El seminario, corazón de la diócesis

eusebiohernandezobtarazonaMons. Eusebio Hernández    Mañana, día 23 de septiembre comenzará un nuevo curso en nuestro Seminario Diocesano. Tras el período estival volvemos con ilusión a una de las tareas fundamentales de una diócesis: la formación de los candidatos al sacerdocio.

Todos nos debemos sentir, como tantas veces he repetido, responsables de nuestro Seminario y de la pastoral vocacional. La Iglesia está siempre necesitada de sacerdotes y, por ello, todos los fieles cristianos deben mostrar interés en que nunca nos falten para servir a la evangelización, animen la caridad y celebren los sacramentos.

El Concilio Vaticano II, en el Decreto Optatam totius, destaca la importancia del Seminario para la vida de las parroquias y el afecto y apoyo que ha de recibir por parte de toda la comunidad diocesana. Dice así: “Todos los sacerdotes deben considerar al Seminario como el corazón de la diócesis y prestarle gustosamente su ayuda”.

Junto a la preocupación por el Seminario y los seminaristas, todos los sacerdotes y demás responsables de pastoral, catequistas, etc, debemos estar motivados siempre para que permanezcamos atentos a los jóvenes y a los niños que se plantean la vocación al sacerdocio.

Para mí, como obispo de la diócesis, el Seminario debe ser, como indica el Directorio para el ministerio pastoral de los obispos, la institución primaria de la diócesis: “Entre todas las instituciones diocesanas, el Obispo considere la primera el seminario y lo haga objeto de las atenciones más intensas y asiduas de su ministerio pastoral, porque del seminario dependen en gran parte la continuidad y la fecundidad del ministerio sacerdotal de la Iglesia” (IV, 5)

En esta misión que me encomienda la Iglesia, quiero contar con todos vosotros, siendo una de las mejores ayudas que me podéis brindar. Por ello os propongo una serie de acciones que podéis estudiar en los arciprestazgos y parroquias para potenciar nuestra ayuda al Seminario y a la pastoral vocacional.

1. Nada es posible sin la oración y ésta se hace más urgente cuando debemos apoyar el Seminario, a los seminaristas y a la pastoral vocacional. Por ello hay que pedir en cada misa por el Seminario y por las vocaciones, así como organizar un día especial de oración ante el Santísimo Sacramento, semanal o mensual, en cada parroquia o comunidad. Rogad al dueño de la mies que mande operarios a su mies, sin cansarnos y con confianza.

2. Necesitamos mantener materialmente nuestro Seminario. Somos una diócesis pobre con pocos recursos y nuestro Seminario necesita de vuestra caridad. Aunque sea el óbolo de la viuda debemos colaborar todos de forma individual y comunitaria. Ojalá sepamos encontrar en cada comunidad la forma más efectiva de nuestra colaboración

3. Finalmente os invito a proponer en la catequesis de comunión y confirmación, encuentros con los jóvenes y clases de religión la vocación como una posibilidad de vida y una respuesta a Dios. La delegación diocesana de pastoral vocacional gustosamente os ayudará cuando se lo pidáis.

Me gustaría que esta carta fuera transmitida a todos los fieles, dedicando dentro de las misas de estos domingos del comienzo del curso un breve espacio para concienciar sobre la importancia del Seminario y la corresponsabilidad que todos tenemos respecto a él.

Que el Señor nos bendiga con nuevas vocaciones sacerdotales y sostenga con su fuerza a los seminaristas que mañana comienzan un nuevo curso académico.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 252 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.