Palabras de fe: los que no creen

AGUSTINCORTÉSMons. Agustí Cortés      Hace cincuenta años eran raros los que se confesaban ateos y, en general, no lo manifestaban abiertamente. Hoy es lo más común y es raro quien se confiese creyente y lo haga con espontaneidad y sin disimulo. Quienes hemos vivido más de cincuenta años no nos sorprende el hecho en sí de la increencia o del agnosticismo, pero sí que nos hace pensar y nos inquieta su generalización y su cercanía, es decir, que sean tantos y tan cercanos a nuestra vida los que digan no creer o no “necesitar” o no considerar “relevante” a Dios en el mundo.

Es difícil hoy precisar qué quiere decir una persona cuando afirma “no creo en Dios” o “soy agnóstico”. En general no lo pueden explicar exactamente. Es un fenómeno un tanto difuso, que obedece más a un sentimiento que se contagia que a una idea reflexionada.

En todo caso, las encuestas y los hechos, como la relevancia de las creencias religiosas en determinados fenómenos sociales, demuestran que “lo religioso” está de actualidad. Pero, ¿qué significa esta actualidad de “lo religioso”? En lo que respecta a nuestro entorno occidental, “cristiano” de tradición, no faltan quienes detectan un proceso hacia una increencia real, aunque a veces motivada por buena voluntad. Una alta jerarquía de la Iglesia dijo, no sin cierta ironía, en una asamblea entre hermanos, que no hace muchos años escuchábamos a nuestro alrededor la opinión de que “se creía en Jesús, pero no en la Iglesia”. Después hemos oído, decía, que Jesucristo, tal como aparece en el Nuevo Testamento, no se podía sostener, pero sí que era verosímil creer en Dios, como lo hace la mayoría de seres humanos. Más tarde, se ha generalizado, incluso en el lenguaje oficial y en medios culturales, la opinión de que no hay que hablar de un Dios, sino de tantos cuantos dioses hayan producido las diferentes tradiciones religiosas, o al

menos de un dios pero no definido y conocido, sino de un ser más allá de todo lenguaje y conocimiento humano, en el que todas las religiones estuvieran de acuerdo. En consecuencia el paso siguiente ha sido considerar mejor no hablar de Dios, sino de “trascendencia”. Más aún, que mejor no hablar de trascendencia, sino de “espiritualidad”…

El caso es que de hecho hoy podemos hablar de un mundo “vacío” de Dios. Hace más de cuarenta años aquella cristiana absolutamente comprometida en lo social, que fue Madeleine Delbrêl, en su libro Nosotros, gente de la calle se lamentaba así de este vacío:

“Un peligro mayor se aproxima a la Iglesia, sin ruido: el peligro de un tiempo, de un mundo en el que Dios ya no será negado, ni echado, sino excluido, lo cual será impensable (porque nos habremos mutilado el modo de conocimiento de Dios); querremos gritar su nombre, pero no podremos ya lanzar ese grito, porque ya no tendremos lugar donde poner nuestros pies… Esta actitud, ya sea agresiva o indiferente o tolerante hacia Dios, tiene en todas partes un carácter común: el rechazo de un Dios creador que fija al mundo en su condición de criatura… El mundo parece vaciarse por dentro, en primer lugar de Dios, después del Hijo de Dios, después de lo que Él comunica de divino a su Iglesia. A menudo lo que acaba de hundirse en último lugar es la superficie, de ahí que nos parezca todo una ilusión”.

Aquello sonaba a profecía, pero hoy ya no es ilusión sino realidad. Pero este mundo sigue teniendo huellas de Dios y no dejamos de amarlo. La fe que salva sigue siendo posible

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.