¡Felices vacaciones!

Mons. Juan José OmellaMons. Juan José Omella     Como bien sabéis, el mes de agosto no se publica “Pueblo de Dios”. De ahí el título de mi escrito de hoy. De una parte, quiere expresar mi deseo de que paséis unas estupendas vacaciones, unos días que os sirvan realmente de descanso. Y de otra, me parecería interesante que tanto vosotros como yo mismo, hagamos nuestra aquella recomendación que hizo Jesús a los suyos, que nos cuenta el evangelista Marcos con detalles encantadores: “Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo: ‘Venid vosotros conmigo a solas a un lugar desierto a descansar un poco’. Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer” .
Sé que muchos no podrán disfrutar de unos días de vacaciones debido a muchas causas, entre otras a la situación de crisis económica que padecemos. Mi solidaridad y cercanía a todos ellos.

Pero estoy seguro de que todos podremos poner en práctica esos consejos que os doy para este tiempo de verano, para este mes de agosto:
• El Señor Jesús, en los tres años de actividad pública, nos dio un ejemplo espléndido de trabajo entregado, cabal, bien acabado. Un trabajo que le llevó a menudo a quedarse dormido de puro agotamiento. De ahí que Él fuese el primero en necesitar un descanso reparador.

• Jesús dice textualmente a los suyos “que le acompañen a descansar un poco”. Qué bien nos viene a todos esta recomendación y más en estos tiempos tan “recios”, en expresión de santa Teresa. Y porque son tiempos duros, angustiosos, hemos de esforzarnos en realizar muy bien nuestro trabajo, pensando en nuestra propia economía familiar y también en las necesidades de tantas familias cuyos componentes se encuentran en paro.
• Descansar – esta idea os la he recordado en otras ocasiones – no consiste en no hacer nada, en estar mano sobre mano. Hay tantas cosas que nos ayudan a reparar nuestras fuerzas desgastadas por el trabajo, como por ejemplo potenciar la vida de familia, cultivar nuestras aficiones, hacer un poco de ejercicio, leer, conversar.

• Me parece importante hacer una referencia expresa a la vida de familia, y más en concreto a la comunicación que mantenemos con la esposa, el esposo, los hijos, los padres, los hermanos, los abuelos. Todos andamos muy ocupados, llevamos una vida estresada por las prisas y las preocupaciones. Y cuando llegamos a casa, el televisor, la tablet, y otros elementos parecidos, pasan a ocupar un espacio de entretenimiento muy importante, en detrimento de lo que es una relación cordial, cariñosa, espontánea y sincera con los seres que nos son más queridos. Los días de descanso son vitales para hablar, comentar, abrir el corazón, sincerarse, aclarar posibles situaciones negativas. ¿Qué mejor cosa puede hacer un padre o una madre en estos días que mantener una larga, distendida y afectuosa conversación con el hijo o con la hija?

• El Señor, en la recomendación que vengo citando, habla de descansar un poco “con Él”. No hay mejor descanso que estar con Él. Y con Él estamos cuando visitamos a un enfermo, cuando ayudamos a los necesitados, cuando sonreímos al que nos pone mala cara. Pero, sobre todo y primordialmente, estamos con el Señor cuando hacemos oración. Siempre os digo que en la oración no se trata de hacer grandes discursos – “ruido de latas”, lo llamaba nuestra santa de Ávila -, sino de hablarle de nuestras cosas y de las cosas de Él; de escucharle, sobre todo a través de la lectura atenta del Evangelio. Y lo haremos en la iglesia – ¡qué bien se está en el verano en la mayoría de nuestros templos! -, o en una habitación recogida de la casa, o en una esquina del jardín, en un paseo reposado por el campo.

• Una última recomendación. Todos conocemos a personas de nuestro entorno – familiar, profesional, social – que, por la razón que sea, lo están pasando mal. Este es el momento de estar a su lado. ¡Que nos sientan a su lado! No esperan de nosotros una solución que nunca llegará: esperan nuestra acogida, nuestro afecto, nuestro interesarnos por ellos. Qué veranos más provechoso viviremos si en lugar de estar tan pendientes de nuestro propio yo estamos más atentos al bien de los que nos rodean. Feliz no es aquel que lo tiene todo; feliz es aquel que tiene un corazón tan grandes que en él caben todos.

Termino recordándoos que estos días el papa Francisco está en Brasil con los jóvenes, en las Jornadas de la Juventud. Rezad por él, por sus intenciones, y rezad también por los jóvenes a fin de que abran su corazón y su alma a los dones del Espíritu a través de la Iglesia.
Estaremos de nuevo en contacto, si Dios quiere, el domingo 1 de septiembre. Hasta entonces, recibid mi bendición y mi afecto,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.