Cuando de mi patrona voy a la ermita…

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora     La ingenua y tradicional canción asegura en su letra que «se me hace cuesta abajo la cuesta arriba». Y es que llegarse al encuentro con Dios puede parecer cuesta arriba para los que no creen en la racionalista y competitiva sociedad que está llena de facilidades para andar deshumanizados en el ajetreo de las mil prisas por llegar al trabajo o para poder conseguirlo, que eso sí que son cuestas arriba. Lo costoso que puede parecer el abrir un hueco en el verano para subir a Dios con la religiosidad que despiertan en muchos los cristos, las vírgenes y los santos de la piedad del pueblo, y que, por su simplicidad y cercanía, sorprenden a los sabios de ese otro mundo cargado de dificultades para llevar una vida digna del apellido humano… repito abrir un hueco para Dios en la vida del verano, siempre más relajada para la mayoría, parece ser un ejercicio muy saludable, pues es seguro que la subida a Dios es más fácil de lo que a primera vista pueda parecer, y, a la vez, más humana, profundamente humana.

«Y, cuando bajo, ¡leré!, y, cuando bajo… se me hace cuesta arriba la cuesta abajo». No le falta razón a la canción, pues, desde Dios, se ve más fácilmente lo que nos complicamos la vida en estas sociedades nuestras que se autodenominan «desarrolladas». Pero es preciso bajar del monte al llano. Uno de los indicios de que la cosa no ha ido bien en las fiestas es que la vuelta a la normalidad se hace muy dificultosa. Señal de que lo que denominamos fiesta no es sino evasión y adormidera para percibir la dureza de los problemas reales.

Hasta aquí la canción tendría razón en su sentido literal, pero es justamente lo contrario lo que da a entender el hecho religioso que supone el acercamiento a Dios. Sí, como dice el Salmo, «Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro» y en Él encontramos el sentido de todo lo que estamos llamados a hacer en la vida, unas veces aunque seamos nosotros mismos los que nos metamos en los atolladeros sin salida y otras aunque los demás parece que se vinieran en contra destrozándonos los unos a los otros. El Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo no solamente no nos saca de lo que llamamos ampliamente lo humano, sino que se hace hombre y, en su Hijo Jesucristo, se echa encima todas las cuestiones humanas corrompidas por el mal, el pecado y la muerte. Seducidos por tanto amor, los varones y mujeres de fe se acercan al Dios y Padre de Jesucristo dispuestos a echarse encima también todos los sufrimientos propios y todas las necesidades ajenas como la mejor manera de celebrar la también mejor fiesta de la Vida.

Así las cosas, subir a la ermita es, efectivamente, encontrar sentido a la vida diaria por dificultosa que esta sea. Y bajar de la ermita significa el camino de la cruz que salva y llena de amor cada instante de la existencia. Los hombres y mujeres de fe no nos podemos amilanar por la complejidad de la vida moderna que no deja espacio para nada y amenaza con matar la capacidad de reflexión en la persona y de la convivencia normal en la sociedad. La dificultad de bajar de nuestra experiencia de fe al llano de la vida diaria no debe ser sino la consecuencia de un mal planteamiento, pues somos para este mundo, eso sí, sin ser de este mundo. La canción aludida acaba mirando desde los ojos de Dios: ¡Ay quien pudiera siempre mirarse en ellos! Verse desde la mirada de Dios es moverse desde la confianza radical de que Él se ha fiado de nosotros para realizar la existencia humana, y, si esto es así, y es así, sabremos hacerlo todo en provecho de la persona y de la sociedad por muy cuesta arriba que nos pongamos o nos quieran poner las cosas.

Vuestro obispo, +Antonio

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.