Dios

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     La Solemnidad que tiene el Domingo, el Día del Señor, en el que hacemos Memoria de su Resurrección, impide, este año, la celebración litúrgica de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael en su día, que es este 29 de septiembre. Pero no quiero que pase desapercibida esta fiesta por la significación de las acciones de Dios y porque los mismos nombres de los arcángeles nos hablan de su inmensidad y de su amor a la criatura humana que somos los hombres y mujeres de todos los tiempos y que englobamos con el nombre de «la Humanidad».

«¿Quién como Dios?» Es lo que quiere decir la palabra hebrea: Mija–El, en español Miguel. Los que tenemos la dicha de creer, que tenemos la experiencia de Dios, sabemos no solo que existe, sino que actúa («acción de Dios» es la etimología de ángel) y actúa siempre venciendo el mal que nos acosa. Mensaje de una gran esperanza cuando vamos siendo acosados por toda clase de males que amenazan la paz, que nos mantiene enfrentados a hombres y mujeres de toda raza, nación o condición social. Debemos actuar y vivir nosotros, no solo como si Dios existiera, sino porque existe, libres de todo complejo de derrota ante al mal. Hemos de vencer el mal a fuerza de bien, porque Dios está con la Humanidad y los que lo sabemos y experimentamos: «nosotros» debemos ser testigos que afrontan la lucha contra toda clase de males que las imágenes de san Miguel representan alanceando al diablo, dragón o serpiente primordial.

«Fortaleza de Dios», quiere decir la palabra hebrea: Gavriel, en español Gabriel. Los católicos lo tenemos presente en nuestra diaria oración del Ángelus: «El Ángel del Señor anunció a María», comienza dicha oración expresando la acción de Dios por la cual viene a encarnarse en el seno de Santa María. Si tanto quiere Dios a la Humanidad que ha vencido el mal definitivo, con Gabriel, con el poder, la fuerza, la fortaleza de Dios, se mete de lleno en nuestra historia haciéndose un hombre cualquiera. La Humanidad en Cristo Jesús, hijo de Dios e Hijo del Hombre vence el mal, el pecado y la muerte con la Resurrección. Aquí el mal originado por la misma criatura humana y que ha merecido ser desterrado del Paraíso (también la tradición cristiana sitúa a Gabriel guardando el Jardín del Edén) la Nueva Humanidad que es Jesucristo, traída al mundo por la «Fortaleza de Dios», hace buenos a los humanos: por Cristo, con Él y en Él entramos en la vida nueva. El humano más corrupto y degradado tiene la oportunidad de ser transformado por la fortaleza de Dios, por la gracia de la redención.

La responsabilidad de los hombres y mujeres de fe no es la de presumir de que somos mejores que nadie, sino la de mostrar nuestra experiencia de estar siendo salvados por Cristo de todo pecado, de todo mal, de la misma muerte: creemos en la Vida Eterna.

«Medicina de Dios», quiere decir la palabra hebrea: Rapa-El, en español Rafael. De la mano del pequeño libro de Tobías en la Biblia entendemos que la acción de Dios es sanante, cuida de los enfermos. No es extraño que Jesús aparezca curando a todos los poseídos de los espíritus malignos. Dios no quiere el sufrimiento del ser humano y busca la medicina que lo sane. Cuánto podemos hacer los cristianos acompañando a los enfermos, compartiendo sus angustias y tristezas orando a Dios que tenga misericordia de todos los amenazados por el contagio y la desesperanza de la curación integral física y espiritual. «Dios con nosotros…» quiere decir Enmanuel. No hay lugar para el derrotismo ni para la fatalidad. La aportación de la Iglesia es esta: Dios está con nosotros.

Vuestro obispo,

† Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.