Llamados a ser testigos del Señor

Mons. Gerardo MelgarMons. Gerardo Melgar    Queridos diocesanos:

Durante todo este Año de la fe y durante todos los tres años que durará nuestra Misión diocesana hemos escuchado y seguiremos haciéndolo una realidad fundamental en el presente momento de la evangelización de nuestro mundo: la necesidad y la urgencia del testimonio cristiano. Benedicto XVI, en su Motu proprio Porta fidei para proclamar el Año de la fe insiste repetidas veces en este mensaje: “Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, confianza y esperanza… Al mismo tiempo esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble” (n. 9); “Confesar con la boca indica, a la vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público” (n. 10); “El Año de la fe será una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad; la fe sin la caridad no da fruto, la caridad sin la fe sería un sentimiento constante a merced de La duda… La renovación de la Iglesia pasa por el testimonio de la vida de los creyentes” (n. 6)

Con todas ideas, Benedicto XVI explicaba claramente la importancia de la realidad del testimonio cristiano. La fe es un don de Dios pero un don que se nos ha dado, no para que lo guardemos sino para que lo comuniquemos a los demás y ellos también puedan vivir con nosotros la alegría de la fe. El discípulo de Jesús, con su testimonio de vida, no hace sino el seguir los pasos del Maestro que fue el Testigo supremo (cfr. Jn18, 37) y participar en su mismo testimonio. Como el Padre envió al Hijo, así todos y cada uno de nosotros somos enviados por el Hijo a ser sus testigos, a testimoniar con palabras y obras el amor de Dios (cfr. Jn 20, 19-23).

Los cristianos hemos recibido de Cristo el mandato de seguir dando fielmente testimonio de Él en solidaridad con los otros: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 18-20) El testimonio cristiano sigue siendo sumamente importante hoy porque el mundo sigue sin conocer ni amar al Señor, sigue sin encontrarse con Él para poder seguirle. Hoy sigue habiendo entre nosotros muchas personas que siguen sin conocer a Cristo porque nadie les ha hablado de Él ni se han encontrado con nadie que, con el testimonio de su vida, les impactara e interpelara; conocemos a otros que, teniendo noticia de Él, son totalmente indiferentes a todo cuanto les hable de su Persona y su Mensaje; también sabemos de otros muchos que creyeron porque fueron educados en una familia cristiana pero a quienes el ambiente laicista ha desgarrado su fe; finalmente, conocemos a otros que se sienten decepcionados de lo que ven en la vida de los que nos decimos seguidores de Cristo y piensan que no merece la pena vivir la vida de fe como lo hacemos nosotros.

Estas situaciones nos están reclamando una verdadera autenticidad en la vivencia de nuestra fe, una vivencia de la fe sin rebajas a gusto del consumidor, una vida de fe en la que no todo vale ni que puede ser vivida a medias. Nuestra vida como verdaderos seguidores del Señor debe llevarnos a una continua conversión que nos ayude a vivir la fe en toda su riqueza y exigencia en la vida de cada día, en las circunstancias cotidianas en las que desarrollamos nuestra existencia: en la familia, en el trabajo y en la relación humana. Solo así estaremos siendo verdaderos testigos del Señor y su mensaje para los demás en este momento actual en que nos ha tocado vivir.

Todos somos responsables, en alguna medida, de la vivencia de la fe, el anuncio del Evangelio y, en definitiva, de la salvación de los demás; de ahí la importancia de nuestro testimonio como llamada a los demás a vivir la fe desde la radicalidad y autenticidad de Cristo. Ya Pablo VI en la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi afirmó: “El hombre actual cree más a los testigos que a los profetas y si cree a los profetas es por lo que tienen de testigos” (n. 4). Años más tarde, el beato Juan pablo II repetía la misma idea con palabras más concretas y contundentes al recordar que el único evangelio que muchos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo van a leer es el del testimonio de los cristianos. Del mismo modo,Benedicto XVI y el actual Papa Francisco han repetido la centralidad de esta verdad.

Éste es el camino que el Señor nos pide que hagamos nuestro: ser discípulos suyos llevando una vida según el estilo que Él vivió y ser testigos/misioneros de nuestra fe para los demás. Respondamos con generosidad a su llamada.

Vuestro obispo

+ Gerardo Melgar

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
Acerca de Mons. Gerardo Melgar 353 Articles
Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.