Ángel Hernández, Vicario episcopal de Pastoral en Osma-Soria: «Es necesario recuperar la dimensión pública o política de la fe»

Osma-Soria Ángel Hernández Ayllón vicario pastoralEn junio, el Obispo de Osma-Soria, Mons. Melgar Viciosa, firmaba el nombramiento de Ángel Hernández Ayllón como nuevo Vicario episcopal de pastoral. Tras el verano tomaba posesión del cargo, con la tarea de coordinar y animar la pastoral diocesana. Iglesia en Soria se ha acercado hasta la parroquia de Santa María la Mayor de Soria donde ejerce como párroco para compartir con el nuevo Vicario un tiempo de charla distendida.

 -Ángel, háblenos un poco de usted  para que todos los diocesanos tengan la oportunidad de conocerte.

 -Soy natural de esta tierra, nacido en Soria. Estudié en nuestro Seminario diocesano y fui ordenado sacerdote el 3 de octubre de 1993. Fue un sacerdote del Opus Dei, D. Patxi Domingo (recientemente fallecido), quien me propuso la vocación en un retiro espiritual en Santa María de Huerta. En ese per.odo estuve  acompa.ado por la parroquia Santa María La Mayor y su párroco D. Modesto. Espiritualmente tuve un momento de encuentro con Dios, hace ya 15 años, en el que experimenta un Dios vivo y cercano, preocupado de mis cosas, también de las pequeñas. Conocí la Renovación Carismatica, a través de una cinta de música de Martín Valverde. En aquella poca fumaba mucho y un matrimonio de Almazán me animó a confiar en Dios, pues si el tabaco era motivo de esclavitud para mí., Dios podía liberarme y sanarme interiormente de mis heridas… Esa familia de Almazán, Rafa y Mari Carmen, quisieron orar por mí y pedirle a Dios que me liberara de esa adicción que me oprimía. En aquel momento pensé que el sacerdote era yo (5 años ordenado) y que la propuesta que me hac.an era muy ingenua. Rafa me dijo: “Ángel, Dios te ama y te quiere libre y Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre”. Me predicó el kerigma encapsulado… Ese día no lo permití pero sirvió para pensar que era lo mismo que yo predicaba pero que no me lo creía para mí en las cosas que estaba viviendo… Ese día me resistí a vivir el pacto de amor que Dios tenía para mí. A los pocos días les llamé y les pedí que oraran por mí. El día que quedamos para ello, me confesé y después de cenar y haberme fumado casi todo el tabaco que tenía, oramos juntos y en un momento Rafa me invitó a que me imaginara la Cruz de Cristo, en el momento de su muerte y que depositara a sus pies todo aquello que me estaba esclavizando. Os aseguro que para mí no era sencillo hacerlo pero lo hice con fe y, a partir de ese momento, no he vuelto a tener necesidad de fumar.

Es posible que para algunos sea muy de película o incluso fruto de la sugestión…  para mí fue vivir y descubrir a un Dios cercano, misericordioso y personal; para mí fue un cambio de vida. Descubrí que si para mí algo es importante, por pequeño que sea, para Dios también lo es.

La música cristiana es otro elemento importante en mi vida. Dios se ha hecho presente a través de la música, despertando la belleza como reflejo del Misterio, expresión del bien y llamada de lo trascendente. Ser capellán de la prisión de Soria ha sido un regalo a nivel humano y sacerdotal; me ha ayudado a descender a lo esencial y descubrir el cuerpo dolorido de Cristo. En la cárcel descubres la diferencia entre lo urgente y lo importante, entre lo que tiene y lo que tiene valor.

Otro elemento fundamental en mi vida y ministerio es la relación ecuménica con otras confesiones y el diálogo interreligioso. Desde la .poca del instituto ya tenía relación con miembros de otras comunidades eclesiales. Hace años tuve la oportunidad de hacer el Master en Ecumenismo y Diálogo  Interreligioso en la Universidad Pontificia de Salamanca; fue un momento de gran luz en mi vida, estudiar la teología desde la clave del diálogo. Considero que es un signo de los tiempos y una necesidad el diálogo y el encuentro en la diferencia, algo que cuando se hace correctamente no perjudica sino que enriquece y es reflejo de la vida de Dios, que es Uno en la diversidad de Personas.

Por útimo destaco también mi afición a practicar deporte; con el tiempo y las lesiones reducida a poco más que la bici o a andar un poco.  

-¿Cómo afronta este nombramiento y los grandes retos que supone esta Vicaría?

 -El encargo lo afronto con mucha ilusión, con realismo y confianza en Dios, en los compañeros, delegados y agentes de pastoral. Lo afronto también como un reto a nivel sacerdotal. En la vida sacerdotal, después de 20 años en mi caso, corremos el riesgo de acostumbrarnos, por eso lo vivo como un nuevo motivo de renovar la ilusión y la pasión; éste fue el consejo que D. Patxi me dio unos días antes de mi ordenación: “Ángel no te acostumbres a ser sacerdote”.

Los grandes retos de la Vicaría son pastorales: ¿cómo llegar más y mejor al corazón de aquellos que forman el Pueblo de Dios y de aquellos que ni siquiera reconocen a Dios como Padre? Creo que el reto está en despertar en nosotros el privilegio de poder ser instrumentos de salvación para mucha gente. Es necesario que nosotros, sacerdotes y agentes de pastoral y comunidades cristianas, vivamos con especial alegría nuestro bautismo.

 -Hablemos de la Misión diocesana: afrontamos el tercer año de este proyecto de nueva evangelización, ¿por dónde caminar este Curso? ¿Y después?

-Este año nos toca reflexionar en aquellas necesidades que se han detectado en la fase anterior. Estamos en un momento muy especial pues la fe nos dice que es tiempo de gracia y bendición, sobre todo, porque es una oportunidad en la que toda nuestra Iglesia diocesana está embarcada en un proyecto común que no podemos desperdiciar.

Este año tendremos un primer momento de catequesis, de noviembre a marzo, con la particularidad que deben ser dadas por los laicos y hacerlo en casas de alguna familia de la parroquia, de forma que se pueda invitar a personas del barrio. En mayo tendremos otras dos actividades: la Asamblea general y la feria de la fe, momento de expresión pública para mostrar lo que somos como Iglesia particular. Este año comenzaremos el próximo Domingo 20 de octubre con una Eucaristía en la Plaza Mayor de Soria a las 12 h. y terminaremos la Misión diocesana el día de Pentecostés.

¿Después? Ojalá terminemos con la misma embriaguez (del Espíritu) con la que terminó la primera comunidad cristiana después de Pentecostés.

-¿Cuáles son los principales problemas/retos/oportunidades pastorales que debemos abordar en nuestra Diócesis con urgencia? ¿cómo hacerlo?

-Son muchos los desafíos; por ello, la respuesta a la pregunta que me haces no pretende ser exhaustiva. Por un lado, ayudar a la comunidad cristiana a vivir la fe de forma corresponsable, participativa, servicial y comunitaria. El Bautismo es la realidad sustantiva en la Iglesia sobre la que se ha de constituir la comunidad; esa realidad nos lleva a descubrir que no existen cristianos de segunda o cristianos pasivos, todos somos responsables, aunque la responsabilidad sea orgánica y diferenciada, propia de un organismo vivo. Todo esto exige crear espacios de formación para laicos, una formación que nos apasione con el encuentro personal con Jesús, nos capacite y anime a llevarlo a los demás.

Como consecuencia, es necesario recuperar la dimensión pública o política de la fe y de la experiencia cristiana. La fe la hemos de vivir más allá de la piedad individual y expandirla al ámbito del amor, de la justicia, la  solidaridad y la militancia a favor de los derechos humanos. Siguiendo las indicaciones del Papa, tenemos que salir a las cunetas de la vida, a las periferias; invertir tiempo en escuchar, acoger, estar dispuestos a dar razón de nuestra fe incluso en ambientes hostiles y hacernos presentes en tantas situaciones de pobreza y necesidad. Sabemos que el amor en la tierra es la mejor inversión en el cielo, por eso, cualquier necesidad humana es causa y camino para la Iglesia.

Otra cuestión importante es ¿cómo debemos atender a la gente de nuestros pueblos? Nuestra Diócesis tiene una identidad marcadamente rural pero la realidad es muy variable en invierno y verano; en ciertas épocas del año la gente se concentra en los núcleos más grandes. ¿Cómo seguir promoviendo una pastoral general atendiendo también a lo pequeño y sencillo?

En el plano de la pastoral sectorial es fundamental la atención a niños y jóvenes, matrimonios y colectivos marginados y excluidos. Además hay signos de los tiempos a los que no podemos darles la espalda: el ecumenismo y el diálogo interreligioso.

(osma-soria.org)

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