Acabando el Año de la Fe

Mons. Joan PirisMons. Joan Piris      Según lo que dice la Biblia, creer supone un «reconocimiento» del Señor (diríamos conocimiento existencial), como el de Pablo en el camino de Damasco (Hech 9,1ss), que nos hace aceptarlo como persona y aceptar todo aquello que Él nos dice. Se trata de reconocer la manifestación amorosa de Dios que, mediante múltiples signos, sale a nuestro encuentro mostrándonos el verdadero sentido de nuestra vida.

Esto exige de nosotros una acogida confiada al estilo de Abraham (Gen 12) y de María de Nazaret (Lc 1,38), que nos dispone decididamente a hacer aquello que Dios nos hace entender. ¿Un salto al vacío? En la oscuridad sí, en el vacío no.

Supone «fiarse» de Él y de su manera de entender la vida. Como dirá san Pablo: «Sé en quien he puesto mi confianza» (2Tim 1,12). Es la aceptación del corazón que nos hace entregarnos en sus manos confiándole nuestra vida y aceptando que su sabiduría nos da todas las garantías que podemos aspirar a encontrar. Es la fe del Centurión: «di sólo una palabra y mi criado quedará sano» (Mt 8,8).

Supone «adherirse» a Él con las consecuencias que ello conlleva en la vida: convertirse a Él, reorganizar toda nuestra vida desde las exigencias que vamos descubriendo en nuestros encuentros con Él: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Ju 6,68); «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20). Su plan es el mío, sus intereses son los míos, asumo su proyecto sobre la humanidad y, desde ahí, oriento mi vida.

Tener fe es más que seguir un credo. Todos sabemos que pronunciar una fórmula de fe o saberse la doctrina, decir ‘Señor, Señor’ o inclinarse ante el altar haciendo reverencias…, se puede hacer sin cambiar de vida. Pero aceptar a Jesús y hacerlo realidad en la vida de cada día es comprometerse con una persona y no sólo con unas ideas.

Y esta fe hay que alimentarla dedicándole tiempo y atención. A todos los bautizados nos hace falta una formación cristiana más sólida. La fe no existe en nosotros porque sí, como un objeto de valor que se compra un buen día o que se tiene sin saber por qué. Es un don de Dios, pero es también una realidad humana verdadera que hay que cultivar.

Porque la fe no se tiene de una vez para siempre de una manera definitiva, ni tampoco se pierde porque sí, por casualidad. Hay una interacción constante y recíproca entre la fe y la vida, de modo que la fe se debilita si esta interacción no existe o decrece. Si la fe no encuentra donde arraigar o aplicarse puede ir disminuyendo y, con el tiempo, puede desaparecer o volverse prácticamente inexistente. Pero tampoco esto es casual, sino que ha habido en este caso todo un proceso de abandono que nos ha llevado hasta aquí.

Recibid el saludo de vuestro hermano obispo,

+Joan Piris Frígola,

Obispo de Lleida

Mons. Joan Piris
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Mons. D. Joan Piris Frígola nació el 28 de septiembre de 1939 en Cullera (Valencia). Fue ordenado sacerdote en Moncada el 21 de octubre de 1963. Desde 1964 a 1968 realizó los estudios de Licenciatura en Pedagogía en Roma y la Diplomatura en Catequética en el Pontificio Ateneo Salesiano de Roma. En 1971 obtuvo la Licenciatura en Pedagogía por la Universidad Civil de Valencia. En 1968 fue nombrado Vicario y de 1969 a 1974 párroco de San Fernando Rey de Valencia. Fue miembro del Grupo Promotor en España del Movimiento por un Mundo Mejor, de 1974 a 1979, fecha en la que ejerció como Director del Secretariado Diocesano y luego Delegado Episcopal de Pastoral Familiar en Valencia, hasta 1984. Este cargo lo compaginó con la dirección del Secretariado de la Subcomisión de Familia de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, en Madrid, de 1981 a 1984. CARGOS PASTORALES Ha sido párroco de diferentes parroquias de Valencia y Miembro del Consejo de Presbiterio de Valencia en 1984 y Párroco Consultor un año más tarde. Ha sido Vicario Episcopal de las demarcaciones de La Ribera, Valencia-Nordeste, Lliria-Via Madrid y Valencia-Nordeste. El 1 de marzo de 2001 fue elegido Obispo de Menorca y recibió la Ordenación Episcopal el 28 de abril de ese mismo año. El 16 de julio de 2008 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI Obispo de Lleida y tomó posesión de la diócesis el 21 de septiembre de 2008. El 28 de julio de 2015 el Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral (2001-2005) y desde 2005 es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, de la que fue Presidente de 2009 a 2014.