Milagros en el verano…

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    Un agradecido homenaje deseo tributar a los cientos y cientos de católicos jóvenes y menos jóvenes  que, a lo largo del verano, han dejado sus vacaciones y sus dineros en Campamentos, Caminos de Santiago, Colonias infantiles y actividades de las Hermandades y parroquias en general, sin más objetivo que el de extender el Evangelio, de forma práctica, facilitando la convivencia y ofreciendo la construcción de la persona con formas y valores cristianos.

Llama la atención que los que ahora se llaman “voluntarios” y que, para mí, son “militantes”, es decir, “luchadores” por un mundo transformado y distinto, sean verdaderos realizadores del milagro veraniego. Y es llamativo, repito, que todos se paguen sus gastos como monitores, cocineros, en tareas de intendencia… Hacen, por tanto, el milagro económico, pues prácticamente las plazas, cuando no son becadas por la parroquia misma, sólo cuestan lo que suponen los gastos obligados de transporte, comida y pago de instalaciones.

Son muchas las familias que confían en la bondad de estas actividades veraniegas de carácter religioso y lo hacen porque saben que al milagro de la gratuidad en la entrega de los organizadores se suma o, mejor, está en la raíz, el milagro de la fe traducida en celebraciones religiosas sí, pero como meta y fuente de la convivencia y la vida nueva, traducida en costumbres, hábitos y maneras de convivir lejos de los meros instintos, de las pasiones y del consumo.

Soy testigo de la larga y apasionada preparación de materiales y actividades, meses antes de los pocos días del verano en los que se desarrolla el Campamento, o el Camino. Soy testigo de que no sale nada por casualidad sino que se tiene extremo cuidado en que todo: personas y recursos mil estén al servicio del crecimiento integral de todos los que participan en la actividad. Lo voy a decir en el lenguaje de la Palabra de Dios: “A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos” y también: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.”

Soy testigo también de cómo nos encontramos en estas actividades veraniegas con la realidad de las familias y de la sociedad, con formas y maneras de ser y de vivir que dejan a la persona sin capacidad de ser libre y de decisión sobre su vida, llevados de las modas extrañas del vivir y del consumir sin más. Pero, a la vez, veo la seducción que sienten los participantes cuando se logra construir una forma nueva de convivencia basada en la gratuidad y en la generosidad y en la confesión explícita de la fe en el Hijo de Dios, resucitado y presente por nosotros hoy.

Desde estas páginas, debemos agradecer todos los esfuerzos realizados por tantos hermanos que han dado su tiempo, su dinero y su vida a los demás y, a la vez que crece nuestra estima por estas actividades veraniegas de la Iglesia, apoyar con nuestra oración y con el entusiasmo por abrir las puertas de nuestras comunidades a los que nos hemos encontrado por el camino a lo largo y a lo ancho de este verano. Grupos de adultos, de jóvenes y de niños que deben potenciar la vida de la Comunidad Eclesial en nuestra Diócesis. ¡¡¡Dios es buen pagador!!! a Él le damos gracias por vosotros.

Vuestro obispo, + Antonio

Obispo de Ciudad Real

 

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.