La familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe (3ª parte)

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas     Este domingo, mi reflexión se centra en la parroquia: mejor dicho, en los cristianos que formamos las parroquias, en sus responsables y en quienes dirigen las actividades pastorales. 

Lo hago en forma de carta dirigida a todos aquellos que han asumido responsabilidades pastorales en las parroquias: sacerdotes, diáconos, laicos en misión pastoral, consejos pastorales, voluntarios en los diversos servicios, en Caritas, especialmente a los catequistas y a quienes tienen misión educadora en la vida cristiana. 

Muy estimados y estimadas, deseo que estéis llenos de paz, fuerza y ánimos. 

El verano ha terminado y debemos mentalizarnos al iniciar un nuevo curso pastoral. 

Ojala que el verano os haya servido para descansar, recuperar fuerzas y ánimos, y para olvidar los malos momentos del curso anterior. 

Siempre cuesta volver a empezar, y seguramente algunos os habréis planteado la posibilidad de dejar vuestras responsabilidades. Son “los malos pensamientos” propios de todo inicio de curso. Quisiera recordaros sencillamente que Jesús os necesita, que la parroquia os necesita, que los jóvenes, las familias, los pobres, y también los enfermos os necesitan… y estoy convencido de que todos  nosotros lo necesitamos. 

Ánimo pues, y sigamos, ya que como Jesús, amamos las personas y vemos que a menudo se encuentran como “ovejas sin pastor”, y hemos de ser capaces de ofrecerles la Palabra de Vida, el Pan de Vida. Hemos de ayudarlas a conocer y amar a Jesús y a seguirlo, son necesarios signos para librarnos de todo mal, como Él lo hacía. Anunciaba la Buena Nueva, pero con su talante y forma de hacer convertía en buena nueva la vida de las personas. 

Deseo compartir con vosotros algunas reflexiones amigables para sugerir actitudes, señalar objetivos, y así animaros. No se trata de grandes teorías, sino de unos breves y sencillos pensamientos que puedan ayudar. 

  1. Vivir nuestra fe con intensidad y alegría.

Si la experiencia de nuestra fe cristiana es intensa y alegre, nos cambia y nos ayuda a vivir de una forma nueva. Nos miramos a nosotros mismos, miramos a los demás y al mundo de una forma renovada porque lo hacemos con los ojos del Evangelio, con los ojos de Jesús, desde la Buena Nueva del amor de Dios que nos salva. 

Esta experiencia, este estilo de vida, se nota en las relaciones normales entre la gente. Loconstatamos cuando nos encontramos con personas que, con su talante nos hacen sentir acogidos, queridos, ayudados. No han sido necesarias muchas palabras para valorar su manera de vivir. Si vivimos intensamente la vida haciendo caso de Jesús, se da una comunicación –con frecuencia sin necesidad de palabras- que es ofrecimiento del Evangelio. 

Únicamente quien vive el Evangelio pude ser testimonio, puede evangelizar, que es –recordémoslo- lo que se nos pide y la primera misión que los miembros de la Iglesia hemos de realizar. 

Antes de pensar en las actividades, en los materiales, en la forma de hablar y tratar a los niños, adolescentes, jóvenes, adultos, es necesario que pensemos en nosotros mismos y en nuestra experiencia. El tesoro que ofrecemos no son tan solo afirmaciones, sino principalmente experiencia de vida que explicitamos en una palabra: testimonios. 

2 Dejemos que el Señor trabaje nuestra vida por medio de la plegaria y los sacramentos.

La vida cristiana no es una acción nuestra en principio, sino una acción del Señor en nosotros. Pero hemos de acogerla, dejando trabajar a Dios en nuestra vida. 

El mensaje final del Concilio Tarraconense (1995) dice: “Pueblo de Dios: dejad que el Señor os trabaje por medio de los sacramentos. Son el gran regalo de Dios a su pueblo”. 

Es necesario que descubramos, contemplemos, acojamos, celebremos y agradezcamos la obra de Dios en nosotros mismos, en cada persona, en este momento histórico que nos ha tocado vivir. Y es por eso por lo que debemos abrirnos a Dios por medio de la plegaria y llenarnos de sus dones por medio de los sacramentos. 

Sin plegaria y sacramentos no tendremos experiencia del Dios vivo, no “veremos” y no “viviremos” su obra salvífica en nosotros y los demás. 

Únicamente aquel o aquella que se va sintiendo salvado, que descubre la obra de Dios en su vida, que se deja trabajar por los dones de Dios, es capaz de ofrecerlo como Amor y Vida, que salva y levanta la persona, la comunidad y a cuantos lo desean.

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 450 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.