Lumen Fidei

Mons. Atilano RodríguezMons. Atilano Rodríguez     El Papa Benedicto XVI, preocupado por la indiferencia religiosa y convencido de la urgencia de impulsar la nueva evangelización, el 11 de octubre de 2011, convocaba a toda la Iglesia, mediante la Carta Apostólica «Porta fidei», a celebrar «el año de la fe». Con esta propuesta, el Papa pretendía ayudar a los cristianos a experimentar la alegría de creer, a dar gracias por el regalo de la fe y a confesarla con plenitud y renovada convicción, sostenidos en todo momento por la acción del Espíritu Santo.

Durante los últimos días de su pontificado, en algunos medios de comunicación se difundió la noticia de que el Papa Benedicto estaba preparando una carta encíclica sobre la virtud teologal de la fe, como complemento de las dos anteriores sobre la caridad y la esperanza. El borrador de la misma, como un gesto más de su desprendimiento personal y de su servicio a la Iglesia, fue entregado por Benedicto XVI al Papa Francisco. Éste, desde una actitud de profunda humildad, no sólo asume “el precioso trabajo”, sino que lo hace suyo añadiéndole “algunas aportaciones” personales.

El pasado día 29 de junio, Solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, el Papa Francisco firmaba la primera encíclica de su pontificado, que lleva por título «Lumen fidei», la luz de la fe. Con el mismo título, ya nos está indicando que la fe, nacida del encuentro con Cristo resucitado y de la experiencia de su amor incondicional a la humanidad, tiene el poder de iluminar toda la existencia del hombre, porque le permite contemplar el presente y el futuro con ojos nuevos, con los mismos ojos de Dios.

El deseo de que la luz de Dios ilumine el camino de todos los seres humanos en estos momentos de oscuridad aparece como el objetivo principal de la encíclica. Así se desprende de la enseñanza de la encíclica, cuando dice: “Deseo hablar precisamente de esta luz de la fe para que crezca e ilumine el presente y llegue a convertirse en una estrella que muestre el horizonte de nuestro camino en un tiempo en que el hombre tiene especialmente necesidad de la luz” (n. 4).

La contemplación de la realidad actual nos permite constatar que en nuestro mundo existen auténticos testigos de la luz que proviene de Dios. Muchos cristianos, transformados interiormente por la experiencia del amor de Dios y por el encuentro con el Resucitado, experimentan la llamada a vivir en comunión con sus hermanos y a llevar a la sociedad la esperanza en una vida, que no termina en este mundo, sino que está abierta a la eternidad.

Pero, al mismo tiempo, también descubrimos que en las relaciones humanas y en la convivencia social existe mucha oscuridad, mentira y confusión. El desprecio de la luz que proviene de Dios ha llevado a bastantes hermanos a la convicción de que la única luz que puede iluminar el camino de la existencia proviene de la razón autónoma. Como consecuencia de ello, muchos ya no distinguen el bien del mal, la verdad de la mentira.

En algunos casos, incluso podemos encontrarnos con personas que manifiestan miedo ante un futuro incierto y desconocido. Es la consecuencia lógica de quienes se contentan con buscar luces pequeñas y pasajeras en vez de buscar la luz grande, la luz de Dios, la única que puede abrir caminos de esperanza hacia el futuro. Que esta luz grande ilumine siempre nuestro corazón y nuestros pensamientos para seguir haciendo camino.

Con mi bendición, feliz día del Señor resucitado.

+ Atilano Rodríguez 

Obispo de Sigüenza-Guadalajara

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.