Palabras de fe: Jean Guitton (3)

AGUSTINCORTÉSMons. Agustí Cortés     Jean Guitton escribió muchas palabras de fe. Todas salieron de su búsqueda apasionada por hallar la Verdad; una búsqueda que realizó como filósofo y como cristiano, impelido por una convicción de la que nunca dudó: que esa Verdad realmente existía y se podía alcanzar. La fe para él significaba el cumplimiento de las aspiraciones humanas más profundas y al mismo tiempo la purificación o liberación de todas las falsificaciones o idolatrías. Es lo que expresaba en referencia al orden social:

“Si Dios no está por encima del pueblo, es el pueblo quien se convierte en Dios, la ley humana en voluntad de Dios, el derecho humano en derecho divino. La libertad de pensar de forma distinta a la opinión pública se vuelve idéntica a la blasfemia. No hay entonces ni democracia, ni libertad, ni laicidad”.

Y puesto que la realidad de la vida personal, la esencia de lo que somos, las creencias más personales y profundas, se concentran en el momento de la muerte, Guitton compuso un libro extraordinariamente sugestivo, original y en cierto modo bello; no le faltan algunos rasgos de humor. Se titula Mi testamento filosófico. Aquí el autor recurre a un artificio que le permite dramatizar su muerte, su entierro y su juicio, haciendo comparecer personajes, incluidos santos y el propio Jesucristo, que fueron decisivos en su vida. Todo el libro es una palabra de fe y de razón humana. Así, dirá a Lucifer:

“Si nunca he perdido la fe es porque me parecía que al abandonar la fe traicionaba la razón crítica. En resumidas cuentas, he mantenido la fe por espíritu crítico…”.

Hace pasar en sendos diálogos a los grandes inspiradores de su búsqueda: Pascal, para asentar su fe en Dios trascendente, Bergson para manifestar su fe en Jesucristo, Pablo VI para justificar su condición de católico. Se convierte en espectador de su propio entierro, donde tiene ocasión de conversar con De Gaulle, con Sócrates, con Blondel y con Dante, y donde hace una primera aproximación al gran tema del amor a propósito de su matrimonio, ridiculizado

por algunos, pero defendido por su esposa, que confiesa haber sido verdaderamente amada, a pesar de su frialdad racional y “sus despistes”…

“¿Qué es el amor humano?… Un impulso de vida que se reflexiona, se interioriza y se eleva a lo espiritual. En la superficie, la juventud, la belleza, la pasión, el placer. En el primer nivel de profundidad, la alegría, el honor, la confianza, la estima, el respeto amoroso, la generosidad tierna, el afecto firme y cordial… ¿Y en las grandes profundidades? El abismo que llama al abismo” .

Pero el centro de esta obra es la dramatización del juicio, ya que en él se ha de dilucidar el valor, el peso y el sentido de toda su existencia. Hay cargos contra él, pero también testigos que trabajan a su favor: François Mitterrand, que murió posiblemente en el umbral de la fe, gracias al trato que con él mantuvo en vida y, sobre todo, Sta. Teresa de Lisieux. Quedaba la cuestión definitiva. Había confesado a Mitterrand: “Señor presidente, siento no haber amado lo suficiente”. Su última palabra en el juicio estaba escrita en un papel que le cayó al suelo. Sta. Teresa corrió a recogerlo. “Por favor, léalo usted misma”. Era un texto de Ruysbroek:

“Cuando el hombre considera en el fondo de sí mismo con ojos quemados por el amor la inmensidad de Dios… y mirándose a sí mismo descubre los atentados contra el inmenso y fiel Señor… no conoce un desprecio suficientemente profundo para satisfacerse… Se resigna entonces a la voluntad de Dios y, en la abnegación íntima encuentra la paz verdadera. Nuestros pecados se han convertido en fuente de humildad y amor, estar inmersos en la humildad es estar inmersos en Dios, ya que Él es el fondo del abismo…”.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.