Nuestra Señora de la Merced

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella     La fiesta de Ntra. Sra. de la Merced, que se celebra el día 24 de septiembre, arranca nada menos que del año 1218, cuando el santo fundador de la Orden de la Merced, Pedro Nolasco, recibió una inspiración de la Virgen que le exhortó a fundar una Orden, los Mercedarios, que tuviese como fin principal el redimir – el liberar – a los cautivos cristianos.

Los Mercedarios se obligaban, por vocación de servicio a Dios y a los hermanos, con cuatro votos: pobreza, castidad, obediencia y, el cuarto, estar dispuestos a entregarse como rehenes si ése fuera el único medio de cumplir con su promesa de redimir a los cautivos. Muchos eran, por entonces, los cristianos capturados y vendidos como esclavos en África, lo que siguió ocurriendo hasta que desapareció la piratería. Los mercedarios cumplieron con la promesa hecha y en su historia constan, perfectamente documentadas, 344 redenciones y más de 80.000 redimidos.

Hoy en día los mercedarios, junto con la Pastoral Penitenciaria, es decir con toda la Iglesia (sacerdotes, consagrados y laicos voluntarios), trabajan en los centros penitenciarios acompañando a los reclusos y a sus familiares ante el sufrimiento de la pérdida de libertad. Sí, en las cárceles los presos sufren por estar privados de libertad, encerrados entre cuatro muros, por mucho que quiera hacerse agradable o llevadera la vida dentro de esos recintos. Y, a su vez, la Pastoral Penitenciaria trata de sensibilizar a la sociedad para que recordemos que los presos son hermanos nuestros que necesitan también de nuestra ayuda para ser sanados de sus heridas, de sus malas inclinaciones; que necesitan ser corregidos, es cierto, pero también perdonados porque sólo el amor lo puede todo.

Quienes trabajan en la Pastoral Penitenciaria son personas de nuestras comunidades cristianas que tratan de hacer palpables las palabras de Jesús: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido, me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año de gracia del Señor”

Felicito a todos los voluntarios de Pastoral Penitenciaria por su labor de aportar un plus de humanidad dentro de los recintos penitenciarios, por su labor de acercar la misericordia y la ternura de Dios en la vida de los presos y de sus familiares. Sí, que Dios os fortalezca, os bendiga y que otros muchos sigan vuestros pasos para seguir trabajando junto a los que sufren y están cautivos por tantas cadenas como son el odio, la venganza, las drogas, la violencia doméstica, los robos, la corrupción, etc. Que vean en vosotros, a través de vuestra cercanía y amistad, que es posible liberarse de todas las ataduras que destrozan a las personas y que es posible encontrar la verdadera libertad que nos hace sentirnos gozosamente hijos de Dios y hermanos de todos los hombres.

Que Santa María, la Virgen de la Merced, nos ayude a todos a romper las ataduras del pecado que es el enemigo de la verdadera libertad, el único mal que lo es en sí mismo y en toda la extensión de la palabra. Que ruegue por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.
Con mi afecto y mi bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.