Mons. del Río: "Un obispo debe brillar no por su poder sino por la humildad de corazón"

Juan del RíoSIC.- Mons. Juan del Río Martín, Arzobispo castrense y  miembro del Comité ejecutivo de la CEE es además experto en San Juan de Ávila, figura en la que centró su tesis doctoral.

En esta primera parte de la entrevista concedida a Agencia SIC, Mons. del Río desgrana las peculiaridades del Arzobispado castrense del que es prelado, su impresión sobre el nuevo Papa y la importancia de la comunicación en el panorama social y eclesial.

P.- Usted fue ordenado Obispo en el año 2000 y, tras ocho años en la sede de Jerez, fue nombrado Arzobispo castrense. Un cambio notable, ¿cómo resumiría sus años de servicio episcopal a la Iglesia?

R.-  Esta siendo un periodo muy intenso  de mi vida  personal y sacerdotal. El ser llamado al Episcopado exige una identificación diaria con Cristo Buen Pastor. De tal manera que las acciones pastorales reflejen al máximo los sentimientos de Cristo hacia la grey encomendada.  Un obispo debe brillar no por su poder, sino por la humildad de corazón. Sin esta virtud básica, la cercanía hacia la gente se convierte en algo formal, la enseñanza en apologética barata y las acciones litúrgicas en meras funciones que no llegan al corazón.

Cada vez estoy más convencido que los caminos de la evangelización en una sociedad descreída pasan por la sencillez, mansedumbre, alegría, acogida, paciencia y, siempre, el respeto a la vida del otro. ¡La fe no se impone, sino es una oferta gratuita de salvación!

P.- El arzobispado castrense es quizás uno de los menos conocidos de nuestro país ¿Cómo se articula el Arzobispado castrense? 

R.- Es cierto que el Arzobispado Castrense es el gran desconocido dentro de la  misma Iglesia en España. Las razones son muchas: unos por prejuicios hacia el tema militar, otros porque no valoran o desconocen la ordenación canónica que la asimila a cualquier diócesis y también, porque la imagen pública que se da es muy reducida; únicamente somos noticia cuando hay atentados o muertes de soldados en misiones internacionales.  Sin embargo, ésta es una Iglesia particular como otras en el territorio español lleva tres siglos y medio de existencia. Su configuración se recoge en el Código de Derecho Canónico, en la Constitución Apostólica de Juan Pablo II “Spirituali militum curae”, (1986)  y los estatutos propios emanados de la Santa Sede. Como cualquier diócesis, el arzobispo goza de los mismos organismos que los obispos diocesanos, tiene su curia, los diversos consejos, seminario, instituciones de caridad y apostolado, y catedral propia.

P.- En este sentido, ¿cómo se realiza el trabajo pastoral en una jurisdicción no territorial como la castrense?

R.- Hoy con la movilidad social no debería sobrevalorarse el aspecto jurídico territorial. La acción pastoral no la determina tanto los territorios como las personas a las que nos debemos. La jurisdicción castrense no está exenta de territorios, porque a ella pertenecen todos los cuarteles, centros y demás instituciones de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Pero lo verdaderamente importante es la atención a nuestros militares por sus “peculiares formas de vida”, que exigen una presencia de la Iglesia en tiempo de paz y de conflicto que esté marcada por el contacto personal, la creatividad, y la itinerancia misionera. ¡Los Capellanes Castrenses tienen como misión realizar un ministerio de paz entre las armas!

P.- El arzobispado castrense se unió, junto a las demás diócesis españolas, a la jornada de ayuno y oración por la paz en Siria del pasado 7 de septiembre. En una archidiócesis especialmente implicada como la suya ¿cómo se vivió esa jornada por la paz?

R.- En el momento que conocimos la convocatoria se envió un comunicado a todas las unidades, cuarteles, centros, academias y demás instituciones castrenses para que, en ese día o en jornadas próximas, en todas las capillas, parroquias y en la misma catedral se celebrara la Vigilia de oración por la paz. Se elaboró un guión litúrgico y se pidió a los Capellanes Castrenses que lo adaptasen según las realidades de cada lugar. Además se realizó una colecta a favor de los cristianos perseguidos en Siria. Hay que resaltar que también en las capillas de las bases de Afganistán y el Líbano hubo actos religiosos por esta intención.

P.- El Papa Francisco ha provocado una ola de reacciones, generalmente positivas, en sectores culturales y de opinión incluso, tradicionalmente,  poco afines a la Iglesia Católica. Más allá de las percepciones más o menos generales ¿Cómo definiría al nuevo papa?

R.- Es ante todo un regalo del Señor a su Iglesia en estos momentos. Estamos ante un hombre de Dios, pastor y director de almas. Tiene el don de la comunicación, de la naturalidad que hoy entusiasma a creyentes y no creyentes.

En pocos meses ha cambiado el rostro mediático de Iglesia Católica. Como buen jesuita es persona de discernimiento y determinación y eso va repercutir en la manera de gobernar y reformar. Su estilo de predicación es cálido, directo y lleno de unción espiritual, por eso mismo se le entiende todo y no necesita “exegetas interesados” de un lado o de otro.

P.- Usted fue presidente y ahora es miembro de  la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación social de la Conferencia Episcopal Española ¿Hay un verdadero interés de los pastores de la Iglesia por los medios de comunicación, especialmente por su influencia?  

R.- La Iglesia es la única institución que en poco tiempo ha elaborado una antropología teológica sobre lo que son los Medios de Comunicación Social y las nuevas tecnologías. Los pastores han tomado mayor conciencia sobre este tema: se han modernizado las llamadas “oficinas de prensa”, se han creado facultades universitarias con diversas especializaciones, se han incorporado seglares a las tareas de la comunicación en la Iglesia… Creo que se ha hecho un gran esfuerzo.

¿Dónde están los puntos más débiles? En primer lugar en los pastores, que deben mejorar sus comunicaciones, homilías y demás intervenciones públicas. Segundo, la comunicación de la institución eclesial crea escasos puentes con los periodistas y empresas de comunicación. Hay que avanzar en transparencia y alejarse de lenguajes clericales. Tercero, las nuevas generaciones, aquellos que están en los seminarios, saben mucho de nuevas tecnologías y de redes sociales, pero les falta el “arte de comunicar”, que debe ser integrado en la formación de los seminarios.

P.- Medios católicos y católicos en los medios ¿ambas son necesarias?

R.- Creo que es un tema superado y hoy bastante claro. No debe haber dicotomía, lo nuestro es siempre sumar. La Iglesia debe tener sus propios medios de comunicación, en la medida que le sea posible, porque si no los tenemos,  pasamos a “las catacumbas”. También los periodistas católicos tienen que dar la cara por su fe en el mundo laboral periodístico, sea de la ideología que sea. Soy consciente que esto no es nada fácil en una cultura dominada por cierta “cristofobia”  y que determina a muchas empresas del sector.

En la segunda parte de esta entrevista, que será publicada mañana en Agencia SIC, Mons. Del Río describe las características del sacerdote según el modelo de San Juan de Ávila, la relación entre cultura y fe y la recuperación del sentido evangelizador de las manifestaciones culturales.

(Mª José Atienza/ Agencia SIC)

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