Mons. Manuel Ureña, 25 años siendo «testigo de la esperanza de Cristo»

Zaragoza Voz del Prelado Especial 2013_09_08El arzobispo de Zaragoza, Mons. Manuel Ureña, celebra 25 años de su consagración episcopal. Con tal motivo en la Basílica de Ntra. Sra. del Pilar, este miércoles día 11 y a las 19:00 horas, tendrá lugar una Eucaristía de Acción de Gracias que preside el arzobispo y en la que concelebrarán los obispos de Aragón, así como numerosos sacerdotes de la diócesis de Zaragoza.

La hoja diocesana Iglesia en Zaragoza también se suma a esta efeméride. Y lo hace publicando en su último número semanal, del domingo 8 de septiembre, una entrevista con Mons. Ureña, que se reproduce a continuación.

Sabemos lo apretada que tiene su agenda. Por eso agradecemos de todo corazón la amabilidad que ha tenido el Sr. arzobispo encontrando un hueco para atendernos y responder a nuestras preguntas. Naturalmente, en este número conmemorativo de los 25 años de su consagración episcopal no podía faltar su propio testimonio. Muchas gracias.

¿Qué sensación tuvo cuando el nuncio Mons. Tagliaferri le comunicó que el santo padre le designaba como obispo de Ibiza? ¿Cómo vivió ese momento, le costó aceptar?

– Eso ocurrió el 19 de junio de 1988. Fue exactamente un domingo por la tarde. Marché a la nunciatura al día siguiente. Las palabras de Mons. Tagliaferreri exactamente fueron: “el santo padre el Papa, Juan Pablo II, acaba de nombrarle obispo de una diócesis pequeña, en el mediterráneo, llamada Ibiza, que comprende los territorios de Ibiza y Formentera”. Yo tuve una sensación de gran sorpresa, tenía por entonces 43 años. Nunca pensé jamás que la Iglesia pudiera pensar en mí como obispo. La diócesis de Valencia me había encarrilado en una dirección: hacia la docencia. Ejercía como profesor universitario, era profesor de la facultad San Vicente Ferrer de Valencia y director del Colegio Mayor “San Juan de Ribera”, de Burjasot, también hacia la pastoral universitaria. Pero el señor a través de la Iglesia irrumpe en nuestra vida y le da una dirección que nunca había pensado.

Que el Señor me llamara a ser pastor, yo no lo había pensado, ya que se me trabajaba como investigador, profesor y en la pastoral universitaria. Fue la sensación de una gran sorpresa. Gran sorpresa que manifesté al señor nuncio. El nuncio me contestó que lo fundamental en la Iglesia es ser pastor: “Ha sido ordenado para ser pastor”.

Cuando se acabó esa conversación, el nuncio me invitó a que escribiera una carta aceptando al Papa. Yo pasé a la biblioteca para redactar la carta al santo padre. La idea central de la carta al papa fue que prometí obediencia a la Iglesia, ya la había prometido en el acto de la ordenación sacerdotal y la renové. Le expresé al papa que aceptaba el cargo en obediencia al Espíritu y a la Iglesia, también expuse en esas letras, que me sentía sin fuerzas para llevarlo adelante y que oraría a Dios como dice S. Agustín: “Dios da el cargo y a la vez las fuerzas”. Por tanto, que en el nombre del Señor echaba las redes.

– Como comenta, era profesor, sin duda, destacaba por su preparación filosófica. Estudió Historia y Geografía. Se licenció en Teología en Salamanca. Obtuvo el doctorado en Filosofía con la máxima calificación con una tesis sobre Ernest Block. ¿Toda esta formación le ha ayudado en su vida ministerial?

– Efectivamente, toda esta formación me ha ayudado en mi ministerio. El Señor me alentó a estudiar diversas ciencias, la Teología, la Filosofía, la Historia y la Geografía. He visto en mi ministerio cómo me han ayudado. La Teología de un modo especial para dar razón, ante nosotros mismos y ante los demás, de nuestra fe, de nuestra esperanza. La Filosofía también me ha ayudado mucho, porque la Filosofía ayuda a diagnosticar el espíritu del tiempo en que vivimos y a comprenderlo, y a discernir sobre la verdad de las ideologías, y nos ayuda a ser maestros de la sospecha para descubrir la mentira que se ocultan en los signos de los tiempos; a descubrir, también, la verdad de los signos de los tiempos.

Muchas veces se presenta la fe como opuesta a la verdad, cuando la fe es la forma suprema de la verdad. Hasta la Historia también me ha ayudado. Considero como una providencia haber conocido y ser alumno, en la facultad de Filosofía y Letras de Valencia donde estudié Geografía e Historia en los años 68-70, del catedrático D. Antonio Ubieto Arteta, un hijo ilustre de Zaragoza, que era catedrático de Historia Antigua y Medieval de España, recibí numerosas clases de este ilustre profesor que conocía la historia antigua de Zaragoza, y sus opiniones y teorías sobre la venida de la Virgen a Zaragoza. Cuando llegué a Zaragoza sabía perfectamente qué se había tratado el Compromiso de Caspe, quién era Ramiro II el monje o Petronila. Por tanto, vine aquí familiarizado con estas tierras por mis estudios de Historia y Geografía, todo aquello me sirvió de mucho.

– ¿Qué es lo que hoy recuerda del día de su ordenación episcopal, aquel 11 de septiembre de 1988?

– La verdad es que el día egrande, cuando se produce en uno un cambio cualitativo, es el día de la ordenación presbiteral. El 14 de julio de 1973 es cuando mi vida cambia de forma radical. Me ordenó sacerdote D. José María la Higuera. El gran cambio en mi vida se produjo ese día. La ordenación episcopal fue un giro dentro de un giro previo. El día de mi ordenación episcopal, me sentí como el día de mi ordenación sacerdotal, sin fuerzas y confiando en que Dios haría el resto, y pidiendo ayuda. Al mismo tiempo sentí un movimiento de dar gracias a Dios por confiar en uno. Todos somos indignos de recibir la ordenación sacerdotal y también la plenitud de la ordenación sacerdotal que es la ordenación episcopal. S. Pablo dice que somos vasos de barro. El Señor, efectivamente, así lo he podido comprobar en mi vida, hace maravillas con vasos de barro. Llevamos un tesoro en vasijas de barro, si bien es cierto que por nuestras fuerzas y por nuestros pecados seríamos incapaces de llevar la carga adelante, con la ayuda de Dios la llevamos. Ese día sentí exactamente lo mismo que en ordenación sacerdotal, que fue el salto cualitativo en mi vida. Toda mi vida, desde entonces he ido donde me han mandado, de diócesis en diócesis, confiando en la misericordia y la gracia de Dios.

– Sintetice su paso por Ibiza.

– Para los sacerdotes todos los días son importantes. Todos los días tienen su “Kairos”, su momento de gracia. En Ibiza estuve tres años fue un periodo de mucha actividad.

– Después de Ibiza fue a Alcalá de Henares, que en ese momento estaba recién reinstaurada como diócesis. ¿Cómo fueron aquellos momentos?

– En Alcalá el desafío era montar una nueva diócesis a partir de un conjunto de parroquias. Momentos importantes, en Alcalá… la apertura del seminario en el año 1997, (llegué en 1991 y salí en 1998). Cuando pudimos tener por fin seminario propio, fue un motivo de alegría y de acción de gracias al Señor. Lo seminaristas, hasta entonces, los teníamos repartidos por Madrid, Toledo, Pamplona. Lograr tener seminario fue un momento de mucho gozo. Otro momento muy bello en Alcalá fue la restauración de la colegiata de los santos niños Justo y Pastor, cuando conseguimos la restauración y la pudimos inaugurar, es la Magistral de esa diócesis.

– Cartegena-Murcia fue su siguiente diócesis de destino. ¿Qué recuerda de aquella etapa?

– De Cartagena-Murcia destaco la consolidación de la Universidad Católica de San Antonio. Universidad naciente que había sido constituida por los obispos anteriores, D. Javier Azagra y D. Antonio Cañizares que fue administrador apostólico. El culminar la fundación y consolidarla fue para mí algo muy importante. A diferencia de Alcalá me encontré una diócesis muy hecha.

– El 2 de abril de 2005 fue un día importante en su vida, se hizo público su nombramiento como arzobispo de la archidiócesis de Zaragoza. ¿Cómo se ha sentido entre nosotros?

– Ese día se hizo público el nombramiento, efectivamente. La diócesis de Zaragoza es una gran archidiócesis. Mi llegada es una inflexión, en el ejercicio de mi ministerio episcopal, pasé a ser arzobispo, a tener una función en las diócesis sufragáneas, una gran responsabilidad, eso es lo que significa el palio que me entregó el papa el día de san Pablo en Roma, en 2005.

Zaragoza es una diócesis metropolitana muy significada. Además no podemos olvidar que como ciudad, Zaragoza, es la quinta de España. Se me confiaba un cargo de importancia. Iba a la diócesis de S. Valero y S. Braulio, que había estado regida por un gran arzobispo D. Elías, que había dejado el listón muy alto.

Me he sentido muy bien, y muy querido. Todos pertenecemos a la Corona de Aragón, que es un sustrato que une a valencianos, catalanes y aragoneses, sobre el que crecemos. Un valenciano plantado en Zaragoza se encuentra en su propia casa. Me he sentido muy bien entre los aragoneses, además de ser hombres, occidentales, europeos, somos de la misma corona.

 – ¿Sus mayores alegrías en estos ocho años?

– Hay muchas alegrías en estos ocho años. Por ejemplo he tenido grandes alegrías en la ordenación de sacerdotes, es una diócesis especialmente necesitada de sacerdotes como todas las del norte de España y apurando toda Europa está igual. Después la Expo. El Pilar. En el pilar he gozado muchísimo en las fiestas en honor de la Virgen. Los obispos latinoamericanos me llaman “el custodio del Pilar”. La emoción de la fiesta del Pilar es grande, la devoción a la Virgen también, es la Madre de la Hispanidad.

La restauración de la basílica del Pilar fue una gran alegría también. En esto no quiero insistir mucho porque acaban llamándole a uno el “obispo albañil”. La inauguración de las obras de restauración del Pilar, la restauración de la Torres, la inauguración del museo Diocesano.

La construcción de nuevas parroquias es siempre una gran alegría. Parroquias que han surgido por la necesidad pastoral de esta gran ciudad que crece por los cuatro costados. También, la inauguración del Seminario Diocesano el mismo año que llegué, en septiembre.

He tenido muchas alegrías realmente. El plan diocesano de pastoral. Una característica de la diócesis de Zaragoza es su gran organización pastoral, que se plasma en el plan diocesano de pastoral, que es trienal y en el que se involucra todo el pueblo de Dios.

Otro motivo de alegría anual es la celebración del encuentro diocesano de pastoral en el que participan miembros de todas la comunidades de la diócesis.

Unos momentos de gran alegría en estos años han sido la ordenación Episcopal de dos sacerdotes de esta diócesis: D. Carlos Manuel Escribano, nombrado obispo de Teruel-Albarracín y de D. Julián Ruiz Martorell, nombrado obispo de Huesca y Jaca.

– Tenemos que preguntarle, también, por los momentos que han sido para usted los más delicados o problemáticos.

– La crisis vocacional es para mí una gran preocupación.  Crisis que produce escasez de sacerdotes para atender a las cientos de comunidades diocesanas y que hace que tengamos que recurrir a la ayuda de sacerdotes extranjeros. Momentos especialmente dolorosos son cuando me comunican que ha muerto un sacerdote, un compañero, un colaborador, un hermano, se produce un gran desgarro dentro de mí.

– D. Manuel usted se ordenó sacerdote con Pablo VI, le nombró obispo Juan Pablo II, su ministerio episcopal en Zaragoza ha sido con Benedicto XVI. Ahora tenemos al Papa Francisco con quien ha compartido la JMJ en Brasil. ¿Cómo se ve desde el ministerio episcopal el estilo diferente de los últimos Papas?

– Han sido todos ellos grandes Papas. Una característica de los papas del S. XX, es que nos encontramos ante gigantes. Si bien es cierto que cada uno tiene su sensibilidad, sus propias características peculiares, en todos hemos encontrado en primer lugar al Papa, pero con acentos distintos.

Juan Pablo II es como un astro que descuella sobre todas las estrellas circundantes, ha sido un gran pastor, al mismo tiempo un ejemplo de vida espiritual. Se ha visto que ha sido proclamado beato en tan poco tiempo, en breve santo. Benedicto XVI ha sido grande ha descollado como papa, como gobernante, como pastor y de un modo eminente como maestro. Es un gran sabio. Se ha dicho que para encontrar una mente tan grande como la suya habría que retrotraerse 250 años. No es un intelectual abstracto, ha gobernado muy bien la iglesia. Si el acento en Juan Pablo II fue el ser pastor del mundo. El acento en Benedicto XVI es ser maestro de todo el mundo.

Una característica extraordinaria del Papa actual, diría que en el Papa Francisco lo que más se resalta siempre, es el momento ético de la acción. El Papa Francisco se caracteriza por decirnos que la verdad es la verdad, y la fe es la fe, ya lo sabemos, pero pongámoslo en práctica, y vivíamos de acuerdo con lo que somos. Es la reivindicación del momento ético de la acción. El Papa Francisco nos intranquiliza, no deja quieto a nadie, provoca sanamente, pone el dedo en llaga constantemente, nos invita a la acción a la santidad, a vivir concordes con lo que somos. Es el momento, ético. Juan Pablo II fue el momento pastoral. Benedicto XVI fue el momento de la contemplación de la verdad y Francisco es el momento ético: si somos lo que somos entonces comportémonos como lo que somos.

– ¿Espera importantes cambios en la Iglesia bajo la guía del papa Francisco? ¿Por dónde cree que apunta la tan anunciada reforma?

Creo que los grandes cambios en la Iglesia datan ya de lejos de Juan XXIII, de Pablo VI, que pusieron a la Iglesia en consonancia con lo que dijo el Concilio Vaticano II. El papa habla de culminar. La Iglesia siempre está de reforma, eso el Papa Francisco lo tiene en cuenta y lo sabe. La curia subsistirá. El papa, en la Iglesia, es el principio visible de la comunión y el garante de la fe. Para llevar a cabo esos dos carismas, necesita de unas estructuras, esas estructuras persistirán, puede que reformadas, pero las grandes reformas ya están dadas.

– ¿Díganos por qué eligió como lema de su episcopado la frase: TESTIS SPEI CHRISTI (testigo de la esperanza de Cristo)?

– Esperanza está tomada del texto de san Pedro, estar siempre prontos a dar razón de vuestra esperanza. El sacerdocio ministerial tiene dos facetas muy claras el anuncio y la celebración litúrgica del evangelio. Una de ellas es el anuncio de la esperanza, de la fe. Un sacerdote debe ser testigo de la fe, toda persona humana sin duda, pero de forma especial un sacerdote debe dar testimonio con su vida de la fe y la esperanza de Cristo.

– ¿Su mayor deseo en el día que se celebra su bodas de plata episcopales?

– Mi mayor deseo es, que lo mismo que el Señor ha sido grande conmigo hasta el presente y me ha ayudado y ha estado a mi lado en cada momento, a pesar de mi condición de vaso de barro, administrando y cuidando su viña, pues que esa gracia suya me siga asistiendo.

 

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 42822 Articles
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).