Perdón, diálogo y reconciliación

Gil_HellinMons. Francisco Gil Hellín     «Sal de tus intereses que atrofian tu corazón, supera la indiferencia hacia el otro que hace insensible tu corazón, vence tus razones de muerte y ábrete al diálogo, a la reconciliación; mira el dolor de tu hermano y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha perdido», ha dicho el Papa Francisco durante la vigilia de oración por la paz en la Plaza de San Pedro, el pasado 7 de septiembre.
El Papa hizo suyas las palabras que Pablo VI dijo en el Discurso a las Naciones Unidas el 4 de octubre de 1965: “¡Nunca más los unos contra los otros!. ¡¡Nunca más la guerra, nunca más la guerra!!”. Porque la guerra –siguió diciendo el Papa Francisco- “es siempre una derrota para la humanidad”.
Esa derrota se debe a que Dios ha creado a los hombres no para que se enfrenten, se destruyan y se maten, sino para que sepan convivir como hermanos. Si la persona humana ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, y Dios es Amor, el hombre y la mujer llevan grabado el amor en el ADN de su ser-persona y sus relaciones han de reflejar ese amor. En caso contrario, el hombre y la mujer se de-gradan, en el sentido más riguroso, porque abdican de su dignidad y asumen un modo de ser y comportarse que está en contradicción con ellos mismos.
Sin embargo, ante la triste realidad de todos los días hay que preguntarse: ¿Por qué el hombre y la mujer en lugar de convivir en paz, crean un mundo enrarecido de odios, violencias y guerras? La respuesta es sencilla: porque el hombre piensa exclusivamente en sus propios intereses y se pone en el centro, dejándose fascinar por los ídolos del dominio y del poder. O, si se prefiere, porque el hombre se pone en lugar de Dios. Cuando esto ocurre –como dijo el Papa- “altera todas las relaciones, arruina todo y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento”.
No hay término medio: o el hombre reconoce y acepta el plan “pacífico” de Dios –y entonces todo es armonía y paz- o rechaza ese plan y entonces se enfrenta no sólo con Dios, sino consigo mismo y con la creación. Alguien pudiera pensar que si el hombre rompe la armonía con Dios, la desarmonía que se origina queda en el ámbito estrictamente de él y Dios, sin que los demás y la creación queden afectados, de modo que a la hora de organizar la convivencia –en la familia, en el municipio, en la nación- basta admitir unas reglas consensuadas por todos.
Esto es desconocer la realidad. La Biblia da cuenta de un hecho que, independientemente del modo de llamarlo, introdujo un profundo desorden en el corazón del hombre. Tan profundo, que no tardó en levantar la mano violenta contra el hermano, y causarle la muerte. Poco importa que se llamasen Caín y Abel. Lo decisivo es que un hermano había matado a otro hermano y puesto el primer eslabón de una cadena interminable de muertes que llegan hasta nuestros días.
La tentación del hombre posmoderno es prescindir de Dios, tratar de vivir como si Dios no existiera. ¿Cuál es el resultado? El resultado es un mundo hipertecnificado, superdesarrollado en lo material, pero degradado en lo más profundo de su ser y en sus relaciones. Incluso los no creyentes hablan ya de la necesidad de recuperar “los valores”, entendiendo por tales, esas grandes virtudes sin las que la convivencia es imposible.
No hay, pues, otro camino para que haya una paz verdadera y duradera que volver a colocar a Dios en el lugar que le corresponde en el corazón de cada uno de nosotros. Todos los demás intentos y esfuerzos llevan la marca de lo “imposible” o, cuando más, de lo “efímero y superficial”. La paz será fruto y consecuencia de un cambio profundo de nuestra mente y de nuestro corazón, saliendo de nuestros egoísmos e intereses exclusivistas y dando paso al amor y a la fraternidad.
+Francisco Gil Hellín
arzobispo de Burgos
Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.