Ángel Pérez Pueyo: "El reto es crear un microclima evangélico de donde broten doctores y maestros santos"

perezpueyoangeljavierwww.agenciasic.com- Ángel Perez Pueyo era nombrado, hace pocas semanas, nuevo Rector del Pontificio Colegio Español de San José en Roma. un nombramiento que fue propuesto por los Patronos del Colegio: el Presidente de la CEE, Card. Antonio Mª Rouco Varela, y los arzobispos de Sevilla y Toledo, MonsJuan José Asenjo Pelegrina y MonsBraulio Rodríguez.

Natural de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), Ángel Pérez Pueyo nació el 18 de agosto de 1956. En 1979, al terminar los estudios de teología, entró a formar parte de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos y recibió la ordenación sacerdotal el 19 de marzo de 1980 en Plasencia (Cáceres).

Toda su vida ha estado ligada a la formación y promoción de las vocaciones sacerdotales: tanto en su etapa de profesor y rector de varios seminarios, como a través de su tarea como Director General de la Hermandad de Sacerdotes Operarios. Desde 2008, Pérez Pueyo dirigía el Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la Conferencia Episcopal Española.

En esta entrevista concedida a Agencia SIC, Pérez Pueyo relata sus primeras impresiones en Roma y lo que él considera su mayor reto: crear un clima evangélico de donde broten «doctores y maestros santos que propicien una verdadera renovación social y eclesial en España».

P- Como miembro de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús el cuidado de las vocaciones sacerdotales es parte intrínseca de su carisma, en la labor que ahora comienza ¿Cómo acogió el nombramiento?

Que me iban a cambiar lo tenía asumido. La muerte de mi padre me permitía estar ya totalmente disponible para colaborar en cualquiera  de los proyectos educativo-pastorales que la Hermandad había ido asumiendo en estos últimos años en diversos seminarios de Cuba, Mexico, Brasil, RD del Congo, Angola…

Cuando el Director General, me insinuó que tenía una un cambio de destino, le pregunté si comenzaba por «C», a lo que asintió. Y enseguida concluí, “Cuba”. “No”, me respondió: “Colegio Español de Roma”.

Sin falsa humildad, traté de persuadirle de no ser el mejor «espada» para esa «lidia. Acepté, sin embargo, con «indiferencia ignaciana» formar parte de la terna que tenía que proponer a los Patronos.

P- Ahora que ya está en Roma, junto a los estudiantes  ¿Cómo afonta  esta nueva etapa?

Como «mendigo»,  es decir, pobre y necesitado, consciente de que mi mayor riqueza van a ser los propios «colegiales» que el Señor congregue en este singular cenáculo.

P- ¿Cuál su principal reto, como nuevo rector del Colegio?

«Desaprender».

Humildemente creo que el reto mayor que tenemos hoy es despojarnos, desasirnos de lo coyuntural o superfluo e ir a lo nuclear y esencial del reino.  Crear un microclima evangélico de donde broten doctores y maestros santos que propicien, como en tiempo de Mosen Sol, Fundador del Colegio, una verdadera renovación social y eclesial en España.

P- Por las aulas del Pontificio Colegio Español San José han pasado numerosos obispos y cardenales españoles, ¿Que supone esta “ilustre” herencia  que recibe? ¿Cómo ha sido su llegada a Roma, en el colegio, con los alumnos?

La mejor herencia del Colegio ha sido y sigue siendo, sin duda, su potencial humano. En este cenáculo se han fraguado –entre colegiales y equipos de operarios– santos, mártires, pastores ilustres, grandes maestros…

Por otra parte mi llegada a Roma se produjo el 27 de agosto, fiesta de Santa Mónica, cuando desembarqué en Civitavechia. Elocuente presagio de lo que puede ser mi ministerio educativo-pastoral: «llorar» por la santificación de los «hijos» que me sean confiados. Ojalá pudiera garantizar la santificación de todos, aunque fuera llorando.

P- Usted ha estado ligado, toda su vida a la pastoral vocacional, en los últimos años, como director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades, por lo que conoce bien la realidad vocacional en España, ¿existe en España “motivos para la esperanza” en el ámbito vocacional?

Sin duda, aunque la recuperación  esté siendo más exigua y lenta de lo esperado, me niego a creer que en cada Diócesis española, no haya una docena de jóvenes que se ofrezcan cada año como «caricia» de Dios para que nadie se «pierda».

La vocación no es más que descubrir, como regalo fascinante, el sueño de Dios en nuestra vida. Y la verdad más profunda de cualquier persona, según afirmó en la JMJ de Madrid el Papa emérito Benedicto XVI, no es otra que responder a una única pregunta: ¿Desde dónde quieres Señor que te ame, te sirva o te siga?

También los hombres en la época del dominio tecnológico y de la globalización tienen necesidad de Dios. Cuando ya no lo perciben, la vida se queda vacía; todo resulta insuficiente. El hombre busca entonces refugio en sucedáneos: el alcohol, en las drogas, en el sexo, en la violencia… que cada vez amenaza más a la juventud.

Dios está vivo y necesita hombres que vivan para Él y que lo lleven a los demás. El sacerdocio es un bien ecológico. Al igual que una sociedad que talara todos sus árboles, tarde o temprano, estaría  abocada irremisiblemente a su extinción, lo mismo ocurriría si eliminamos a Dios de la humanidad. Nos quedaríamos sin «aire», sin vida, sin sentido por el que luchar… Y el sacerdote, por pura gracia divina, no es su mediador sino su presencia «sacramental».

P-Hace poco la Conferencia Episcopal, en el documento “Vocaciones sacerdotales  para el Siglo XXI”, destacaba que “Actualmente nos encontramos con una gran diversidad de personas y de situaciones que exige a su vez una gran variedad de itinerarios y de pedagogía. Sólo así podremos ofrecer una propuesta personalizada y con sentido” ¿cómo compaginar la unidad de criterios y actuación en la formación de los sacerdotes con esta necesidad de diversidad?

Esta cuestión es muy importante y delicada. La clave está, a mi entender, en saber armonizar por un lado las potencialidades personales, tan ricas como variadas en un mundo global, donde se respeta y favorece la diversidad como signo de autenticidad… y por otro, asegurar el Proyecto global de formación que favorece y posibilita conformar el corazón del candidato con el de Jesucristo, el buen pastor.

Este es el delicado arte del pastoreo al que se deben enfrentar los formadores durante la etapa de formación institucional. No es nada fácil.

 

P- Muchas diócesis españolas y europeas reciben seminaristas de procedencias extradiocesana, ya sean nacionales o foráneos ¿considera positiva esta realidad?

La vocación es un regalo. Los regalos se acogen o se rechazan. El tema no es de dónde puedan proceder, sino cuáles son las verdaderas motivaciones de su venida y la idoneidad de los candidatos para ejercer el ministerio en un contexto socio cultural, político y económico muy diverso del que provienen, sin una mínima adaptación. Esto exige un discernimiento, nada fácil pero necesario y urgente.

Actualmente, casi 70 alumnos forman parte del Pontificio Colegio Español de San José en Roma, procedentes de 34 diócesis españolas y 5 no españolas. Los estudiantes cursan diversos ciclos:  licenciatura, bachiller teológico… de muy diversas materias dentro del ámbito teológico en diferentes facultades y centros de estudios eclesiásticos de la capital italiana.

(Mª José Atienza / Agencia SIC)

 

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