La primera encíclica de Francisco

Mons. Lluís Martínez SistachMons. Lluís Martínez Sistach      La luz de la fe es el título de la primera encíclica del papa Francisco, que se hizo pública el día 5 del pasado mes de julio. Una primera impresión, después de la lectura de la encíclica, es que en ella se ve la mano tanto de Benedicto XVI como del papa Francisco, lo cual constituye una expresión más de la modélica manera cómo el Papa emérito y el Papa actual viven una situación inédita en la historia de la Iglesia.

Benedicto XVI, que propuso a toda la Iglesia un Año de la Fe en el quincuagésimo aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II, tenía ya en preparación una encíclica sobre la fe, llamada a completar su trilogía sobre las virtudes teologales. Así, esta nueva encíclica completaría las dos anteriores, sobre la caridad (Deus charitas est) y sobre la esperanza (Spe salvi), sin olvidar la que está considerada como su aportación a la doctrina social de la Iglesia (Charitas in veritate). Su renuncia hizo que aquella encíclica quedara en proyecto. Pero –según noticias atendibles- Benedicto XVI puso su proyecto en manos del nuevo Papa, el cual se lo ha hecho suyo, dándole su propia impronta. Un ejemplo más de una transición pontificia ejemplar.

El título de la encíclica define muy bien su contenido: Lumen fidei, la luz de la fe. En las primeras páginas el documento cita al joven Nietzsche, que invitaba a su hermana Elisabeth a arriesgarse, a “emprender nuevos caminos… con la seguridad de quien procede autónomamente”. Y añadía: “Aquí se dividen los caminos del hombre; si quieres alcanzar paz y felicidad en el alma, cree; pero si quieres ser discípula de la verdad, indaga”. La fe sería entonces como un espejismo que nos impide avanzar como hombres libres hacia el futuro. De ahí a asociar la fe a la oscuridad había un paso. Pero la encíclica –y ahí se ve la mano del Papa emérito y gran teólogo- se propone recuperar “el carácter luminoso de la fe, pues cuando su llama se apaga, todas las otras luces acaban languideciendo”. Es la cuestión de la relación entre fe y razón, un punto central en el magisterio de Benedicto XVI.

Nos explica el papa Francisco que su antecesor ya había completado prácticamente una primera redacción de esta carta encíclica. “Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo añadiendo al texto algunas aportaciones”.

Ahí está, pues, el documento; su objetivo es mostrar cómo la fe enriquece la existencia humana en todas sus dimensiones. Benedicto XVI, que fue uno de los teólogos asesores de la asamblea conciliar, estaba muy preparado para mostrar lo que afirma la encíclica citando a Pablo VI: que el Vaticano II fue ante todo un concilio sobre la fe; y también lo estaba para recoger sus ricas enseñanzas, especialmente en lo referente a las relaciones entre la fe y la Iglesia.

Al papa Francisco cabe atribuirle lo que se dice en el documento sobre la fe como luz para toda la sociedad, como un factor del bien común, en especial para la familia, y sobre la fe como la fuerza que conforta en el sufrimiento.

Si se me permite decirlo así, creo que estamos a la vez ante el testamento espiritual del papa Benedicto y ante la primera encíclica -y también programática- del papa Francisco.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.