de Santiago de Compostela. Santiago de Compostela, 26 de julio de 1990. Elegido Presidente de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades en Febrero de 1990. Miembro del Sínodo de los Obispos Octubre 1993: sobre la formación de los Sacerdotes. Participante en los Simposios de Obispos Europeos de 1985-1989. Miembro del Comité Ejecutivo de la CEE – 1993. Nombrado por el Santo Padre, con fecha 27 de Junio de 1994, miembro de la Congregación para la Educación Católica. Nombrado por el Santo Padre, el 28 de Julio de 1994, Arzobispo de Madrid. Nombrado “Socio de Honor” de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Madrid, 22 de octubre de 1994. Recibió en Palio como Arzobispo Metropolitano de Madrid el 29 de Junio de 1995. Recibió el “Baylio Gran Cruz de Justicia” de la S.O.M. Constantiniana de San Jorge. Madrid, 17 de Octubre de 1995. Nombrado “Magnum Cancellarium” de la Facultad de Teología San Dámaso por el Santo Padre, el 19 de septiembre de 1996. Nombrado Cardenal de la Santa Iglesia con el título de San Lorenzo in Damaso, por SS. Juan Pablo II, en el Consistorio del 21 de febrero de 1998. Nombrado miembro de la Congregación para la Educación Católica, por S.S. Juan Pablo II, el 25 de febrero de 1998. Nombrado miembro de la Congregación del Clero, por S.S. Juan Pablo II, 25 de febrero de 1998. Premio “Madrigallego de Oro” de 1998. Madrid, 28 de mayo de 1998. Galardonado con la “Medalla de Oro de Galicia 1998”, por la Xunta de Galicia. Santiago de Compostela, 25 de julio de 1998. Nombrado miembro del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos, por S.S. Juan Pablo II, 17 de octubre de 1998. Nombrado miembro de la Congregación para los Obispos por un quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, el 19 de octubre de 1998. Nombrado miembro del Pontificio Consejo de Cultura, por S.S. Juan Pablo II, el 19 de octubre de 1998. Insignia de Oro, por la Asociación de Médicos Gallegos: ASOMEGA. Madrid, 24 de Noviembre de 1998. Nombrado miembro de Honor del Foro Iberoamericano de la Fundación Carlos III. Madrid 23 de octubre de 1998. Elegido Académico Numerario de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Madrid, 1 de diciembre de 1998. Ingreso con el discurso: “Los fundamentos de los Derechos Humanos: una cuestión urgente”, en Madrid, 29 de mayo de 2001. Elegido Presidente de la Conferencia Episcopal para el trienio 1999-2002. Madrid, 2 de marzo de 1999. Nombrado Enviado Especial del Papa, para el Congreso Eucarístico Nacional del 26/29 de mayo de 1999 en Santiago de Compostela (26 de marzo de 1999). Elegido “Gallego del año”, por El Correo Gallego. Santiago de Compostela, 29 de octubre de 1999. Nombrado Relator General del Sínodo de Obispos para Europa (octubre de 1999), por S.S. Juan Pablo II. Nombrado “Gallego del Año 2000”, por el Círculo de Periodistas Gallegos en Madrid. Madrid, 23 de junio de 2000. Nombrado miembro del Pontificio Consejo “Cor Unum”, por S.S. Juan Pablo II, el 20 de septiembre de 2000. Participante en la X Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos 30 septiembre /27 octubre de 2001. Recibió el XV Grelo de Ouro, de la Fundación O Grelo – ‘Amigos de Galicia’. Villalba (Galicia), 10 de noviembre de 2001. Recibió el Percebe de Oro, de la Enxebre Xuntanza do Percebe. Barcelona, 22 de febrero de 2002. Reelegido Presidente de la Conferencia Episcopal para el trienio 2002-2005. Madrid, 26 de febrero de 2002. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. 17 de enero de 2003. Recibió la Insignia de Oro de los Amigos del Camino Portugués a Santiago. Pontevedra. 11 de agosto de 2003. Recibió la Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica, concedida por S.M. el Rey. Madrid, 13 de julio de 2003. Recibió la Insignia de Oro 2002 de la Asociación Amigos do Camiño Portugués a Santiago. Pontevedra, 11 de agosto de 2003. Reelegido miembro de la Congregación para los Obispos por un nuevo quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, el 10 de noviembre de 2003. Reelegido como miembro del Pontificio Consejo de Cultura, por S.S. Juan Pablo II, el 30 de diciembre de 2003, para un nuevo quinquenio. Nombrado miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, por S.S. Juan Pablo II, el 30 de marzo de 2004, para un quinquenio. Recibió el Premio “Vieira de Plata”, en su categoría de GALLEGO UNIVERSAL, en su XV edición. Madrid, 17 de mayo de 2004. Nombrado Enviado Pontificio para presidir las ceremonias de conclusión de la Peregrinación de Jóvenes a Santiago de Compostela del 7 y 8 de agosto de 2004. Roma, 19 de junio de 2004. Nombrado Académico de Honor de la Academia de la Hispanidad, por el Capítulo de Nobles Caballeros de la Reina Isabel La Católica. Ávila, 9 de marzo de 2004. Nombrado Caballero de Honor por el Capítulo de la Orden Militar de los Nobles Caballeros de la Reina Isabel La Católica. Madrid, 1 septiembre de 2004. Nombrado miembro del Consejo Pontificio para la Interpretación de los Textos Legislativos para un nuevo quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, 21 de octubre de 2004. Nombrado miembro del Consejo de Cardenales para el estudio de los problemas organizativos y económicos de la Santa Sede para un quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, 29 de noviembre de 2004. Nombrado miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede para un quinquenio, por S.S. Juan Pablo II, 6 de marzo de 2005. Participante en la XI Asamblea Ordinaria General del Sínodo de Obispos 1/24 octubre de 2005. Recibió la Medalla de Oro de la Universidad Pontificia de Salamanca. Madrid, 10 de marzo de 2006. Designado como Legado Pontificio para presidir los actos conmemorativos del V Centenario del Nacimiento de San Francisco Javier, que tendrán lugar en el Santuario de Javier (Navarra) el día 7 de abril de 2006. Roma, 27 de febrero de 2006. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad FASTA (“Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino”). Mar del Plata (Argentina) 20 de abril de 2006. Nombrado miembro de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas de Buenos Aires. Buenos Aires (Argentina), 2 de febrero de 2006. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de San Pablo-CEU. Madrid 16 de junio de 2006. Nombrado miembro del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, por S.S. Benedicto XVI, 7 de octubre de 2006. Elegido Miembro de Número de la Sección Primera de Teología de la Real Academia de Doctores de España. Madrid, 8 de noviembre de 2006. Nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Burgos. Burgos, 17 de septiembre 1999. Reelegido miembro del Pontificio Consejo “Cor Unum” para un quinquenio, por S.S. Benedicto XVI, el 24 de abril de 2007.