La familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe(2ª parte)

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas    Sigo con la reflexión iniciada en el Full de la pasada semana, después de releer el  documento de los obispos bajo el mismo título. 

El inicio de un nuevo curso motivó mi primer escrito sobre la escuela, ya sea por la opción de una escuela cristiana, o por la opción de la clase de religión en los centros educativos públicos, aunque la responsabilidad de trasmitir la fe recae, sobretodo, en la familia y en las parroquias. 

Hoy, en este escrito, reflexiono brevemente sobre la misión de la familia: padres, abuelos, hermanos mayores, otros familiares… La familia, en la educación sigue siendo el ámbito de referencia reconocido, imprescindible y valorado, pero se constata que hoy, debido a cambios en su configuración y en las relaciones familiares, no ejerce la influencia determinante de otros tiempos, y menos todavía si no se asumen con responsabilidad todas sus posibilidades. 

Es justo reconocer que son muchos los padres que se interesan y se comprometen en la educación de sus hijos, pero al mismo tiempo experimentan dificultades en la comunicación de valores y criterios importantes para la vida y para la transmisión de la fe. Igualmente se constatan diversas sensibilidades: la de los padres que, por respetar la libertad de sus hijos creen que proponer y educar en la fe les resta libertad. Otros, que han educado a sus hijos en la fe y en la práctica religiosa, quedan desbordados cuando abandonan la práctica y cuestionan algunos de los principios morales cristianos. 

En otras familias constatamos el abandono de toda referencia cristiana en la educación. Losmotivos son diversos: falta de fe, debilitamiento de su vinculación con la Iglesia –concretamente con la parroquia- convencimiento de que la vida cristiana es un obstáculo  para la libertad y la realización personal, una forma de ser del pasado, y la ignorancia. 

Debemos agradecer a muchos padres y madres de familia su esfuerzo por vivir la fe y proponerla a sus hijos, en las distintas etapas de su crecimiento. Por eso acompañan a sus hijos a la catequesis y la valoran como la actividad extraescolar más importante de su vida. Y también, conscientes de la importancia de la formación religiosa en la escuela, los inscriben en la clase de religión. Su testimonio en la vida cotidiana es lo más efectivo para educar en la fe cristiana de una forma consciente, comprensible, alegre y convincente. Permitidme recordar unas pautas muy concretas: 

         Es fundamental que la familia, especialmente los padres, valoren la fe y la vida cristiana como el más preciado tesoro que pueden ofrecer a sus hijos en esta vida. Tal actitud se adivina, se contagia. No será obstáculo alguno para su libertad, al contrario, los hará libres en todos los sentidos, y también en la decisión de seguir a Jesús.

         La educación en la fe debe empezar desde los primeros años. Ciertamente, por medio del amor recibido que hace posible vivir el amor del Padre, Dios, pero también por medio de los pequeños detalles de la vida ordinaria: los niños se dan cuenta que en casa hay signos cristianos, aunque puede que no los entiendan; las visitas a la parroquia; que la madre o el padre se persignen es un signo que se recuerda siempre. Primero, hace falta verlo, vivirlo…  más tarde se les explicará.

         A medida que vayan creciendo, será bueno que los hijos acompañen a los padres en las celebraciones de la Misa dominical. Puede que lloren, e incluso que el celebrante se enfade y les lance miradas incendiarias, porque los lloros le distraen. No pasa nada. No les privemos de “ver” como los cristianos despedimos a las personas queridas cuando mueren, con la excusa de no traumatizarlos.

         Cuando ya puedan hacerlo, antes de acostarlos, los padres deben hacerles rezar, primero unas breves oraciones, y progresivamente otras plegarias como el Padrenuestro. Por la mañana, aunque brevemente, que aprendan a persignarse.

         Es conveniente que atiendan y participen en algún momento en la plegaria familiar, como la bendición de la mesa, una lectura de un fragmento del evangelio, una plegaria por alguna persona…

         Conviene inscribirlos en la catequesis como primera actividad extraescolar, interesarse por su seguimiento, preguntarles lo que han aprendido y comentarlo.

         Una vez celebrada la primera comunión conviene seguir la catequesis y la clase de religión en la escuela. En la medida que conozcan a Jesús podrán amarlo a lo largo de su vida.

        Debemos favorecer y trabajar para que reciban el sacramento de la Confirmación. En primer lugar porque ser confirmado con el don del Espíritu es un gran regalo, y porque con chicos y chicas de su edad  les será posible hallar respuestas a sus interrogantes y encontraran la ayuda necesaria para una experiencia personal con Jesucristo. 

No lo olvidemos: la familia, la parroquia y la escuela son necesarias y complementarias para la transmisión de la fe.

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 459 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.