Nuestra fe, el don más grande (4). Las preocupaciones de la vida

Mons. VivesMons. Joan E. Vives     Amemos el don de la fe que hemos recibido, una fe que se preocupa de las inquietudes de la vida cotidiana. Hoy remarco tres más: la ardua responsabilidad de educar, el cansancio del modelo de sociedad, y el gozar de la vida.

1. – La ardua responsabilidad de educar. Muchos padres y madres, maestros y profesores viven la tarea educativa como una pesada carga y una grave responsabilidad. Tienen la impresión de ir a contracorriente y de transmitir unos valores y unas virtudes que no son, precisamente, las que se difunden a través de la sociedad. Se da un cierto escepticismo respecto al potencial que tiene la práctica de la educación. Hay que encontrar fórmulas inteligentes para que los padres, principales agentes de la educación, puedan educar a sus hijos según sus convicciones y valores. Ayudará mucho el encuentro intergeneracional y que haya comunicaciones fluidas entre la institución escolar y la familia. Los padres tienen el derecho y el deber de educar, pero necesitan un entorno y un marco que lo favorezca y haga posible la difícil transmisión de valores. En este proceso educativo, consideramos que es esencial la transmisión de conocimientos, de habilidades y de lenguajes, pero también desarrollar sus capacidades espirituales, el sentido de la trascendencia, la meditación, la oración y la contemplación.

2. – El cansancio del modelo de sociedad vigente. Muchos expertos de la sociedad occidental consideran que estamos viviendo un final de época, y que el ciudadano está fatigado del modelo de sociedad vigente, basado en la cultura del tener, del consumo, en el individualismo, en la competitividad sin misericordia, en el materialismo y el hedonismo. Por todas partes parece que emergen signos de un nuevo modelo de sociedad, basado en la cultura del ser, en la cooperación solidaria, en el aprecio por la naturaleza, en las relaciones de calidad, en la felicidad plena, abierta y atenta a la dimensión espiritual de la persona. En esta búsqueda de un modelo de desarrollo que integre la dimensión espiritual de la persona y de los pueblos, los cristianos estamos llamados a aportar nuestra experiencia y nuestra fe. En el fondo de nuestro ser hay una semilla de eternidad que es Dios mismo en nosotros, que nos llama a establecer un diálogo amoroso con Él, a crecer en todas nuestras potencialidades y a desarrollar al máximo nuestros talentos. La vida espiritual no es un añadido, ni un accidente en la vida de la persona, sino la base fundamental, el ámbito donde tienen lugar las grandes decisiones, aquel santuario interior donde se hace realidad el secreto diálogo de cada uno con Dios.

3. – No se trata de sobrevivir sino de gozar del don de la vida. Cada uno «es un don«, como afirma Benedicto XVI en Caritas in veritate (2009). La vida es un regalo, pero también una tarea. Nos ha sido dada para disfrutarla, para deleitarse amando a los demás y la naturaleza, para edificar, con la fuerza del Espíritu Santo, lo que Juan Pablo II llama la «civilización del amor«. Dios se da a la humanidad. Crea, se revela, envía su Único Hijo. Todo en Dios es don generoso y puro. Generosidad que, una sociedad mercantilizada, donde todo se compra y se vende, tiene dificultades para comprender, porque en ella todo está en venta. Hasta la infinita fertilidad de la naturaleza, la tierra y el agua, se convierten en mercancías. Y las personas son tratadas como cosas, que cuando ya no producen, se tiran. Necesitamos redescubrir al Dios de los pobres, de la gratuidad y la generosidad, para vivir como seres creados a su imagen y semejanza. Necesitamos construir una sociedad basada en la lógica del don.

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).