El paso del tiempo para el creyente

Mons. Francesc Pardo i ArtigasMons. Francesc Pardo i Artigas    Rezando y meditando el Salmo 90, concretamente las expresiones que os señalo en cursiva, se me acudió esta reflexión, pensando en el rápido paso del tiempo: 

…Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, la mayor parte son fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan. ¿Quién conoce la vehemencia de tu ira, quién ha sentido el peso de tu cólera? Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando? Ten compasión de tus siervos; por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. 

La temporalidad es una de las características del ser humano. Somos pasado, somos presente y somos futuro. Sometidos al paso del tiempo, a la finitud, debemos vivir con toda intensidad cada momento. Éste es el mensaje de esta reflexión. ¿Por qué razón os la ofrezco?  Pues porque la lectura de unas  reflexiones –“Vivir las diferentes etapas de la vida”- me han hecho pensar en ello. 

En las sesiones de catequesis con niñas i niños, en encuentros festivos en los centros juveniles y durante sus actividades, siempre aparecía un grupo que de alguna forma se quejaba de su condición de niños y soñaba y deseaba “ser mayor” para poder “hacer lo que quiera”, “para que nadie me mande”… y otras expresiones que no eran precisamente una aspiración a crecer en todas las dimensiones de la vida, sino que significaban una “no aceptación” de su condición infantil. Y no por falta de nada material, todo lo contrario, ya que era una época en que los padres, abuelos, tíos y tías se disputaban como hacer más feliz al niño o a la niña. Tal vez no los ayudamos lo suficiente a vivir con intensidad aquella etapa tan importante de la vida. 

Durante las reuniones con grupos de chicos y chicas (adolescentes o más mayores) eran frecuentes las quejas referentes a los padres, “profes” y otros adultos. La rebelión respecto a los adultos que orientan la propia vida es ciertamente una afirmación de la propia personalidad. Pero algunos vivían aquel tiempo con mucha desgana y pasotismo. Aparecía la necesidad de buscar nuevas experiencias límite, nuevas sensaciones por medio del alcohol, la velocidad, la sexualidad, la aventura. Otros vivían obsesionados por los estudios o el deporte, por ser los primeros, como deseaban algunos padres. Es difícil, pero hay que ayudar a vivir este tiempo con intensidad, teniendo muy presentes los cambios, interrogantes, ilusiones… estando a su lado con convicciones y criterios, escuchando y al mismo tiempo orientando; ofreciendo razones y experiencias de lo que conlleva cada decisión. La gran ilusión era ser jóvenes adultos, libres del todo y sin condicionantes. 

En la etapa de madurez de la vida son tantas las reacciones y experiencias que se hace difícil enmarcarlas en una reflexión… Únicamente me atrevo a formular algunas quejas que dificultan saborear el momento presente: cuando los hijos son pequeños porque la plena atención que reclaman nos impide hacer otras cosas; cuando son algo mayores, porque provocan problemas y no se sabe qué hacer. Quejas, durante aquella etapa, por la cantidad de horas de trabajo que nos permitirán satisfacer algunos caprichos; o porque los caprichos de algunos miembros de la familia superan nuestras propias posibilidades. Algunas expresiones: “Cuando los hijos sean mayores…”, “Ahora hemos de ocuparnos de los padres y no podemos…”, “Ahora que los hijos ya son mayores hemos de sufrir por los nietos…”, “Cuando esté jubilado podré hacer…” 

En la última etapa de la vida, con frecuencia, al menos para algunos, el deseo sería volver atrás en el tiempo a causa de los achaques de la edad, posibles enfermedades, limitaciones… 

En la película Cleopatra (1965), la conocida reina de Egipto dice a Marco Antonio: “El tiempo nunca es razonable, el tiempo es nuestro enemigo”. 

Tal expresión en forma alguna es cierta para el cristiano, todo lo contrario. Nosotros no hacemos un absoluto de cada momento para detener o avanzar el tiempo. Nosotros hacemos del tiempo humano un tiempo distinto al que marcan los relojes, un tiempo de gracia, una experiencia de salvación en el tiempo que pasa. La fe en Dios, Señor del tiempo, nos hace experimentar su presencia amorosa en cada instante de la vida. Recordemos a Jesús: “Estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.