Un proyecto para el nuevo curso

eusebiohernandezobtarazonaMons. Eusebio Hernández      Queridos hermanos y amigos:

Tras el paréntesis del mes de agosto, en el que nuestra publicación Iglesia en Tarazona , se ha tomado un merecido descanso, volvemos a nuestro encuentro semanal a través de la carta que cada semana os escribo.

Todavía en este mes de septiembre continúan las fiestas en muchos pueblos de nuestra diócesis. Tres solemnidades polarizan muchas de las celebraciones de este mes: La Natividad de Nuestra Señora, en el que muchas parroquias celebran alguna de las advocaciones de la Virgen María; la Exaltación de la Santa Cruz, con las celebraciones de las imágenes del Santo Cristo que en tantos lugares se veneran; y, finalmente, San Miguel Arcángel, protector celestial.

Aunque es un mes lleno de celebraciones, también es un mes en el que muchas actividades de la vida ordinaria comienzan su funcionamiento. En muchas parroquias y comunidades es un tiempo de programación de las distintas actividades pastorales, un tiempo en el que con ilusión nos planteamos nuestro trabajo para intentar llevar el Evangelio de Jesucristo y hacer crecer en la fe a los miembros de nuestras comunidades.

El pasado día 11 de agosto en el diario La Razón publiqué un artículo en el que reflexionaba sobre las palabras y los gestos del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en Río de Janeiro. A mi modo de ver, nos ha dejado unas claves excepcionales para una profunda renovación de la Iglesia. Por ello quiero señalar algunas de ellas en esta carta a la hora de programar nuestro próximo curso. Podemos decir que sus palabras no sólo sirvieron para los jóvenes, son también un proyecto para toda la Iglesia.

También en nuestra diócesis de Tarazona debemos intentar crear un ambiente que nos renueve en nuestro impulso misionero. Por ello debemos trabajar por una Iglesia que tenga estos acentos, según señalaba el Papa:

CERCANA Y ACOGEDORA

El Papa es consciente de que muchos jóvenes –también personas mayores– se han alejado de la Iglesia. No es momento de analizar las causas. Propone «una pastoral de cercanía con todos» . Él es un ejemplo vivo para todos. Sus palabras son cálidas, cercanas, abrazadoras. Así, la Iglesia que nos presenta el Papa no es una Iglesia fría, de despachos oficiales. La Iglesia debe acoger con afecto a toda persona que llame a su puerta, sin pedir su carnet de identidad. Todo encuentro con los hombres y mujeres es bueno y positivo porque me da la oportunidad de abrir las puertas del corazón. Los sacerdotes, antes de dar catequesis o sacramentos, deberían ser Sacramento de la ternura del Padre.

En la Misa con los obispos, sacerdotes, seminaristas y religiosas, el Papa les decía:«Estamos llamados a promover la cultura del encuentro» . Esta cercanía es como «esa lluvia suave que cae poco a poco y empapa la tierra» (Is. 55, 10). Los jóvenes y los que han asistido a la JMJ de Río no se van a acordar de la lluvia y el frío que han tenido que soportar en la Playa de Copacabana, bautizada como «Playa de Dios». Lo que no van a olvidar son las palabras tiernas, delicadas, cariñosas, del Papa: «Habría querido llamar a cada puerta, decir »buenos días», pedir un vaso de agua fresca, tomar un »cafezinho», hablar como amigo de casa, escuchar el corazón de cada uno, de los padres, los hijos, los abuelos…» .

JOVEN Y ALEGRE

Sabe que la Iglesia de Europa es una Iglesia vieja, cansada y, en palabras de Benedicto XVI, «una viña devastada». La mayoría de los que van a Misa es «gente mayor». Cuando el Papa se encuentra con un grupo numeroso de jóvenes cristianos, se enardece, y con palabras cargadas de emoción, exclama:«Veo en ustedes la belleza del rostro joven de Cristo, y mi corazón se llena de alegría» . El Papa confía en los jóvenes y apuesta por ellos. Y lo hace de esta manera tan expresiva y tan bella: «Es común entre ustedes oír decir a los padres: »Los hijos son la pupila de nuestros ojos» (…).¿Qué sería de nosotros si no cuidáramos nuestros ojos? ¿Cómo podríamos avanzar? Mi esperanza es que, en esta semana, cada uno de nosotros se deje interpelar por esta pregunta provocadora. La juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo» .

Por otra parte, el Papa Francisco no quiere engañar a los jóvenes. A través de su larga vida pastoral, ha podido observar que la lejanía de Jesús es causa de tristeza y el encuentro con Jesús es fuente de alegría. Además, el Papa no quiere personas tristes en su Iglesia. A los propios Obispos les decía: «Un Obispo triste…¡qué feo!» 

SENCILLA Y POBRE

Todos recordamos aquella exclamación espontánea del Papa en su primera reunión con los periodistas que habían cubierto el cónclave: «¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!» . A lo largo de estos meses de su ministerio como Obispo de Roma, y muy especialmente en este viaje programático de la JMJ, ha ido poniendo acentos y señalando preferencias en el camino de esa meta evangélica: una Iglesia pobre, capaz de renunciar a pompas y vanidades; una Iglesia sencilla, mucho más parecida al retrato que nos ofrecen las páginas del Evangelio.

LLENA DE TERNURA Y MISERICORDIA

Llama poderosamente la atención el hecho de que el Papa, en todos sus discursos de la JMJ, no se haya dedicado a condenar. Es verdad que en este mundo abundan las sombras del pecado y de la muerte. Pero ha preferido mirar a Cristo y arrojar una nueva luz sobre tanta oscuridad. «En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, su inmensa misericordia. Y es un amor del que podemos fiarnos, en el que podemos creer» . Naturalmente que el amor gratuito y perdonador de Dios, especialmente manifestado en la Cruz de Cristo, lleva consigo unas consecuencias: «El amor nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor; pero la Cruz nos invita también a dejarnos contagiar por este sobre todo a quien sufre» .

MISIONERA

Sabe que la Iglesia de Jesús se ha quedado vieja y necesita una profunda renovación. Sin querer culpabilizar a nadie, el Papa es consciente de que la Iglesia «no puede seguir así». Podríamos decir que el hilo conductor de todos sus discursos es la «evangelización». El Papa recoge el grito de Pablo, el evangelizador por antonomasia: «!Ay de mí si no evangelizo!». La evangelización es «su carnet de identidad». Lo dice de mil maneras: «La Iglesia no puede quedarse mirándose el ombligo». «No hay que balconear», sino «callejear». «Hay que hacer lío». «Hay que ser revolucionarios» . En el mejor sentido, como lo fue Jesús.
Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

1 de septiembre de 2013

Mons. Eusebio Hernández Sola
Acerca de Mons. Eusebio Hernández Sola 251 Articles
Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.