Catequesis sí, clase de Religión también

Segovia Obispo Ángel RubioMons. Ángel Rubio     Al comenzar el nuevo curso escolar se realiza la inscripción de los alumnos en la asignatura de Religión que, por cierto, hay que reconocer que en la nueva Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) —con algunas reservas— se puede considerar “positiva”. Todavía se esperan algunas mejoras, especialmente en Bachillerato. También habrá que considerar el estatuto específico del profesor de Religión. Ahora es el momento.

La enseñanza de la Religión en la escuela no es un privilegio de la Iglesia Católica en el marco escolar. Cuando el Estado garantiza la enseñanza de la Religión y moral confesional en la escuela cumple sencillamente con su deber; y fallaría en ese mismo deber para con los ciudadanos —y por tanto para con la sociedad— si no propiciase el libre y pleno ejercicio de este derecho o no posibilitase de manera suficiente su adecuado desarrollo. En estos momentos, es preciso reconocerlo, el ejercicio de este derecho está reconocido y amparado, aunque todavía no de manera enteramente satisfactoria. La enseñanza religiosa se ofrece a todos y en todos los centros, pero no se impone a nadie; en los centros confesionales católicos, la enseñanza de la religión y moral católica es obligatoria para todos los alumnos dado que forma parte sustancial de su carácter propio y su proyecto educativo quedaría mutilado sin la enseñanza de la religión y moral católica.

Los padres y los alumnos habrán de defender y reclamar este derecho que les asiste. Defenderlo y reclamar que se cumpla en todas sus exigencias, en equiparación al resto de las otras áreas de aprendizaje o disciplinas fundamentales, es defender, en su raíz misma, el ejercicio de las libertades fundamentales. Inhibirse o no reclamar todo lo legítimamente exigible en este terreno, vale tanto como dejar libre el camino al recorte de otras libertades y a la desmoralización de la sociedad. Para los católicos, es un deber muy serio y una necesidad grande la formación religiosa y moral en los centros escolares, en los que se forma el hombre y la sociedad de mañana.

Con frecuencia, en ciertos medios y por algunos grupos, se vierte la idea de que la clase de religión es algo a extinguir, un retraso para la modernización de la sociedad que la Iglesia trata de mantener empecinadamente como privilegio particular. Pienso que deberíamos haber aprendido ya que el progreso no está unido al recorte de la libertad religiosa: y recorte sería el que la enseñanza religiosa no poseyese el estatuto propio que habría de corresponderle conforme a la naturaleza educativa de la escuela y a la necesidad de la formación integral de la persona. No caigamos en la trampa de considerar que el tema de la enseñanza religiosa escolar es un asunto privado o de la Iglesia, aunque ella como servidora de los hombres tiene la obligación de promover los derechos que asisten a la persona humana y de trabajar por la humanización integral. Es una cuestión en la que está en juego la persona y la sociedad. La catequesis de la comunidad parroquial y la enseñanza religiosa en la escuela no se identifican, sino que se complementan. La catequesis parroquial no debe ser un doblaje o repetición de la enseñanza religiosa en la escuela. No se oponen, pero tampoco se  identifican, hasta el lugar que se ofrecen son distintos uno en el ámbito escolar y académico y la catequesis es en la parroquia y con los catequistas de la comunidad cristiana.

La enseñanza religiosa escolar estimula a establecer un diálogo desde la fe cristiana entre el Evangelio y la cultura humana en cuya asimilación crítica madura el alumno integrando el conocimiento de la fe en la formación de la personalidad, incorporando el saber de la fe —que es también un saber razonable— en el conjunto de los demás saberes y asimilando la actitud cristiana en el interior de la actitud general del alumno ante la vida. Es una oferta del mensaje cristiano a todos —creyentes y no creyentes—  con vistas a una opción de fe, de modo que los alumnos en situación de búsqueda o enfrentados con dudas religiosas encuentren pistas de reflexión y respuestas; los alumnos no creyentes tengan un cauce, si quieren, para confrontar su situación de increencia con las perspectivas de la fe; y finalmente, los alumnos creyentes pueden integrar su fe en el interior de una cultura profana, alimentarla a partir de ella, purificarla y capacitarse para dar razón de su fe. Así mismo, hemos de recordar que la enseñanza religiosa escolar es imprescindible para conocer y comprender las múltiples manifestaciones culturales y patrimonio artístico de nuestro pueblo relacionadas con la fe católica.

Los Obispos de la Conferencia Episcopal Española queremos ayudar con nuestras orientaciones recientemente publicadas (25-II-2013) a los padres de familia en su hermosa y difícil tarea de educar a sus hijos, a los sacerdotes y catequistas en las parroquias y a los profesores de religión de enseñanza estatal y de iniciativa social, católica o civil.

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Articles
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.