La crítica constructiva

Mons. Pérez GonzálezMons. Francisco Pérez     Pregunta: Uno de los problemas que afecta a nuestra sociedad, en estos momentos, es el vocabulario tan ofensivo que se usa a la hora de rebatir o de defenderse. Se ha caído en el insulto como método de defensa. ¿Qué le parece a Ud. y cómo podría darnos un consejo a la hora de utilizar la crítica constructiva y rechazar la destructiva?

Respuesta: Nada hace más bella la convivencia que sabernos respetar. Creo que no es nada positivo ni educativo este afán de convertir las conversaciones interpersonales y destruir la convivencia con palabras ofensivas. Ante la euforia egoísta del desprecio hemos de crear la cultura de la serenidad, del diálogo y el respeto mutuo.

Estamos tan aturdidos por los deseos de sometimiento ideológico que se pierden los estribos proponiendo como forma de conversación los insultos y los malos modos a la hora de mantener, y así debería ser, un diálogo sereno y respetuoso. No hay orgullo más refinado que el que se cree poseedor de la autoridad (puro autoritarismo) ante los demás y usa como arma arrojadiza el desprecio y las palabras ofensivas.

Las expectativas, llenas de soberbia, envilecen a nuestra propia condición humana, por eso “un hombre rico y orgulloso se parece a un saco vacío. En la carne perfila una gran figura, pero en el corazón es un mendigo. No está lleno, sino hinchado” (San Agustín).

No están los tiempos para dejarnos llevar por falsos progresismos puesto que se van constatando frutos ácidos que son provocados por las fragmentaciones y las divisiones interpersonales. De ahí la importancia que tiene el ir formando ambientes de respeto mutuo comenzando desde la Escuela y pasando por la familia y los lugares de trabajo o espacios de deporte y diversión.

La Sagrada Escritura nos dice: “No hagáis nada por rivalidad o vanagloria; sed, por el contrario, humildes y considerad a los demás superiores a vosotros mismos. Que no busque cada uno sus propios intereses, sino los de los demás. (Flp 2, 3-4). Buena lección para saber situarnos con educación, ante los demás, aunque sean contrarios.

La educación en valores está muy presente en nuestra época. Y uno de ellos es el respeto acompañado del diálogo. Ante las circunstancias adversas hemos de reaccionar con sentido crítico constructivo. Para ello “tened presente que no habéis de ser benévolos con los malos aprobando sus acciones, ni tan negligentes con ellos que no corrijáis, ni tan soberbios que vuestra corrección se convierta en insulto” (San Agustín). Esta advertencia nos ayudará a corregir tales actitudes despreciativas y nos situará en los justo y verdadero.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).