Nuestra fe, el don más grande (3). Las preocupaciones de la vida

Mons. VivesMons. Joan E. Vives    Continuamos profundizando sobre el don de la fe, y una fe que se preocupa por las inquietudes de la vida cotidiana. Hoy remarco dos más: los tormentos del alma, y el miedo a la dependencia, a la decrepitud y a la muerte.

1.– Junto con el dolor físico que intentamos combatir por todos los medios humanos y técnicos, porque nos lo exige la virtud del amor más grande, están los tormentos del alma que muchas personas sufren secretamente y ante los cuales, los cristianos tampoco podemos quedar indiferentes. Nosotros creemos que Jesucristo es el bálsamo y el consuelo de todos nuestros sufrimientos, la Fuente de la liberación. Creemos en el poder sanador de la Palabra de Dios y en el valor vivificante de los Sacramentos, particularmente, de la Eucaristía. De hecho experimentamos los límites de la razón y de la ciencia, a pesar de todo y de su desarrollo vertiginoso, y no podemos detener la muerte de los que amamos, ni prever el fracaso, el desencanto y la frustración. En nuestras sociedades, observamos que globalmente hemos progresado en bienestar material y tecnológico, y gracias al desarrollo de las ciencias de la vida y de las tecnologías de la comunicación, ha mejorado significativamente la calidad de vida de los ciudadanos, pero, a la vez, percibimos que no ha habido, paralelamente, un desarrollo de las facultades espirituales de la persona. Defendemos el derecho de todos a vivir, también de las personas más frágiles; aspiramos a que tengan una vida de calidad. Muchos malestares del alma de orden mental y emocional se pueden curar con terapias y prescripciones adecuadas, pero hay una serie de tormentos que son consecuencia de una atrofia de la vida espiritual. La sensación de vacío, la fatiga existencial, el desánimo, la moral de derrota, el escepticismo práctico, los remordimientos, la desesperación y otros tormentos del alma no nos pueden ser indiferentes y estamos llamados a proyectarles luz y a sanar estos estados con la fuerza del Espíritu Santo.

2. – Los sociólogos más calificados consideran que vivimos en la sociedad del miedo, y especialmente el miedo a la dependencia, a la decrepitud y a la muerte. Jesucristo exhorta a no tener miedo, a confiar en la mano poderosa del Padre del cielo, a vivir con la alegría de quien se siente salvado y querido por Dios desde toda la eternidad. El miedo paraliza nuestras acciones y creatividad. Es un sentimiento universal, expresión de la fragilidad y de la incapacidad para controlar nuestro destino. Se nos imponen unos modelos de perfección que no son adecuados a la frágil naturaleza del ser humano y cada vez hay más personas que no aceptan su vulnerabilidad. Jesús manda estar especialmente atentos a los más vulnerables y a responder activamente a sus necesidades (cf. Mt 25,40ss.). Nuestro modelo de humanidad no radica en la fuerza, ni en el poder, tampoco en el éxito… Nuestro modelo es Jesús. Él nos muestra que solamente si nos hacemos débiles, somos grandes; que los últimos, serán los primeros. La verdadera fuerza radica en el amor, en la capacidad de amar, porque cuando amamos expresamos lo más genuino de nosotros mismos, somos más parecidos a Dios, al Amor en plenitud. No nos tiene que dar miedo la debilidad, la enfermedad o la muerte. Son expresiones de nuestra finitud. No se trata de aceptarlas estoicamente, con resignación tan solo, sino de afrontarlas con la esperanza que viene de Cristo resucitado. A los ojos de Dios nos hace grandes el amor, la cruz y no la sabiduría humana, este amor que somos capaces de entregar generosamente a los demás. Amar la cruz no significa amar el sufrimiento; significa amar a fondo la humanidad, hasta el extremo de dar la vida por los demás.

+ Joan E. Vives

Arzobispo de Urgell

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).