El acontecimiento eclesial del verano

martorell7Mons. Julián Ruiz Martorell     Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Al reanudar nuestro contacto después de la pausa estival, agradecemos al Señor el viaje apostólico del Papa Francisco a Río de Janeiro, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que ha dejado una profunda huella en nuestro interior.

En el discurso pronunciado en la ceremonia de bienvenida a Brasil, dijo el Papa: “No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo. Vengo en su nombre para alimentar la llama de amor fraterno que arde en todo corazón”. En aquel mismo lugar advertía: “La juventud es el ventanal por el que entra el futuro en el mundo”.

En la homilía de la Misa celebrada en el Santuario de Nuestra Señora de Aparecida animaba con estas palabras: “seamos luces de esperanza. Tengamos una visión positiva de la realidad. Demos aliento a la generosidad que caracteriza a los jóvenes, ayudémosles a ser protagonistas de la construcción de un mundo mejor: son un motor poderoso para la Iglesia y para la sociedad”.

En el discurso en el Hospital de san Francisco de Asís de la Providencia, de atención a los toxicómanos, dijo: “Tendamos las mano a quien se encuentra en dificultad, al que ha caído en el abismo de la dependencia, tal vez sin saber cómo, y decirle: «Puedes levantarte, puedes remontar; te costará, pero puedes conseguirlo si de verdad lo quieres»”.

En la visita a la comunidad de Varginha (Manguinhos) nos comunicó una confidencia entrañable: “Habría querido llamar a cada puerta, decir, «buenos días», pedir un vaso de agua fresca, tomar un  «cafezinho», hablar como amigo de casa, escuchar el corazón de cada uno, de los padres, los hijos, los abuelos… Pero Brasil, ¡es tan grande! Y no se puede llamar a todas las puertas. Así que elegí venir aquí, a visitar vuestra Comunidad, que hoy representa a todos los barrios de Brasil”. Allí recordó los pilares fundamentales que sostienen una nación, sus bienes inmateriales: la vida, la familia, la educación integral, la salud y la seguridad.

A los jóvenes argentinos les recomendó: “hagan lío; cuiden los extremos del pueblo, que son los ancianos y los jóvenes; no se dejen excluir, y que no excluyan a los ancianos. Segundo: no licuen la fe en Jesucristo”. Les propuso un programa de acción basado en las bienaventuranzas y en el capítulo 25 del evangelio de san Mateo.

En la homilía en la fiesta de acogida afirmó: “Jesús nos trae a Dios y nos lleva a Dios, con él toda nuestra vida se transforma, se renueva y nosotros podemos ver la realidad con ojos nuevos, desde el punto de vista de Jesús, con sus mismos ojos”.

En la alocución tras el Vía Crucis recordó las palabras de Juan Pablo II cuando confió la Cruz a los jóvenes: “Llévenla por el mundo como signo del amor de Jesús a la humanidad y anuncien a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención”.       A los obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas congregados en la catedral les propuso tres aspectos de su vocación: llamados por Dios, llamados a anunciar el Evangelio, llamados a promover la cultura del encuentro.

En el discurso pronunciado en la vigilia de oración de clausura exhortó a los jóvenes: “Queridos jóvenes, por favor, no balconeen en la vida, métanse en ella, Jesús no se quedó en el balcón, se metió; no balconeen la vida: métanse en ella como hizo Jesús”.  Fueron impresionantes sus palabras en la homilía de la Misa de clausura en la que invitaba a los jóvenes a ir, sin miedo, para servir, y les decía a cada uno: “ahora tú debes ir y transmitir esta experiencia a los demás. Jesús te llama a ser discípulo en misión”.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.