Llamados a la santidad

Mons. Braulio Rodríguez PlazaMons. Braulio Rodríguez     El día de san Mateo apóstol, 21 sábado, de modo significativo la Iglesia diocesana se reúne para dar comienzo a un nuevo curso pastoral. El programa pastoral para 2013-2014 reza así: «Llamados a la santidad. Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41). Más que detenerme a exponer los objetivos y las líneas de acción para el curso a las distintas comunidades cristianas, parroquiales o no, me fijo en el deseo que tenemos yo, vuestro Obispo, el Obispo auxiliar, y aquellos que se han esforzado en esta pastoral de conjunto que es el programa de la Diócesis: que sigamos a Jesucristo y su gracia y amor llene toda nuestra vida en las distintas, muchas o pocas, actividades que llevemos a cabo, del tipo que sea, que seamos testigos y misioneros para nuestros hermanos, los cercanos, sí, pero sobre todo los alejados, los que no sienten que Dios es el eje de la existencia humana y no conocen bien a Jesucristo.

Somos una Iglesia in itinere, esto es, inmersa en nuestra sociedad caminando hacia el Padre, que desea mostrar a los que no conocen a Jesús o lo conocen poco que Él es Camino, Verdad y Vida. Animarnos y animarles a caminar juntos descubriendo el misterio de Cristo en la Iglesia. Eso lleva consigo mucho trabajo, esfuerzo y amor a Cristo y al Padre, pero también oración, adoración a Cristo, «lectio divina», acercamiento humilde a los demás, llegarse a la gente que no viene, moverse hacia «las periferias», como gusta decir el Papa Francisco. Necesitamos insistir mucho en la coherencia entre la fe que profesamos y la vida según el Espíritu, porque sabemos que conseguiremos más con el ejemplo que con palabras, que nuestras acciones han de ser consecuencia de nuestra unión con Cristo, y que nuestros «fracasos» no impedirán que el Señor, que está vivo en su Iglesia, siga actuando y atrayendo de forma misteriosa a hombres y mujeres que acepten su gracia. Por eso queremos ayudar a descubrir el sentido del pecado en nosotros y en el mundo, para fortalecer la conciencia moral, convertirnos, y por ello celebrar el sacramento de la Penitencia. ¡Qué maravilla llegar al encuentro personal y comunitario con Cristo!

Pero sabemos que hemos de rechazar nuestra tendencia fuerte al individualismo, y hemos de ser perspicaces y entender que la Iglesia está ante retos apostólicos muy serios como para ir solos por la vida: parroquias y asociaciones católicas deben fomentar la espiritualidad de comunión y el asociacionismo de los fieles laicos. La Carta pastoral «¿Qué hacer? Vivir una vocación única» escrita por mí para este curso intenta exponer cuál es la situación de la vocación laical en la Iglesia de Toledo, pero previamente insistir en la dignidad del fiel laico en la comunidad cristiana y en la necesidad de vivir con fuerza esta hermosa vocación. Espero que pueda ser para vosotros, hermanos fieles laicos, acicate y estímulo para ser en la Iglesia lo que su Fundador, Jesucristo, quiere que seáis.

El Programa diocesano insiste igualmente en conseguir una nueva mentalidad para comprender que, en
el camino a la Iniciación Cristiana, el Directorio Diocesano está mostrándonos que la evangelización, la
conversión y la fe en Jesucristo preceden a la celebración del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, pero
que toda nuestra acción misionera y evangelizadora nada consigue sin esas acciones eclesiales de Jesucristo. Se trata de su gracia que precede y acompaña a nuestro apostolado. De ahí la necesidad de ser santos, de
orar, de sabernos como Iglesia inmersos en el drama humano que se desarrolla en la historia concreta de
los hombres y mujeres: podemos ser de Dios, es sin duda posible encontrarse con Él, con la felicidad que lleva en sí este empeño; pero también que, por el pecado, existe la posibilidad de alejarnos de Él y perdernos.

X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.