La verdadera reforma de la Iglesia

Mons. Atilano RodríguezMons. Atilano Rodríguez     En la actualidad son bastantes las voces que solicitan una urgente reforma de la Iglesia. Algunos afirman que esa renovación viene exigida por la excesiva adecuación de los planteamientos eclesiales a los criterios del mundo.

Otros, por el contrario, consideran que la reforma es urgente porque la Iglesia se ha desentendido de los problemas de la sociedad y de las verdaderas necesidades del mundo.

Ciertamente, la Iglesia siempre tendrá necesidad de nuevas estructuras, de nuevos organismos y de de nuevos métodos para poder dirigirse a los hombres en cada momento de la historia. Las insistentes invitaciones de los últimos Papas, en continuidad con las enseñanzas del Concilio Vaticano II, a emprender una nueva evangelización nos recuerdan la urgencia de recorrer nuevos caminos con el fin de encontrar los métodos y las fórmulas precisas para el anuncio de Jesucristo.

Ahora bien, al pensar en la búsqueda de los nuevos métodos y de las nuevas expresiones para la transmisión de la fe, no deberíamos caer en el error de pensar  que la reforma de la Iglesia ha de hacerse desde criterios personales o desde parámetros mundanos. Si sucediese esto, podríamos llegar a la convicción de que somos nosotros los que hacemos la Iglesia y, por tanto, los que podemos hacerla nueva en cada momento de la historia, aunque esto lleve consigo anular aspectos fundamentales de la identidad eclesial.

Para no equivocarnos a la hora de aplicar las necesarias reformas en la Iglesia, deberíamos revisar en primer lugar nuestra fe en Dios, pues la Iglesia, querida por el Padre desde toda la eternidad, nace del costado traspasado de Jesucristo en la cruz y es conducida constantemente en su quehacer evangelizador por la fuerza y la acción del Espíritu Santo. Por lo tanto, si no avanzamos en la necesaria renovación de la fe entre todos los miembros del pueblo de Dios, las reformas estructurales que se lleven a cabo serán totalmente ineficaces.  La escucha de la Palabra y la vivencia del amor de Dios han de ser siempre el punto de partida de toda renovación eclesial.

Refiriéndose a este tema, el Papa Benedicto XVI nos recordaba en el último viaje apostólico a Alemania que la Iglesia, para profundizar en su identidad, para avanzar en su renovación y para cumplir adecuadamente con su misión, tendrá que hacer una y otra vez el esfuerzo de separarse de lo mundano del mundo, de “desmundanizarse”.

Estas palabras del Santo Padre nos están indicando que, si no avanzamos todos en la conversión personal a Jesucristo y en la adoración del Dios verdadero, no podremos ser luz del mundo ni  estaremos en condiciones de colaborar en la edificación de una Iglesia más divina para que pueda ser más humana.

En este sentido nos viene bien recordar el convincente testimonio de la Madre Teresa de Calcuta. Ante la pregunta sobre cuáles serían los cambios más urgentes en la Iglesia, según su criterio, ella respondió sin titubear: “Los primeros que deberíamos cambiar somos usted y yo”.

Con mi sincero afecto, feliz día del Señor

Atilano Rodríguez,

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.