Carta de los Obispos de Aragón con motivo de la celebración del “Día de la educación en la fe” en nuestras diócesis – Testigos de la esperanza

Mons. Manuel UreñaMons. Manuel Ureña     Muy queridos catequistas:

Los obispos de Aragón valoramos y reconocemos vuestra colaboración en la hermosa tarea de dar a conocer a Jesucristo y su evangelio a niños, jóvenes y mayores. Agradecemos el esfuerzo que hacéis y compartimos el gozo y las dificultades que experimentáis en el ejercicio de esta preciosa vocación. Sabéis que vuestro ministerio es imprescindible en la misión evangelizadora que tiene la Iglesia. Os lo manifestamos una vez más en este día en que nos preparamos para celebrar el “Día de la Educación en la Fe” y en el que muchos de vosotros seréis nuevamente enviados junto con algunos que lo serán por primera vez.

También felicitamos y agradecemos a los padres que, conscientes de que son los primeros educadores de sus hijos, les inician y educan en la fe, sabiendo que es el mayor regalo que pueden hacerles. ¡Cómo apreciáis los catequistas esa iniciación en la fe que han recibido los niños cuando llegan a la catequesis! ¡Y qué importante es caminar juntos, padres y catequistas, en la educación cristiana de los niños! A todos os animamos a acompañar conjuntamente a los niños para que su fe se vea más fortalecida por la aportación específica de unos y de otros.

Como habéis podido apreciar por el cartel anunciador de la presente Jornada, este año ha sido dedicado por la Iglesia a una contemplación y a una vivencia muy singulares de la virtud teologal de la esperanza, que es fe y que nace de la fe. Los temas para el folleto de formación que han preparado los Delegados de Catequesis están dedicados a la esperanza. Os animamos a que los trabajéis con interés como hacéis todos los años; incluso que animéis a trabajarlos a los padres, a los educadores y a otros cristianos interesados.

Nos dice Benedicto XVI que “quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva”. Así lo entendían los primeros cristianos que, antes de encontrarse con Cristo, carecían de esperanza porque vivían en el mundo “sin Dios”. El ser humano necesita a Dios. En caso contrario, queda sin esperanza. Por la fe y por la esperanza la puerta oscura del tiempo, del futuro, ha sido abierta de par en par.

Observamos en el mundo que nos rodea un intento de arrinconar a Dios, como si fuera éste un estorbo. Se evita pronunciar su nombre. Parece que el hombre pudiera solucionarlo todo con su razón y con la técnica. Se basta a sí mismo. Precisamente el Papa Francisco en su primera encíclica trata de responder a esta vieja objeción de que “la fe ya no sirve para los tiempos nuevos, para el hombre adulto, ufano de su razón, ávido de explorar el futuro de una forma nueva”.

Sin embargo, constatamos que con esta forma de proceder el ser humano no es más feliz, no se siente más desarrollado, lo material no le llena; más aún: llega a hastiarle. Contemplamos que las relaciones entre los hombres se van deteriorando hasta el punto de llegar a la explotación del más fuerte, con unas desigualdades enormes. Mientras que unos nadan en la abundancia, otros mueren de hambre.

El hombre necesita saber que hay Alguien que le acompaña en todos los momentos de su vida, que le quiere y le acepta aun cuando se rebele contra Él. La sociedad actual está necesitada de un Dios que es Padre de todos y que busca nuestra plenitud y felicidad. Un Padre que a todos nos hace hermanos, nos invita a vivir como tales y a construir entre todos un mundo de hermanos. Así nos lo ha enseñado Jesucristo con su vida y con su palabra. En él somos hechos hijos del Padre y hermanos de todos los hombres. A vosotros, catequistas, os cabe la gran suerte de colaborar en la reconstrucción de esta sociedad tan necesitada de fe y de esperanza.

Que María, la madre de Jesús y madre nuestra, os fortalezca en la fe y la esperanza para colaborar en la siempre gratificante tarea de construir un mundo más fraterno. Que ella, como nos dice el papa Francisco, os enseñe a mirar con los ojos de Jesús, para que la fe crezca continuamente en este mundo hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, su Hijo, nuestro Salvador, el esperado de todos los pueblos.

Recibid nuestro cordial y afectuoso saludo junto con nuestra bendición.

+ D. Manuel UREÑA PASTOR, ARZOBISPO DE ZARAGOZA
+ D. Alfonso MILIÁN SORRIBAS, OBISPO DE BARBASTRO-MONZÓN
+ D. Carlos-Manuel ESCRIBANO SUBÍAS, OBISPO DE TERUEL Y DE ALBARRACÍN
+ D. Julián RUIZ MARTORELL, OBISPO DE HUESCA Y DE JACA
+  D. Eusebio HERNÁNDEZ SOLA, OBISPO DE TARAZONA

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.