Palabras de fe: ¿derecho a decidir sobre el propio cuerpo?

AGUSTINCORTÉSMons. Agustí Cortés     Algunos programas políticos incluyen entre sus proyectos “la defensa del derecho de la mujer al propio cuerpo”. Esta expresión, tal como suena, es evidente y no plantea ninguna cuestión: todo ser humano tiene derecho a “usar” su propio cuerpo. Sin embargo, a poco que pensemos, lo que en realidad quiere decir merece unas palabras de fe.

Respirando todavía la atmósfera que nos deja Hannah Arendt con sus pensamientos y su vida inserida en la problemática de la filosofía política, nos preguntamos qué significan estas palabras como proyecto político y qué valoración merecen a la luz del Evangelio.

1º La expresión no es muy afortunada, pues da entender que el cuerpo es “una cosa” a utilizar libremente por nuestro espíritu. La fe nos dice que el cuerpo humano no es algo añadido a manera de instrumento, sino que forma parte indisolublemente de nuestro ser persona, de ahí su dignidad.

2º Estas palabras pueden referirse a todo tipo de situaciones en que la mujer tiene derecho a decidir sobre ella misma en el ámbito corporal. Pero generalmente se entienden como el derecho de la mujer embarazada a decidir autónomamente si aborta o deja vivir el feto.

3º Quienes defienden este pretendido derecho se basan en la estrecha dependencia para sobrevivir que el feto tiene respecto de la madre, la cual no podría ser privada de la capacidad de decidir libremente. Pero la cuestión fundamental es que el feto es un ser humano distinto de la madre: la dependencia respecto de la madre no significa que el feto sea una parte del cuerpo de la madre o que pueda considerarse “propiedad” suya (pues entre seres humanos nadie es amo de nadie), de manera que la madre pueda decidir si el feto ha de vivir o morir. Más bien al contrario, el sentido de la dependencia es que el feto viva.

4º Incluso en el supuesto de que se considere un conflicto de derechos, el de la madre a decidir libremente y el del feto a vivir, es evidente que en la jerarquía de derechos prevalece el derecho a vivir que tiene todo ser humano, sea cual sea su fase de desarrollo. Nadie podrá pensar que el precepto de

no matar otro ser humano signifique un atentado contra el libre uso del propio cuerpo, aunque la vida de este otro ser dependa de uno mismo.

5º Este precepto es defendido por los cristianos desde su fe, pero también los cristianos creemos que debe pasar a ley civil, porque junto a las razones de fe existen argumentos de naturaleza y razón humana que afectan a todos, a la civilización y la cultura de toda sociedad verdaderamente humanista, que entre todos hemos de construir.

Muchos no entendieron que Hannah Ardent considerara la causa contra Eichmann, como causa “de la humanidad”, más allá de la circunstancias políticas. Nosotros vemos en la cuestión del aborto una verdadera causa de humanidad, una mentalidad, un estilo de tratar el ser humano, que afecta profundamente a nuestra cultura.

En todo caso, los cristianos entramos en esta cuestión asegurando tres actitudes básicas: el absoluto respeto a otras opiniones y las reglas democráticas; el compromiso de ayuda incondicional a la mujer embarazada que se encuentre en dificultades; la voluntad de hallar salidas eficaces y moralmente aceptables a los dramas humanos que en ocasiones surgen en torno a embarazos y posibles abortos.

La palabra de fe siempre será un testimonio del “Dios de vivos, no de muertos”, aunque la vida del otro nos demande esfuerzos y sacrificios. Al final triunfará el Dios que desea que el ser humano viva y no muera.

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.