Los laicos en la Iglesia y en el mundo

Segovia Obispo Ángel RubioMons. Ángel Rubio     Por primera vez en la historia, un Concilio, el Vaticano II consagró un capítulo particular a los laicos o seglares. Nos referimos al capítulo cuarto de la Constitución Lumen Gentium (Luz de los pueblos). Es una de las más preciosas contribuciones que nos ha traído el último Concilio, la revalorización del seglar, que en estos últimos tiempos ha empezado a surgir. Nunca antes ha tenido más sentido la frase tan conocida: «es la hora de los laicos». En estos tiempos en que el mundo se descristianiza, los seglares están llamados a luchar y trabajar por la Iglesia. Ellos han de ser el fermento de esta sociedad que vive de espaldas a Dios. En palabras  del Concilio: «Lo que el alma es en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo» (LG 38).

La Iglesia recuerda a los seglares que la acción apostólica es también incumbencia suya y ésta es la hora en que a ellos compete principalmente, atendiendo a las señales de los tiempos, poner sentido y signo cristiano en todas las cosas de nuestro tiempo con el testimonio de su vida y con su intervención sobre todo en la cosa misma temporal, lo mismo en lo familiar que en lo social, en lo económico que en lo político, en lo artístico que en lo cultural. Por eso los seglares están llamados a una acción apostólica de tipo laical, pero auténticamente eclesial.

Los seglares son miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia,  luego se ha de esperar de ellos que cooperen al desarrollo interno y externo del todo el Cuerpo. Unos miembros que no colaborasen negarían de hecho su calidad de miembros. Se aislarían e ignorarían la comunidad.

Estos son los aspectos más sobresalientes del Concilio Vaticano II «sobre los seglares». Primero, el seglar también es Iglesia, más aun, es la porción más numerosa de la Iglesia. Y segundo, el seglar es parte viva y activa — no meramente pasiva— del Cuerpo Místico. Tiene su vida sobrenatural, tiene sus carismas específicos. Por eso la Constitución establece este principio: «La misión salvífica de la Iglesia, no gravita en exclusiva sobre la Jerarquía».

Los laicos son «raza elegida, sacerdocio santo», llamado también a ser «sal de la tierra y luz del mundo». Su específica vocación y misión consiste en manifestar el Evangelio en sus vidas y, por tanto, en introducir el Evangelio, como una levadura, en la realidad del mundo en que viven y trabajan. Las grandes fuerzas que configuran el mundo (política, mass-media, ciencia, tecnología, cultura, educación, industria…) constituyen precisamente las áreas en las que los seglares son especialmente competentes para ejercer su misión. Si estas fuerzas están conducidas por personas que son verdaderos discípulos de Cristo, y al mismo tiempo plenamente competentes en el conocimiento y la ciencia seculares, entonces el mundo será ciertamente transformado desde dentro mediante el poder redentor de Cristo.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña: «Como todos los fieles, los laicos están encargados por Dios del apostolado en virtud del Bautismo y de la Confirmación y por eso tienen la obligación y gozan del derecho, individualmente o agrupados en asociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres y en toda la tierra; esta obligación es tanto más apremiante cuando sólo por medio de ellos los demás hombres pueden oír el Evangelio y conocer a Cristo. En las comunidades eclesiales, su acción es tan necesaria que, sin ella, el apostolado de los pastores no puede obtener en la mayoría de las veces su plena eficacia» (n. 900).

De donde podemos sacar con el mismo Concilio esta conclusión: «De tal manera han de apacentar los pastores a los fieles, y con tanta fidelidad han de reconocer los carismas de ellos, que todos a una cooperen a la empresa común» (LG 30).

La nueva evangelización está confiada de modo especial, a los laicos y necesita de un laicado adulto, responsable y bien formado. Hay que alcanzar y transformar con la fuerza de la Palabra de Dios, los criterios de juicio, los valores determinados, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, los modelos de vida de la humanidad conforme al Evangelio.

+ Ángel Rubio Castro

Obispo de Segovia

Mons. Ángel Rubio Castro
Acerca de Mons. Ángel Rubio Castro 137 Articles
Nace en Guadalupe (Cáceres), Archidiócesis de Toledo, el 18 de abril de 1939. Entró en el Seminario Menor diocesano de Talavera de la Reina (Toledo) desde donde pasó al Seminario Mayor “San Ildefonso” para realizar los estudios eclesiásticos. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 26 de julio de 1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología en Madrid, por la Universidad Pontificia de Comillas y en Salamanca la Diplomatura en Catequética por el Instituto Superior de Pastoral. Es Doctor en Catequética por la Universidad Pontificia de Salamanca. CARGOS PASTORALES Tanto su ministerio sacerdotal como el episcopal han estado vinculados a la diócesis de Toledo. Como sacerdote desempeñó los siguientes cargos: de 1964 a 1973, coadjutor de la parroquia de Santiago el Mayor; 1971, Secretario de la Visita Pastoral; 1972, director del Secretariado Diocesano de Catequesis; en 1973 es nombrado capellán y profesor de la Universidad Laboral de Toledo, Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral primada, cargo que desempeñó hasta el 2000, y profesor de Catequética en el Seminario Mayor, donde fue docente hasta su nombramiento episcopal. Además, de 1977 a 1997 fue Vicario Episcopal de Enseñanza y Catequesis; de 1982 a 1991 profesor de Religión en el Colegio diocesano “Ntra. Sra. de los Infantes”; en 1983, capellán de las Religiosas Dominicas de Jesús y María; de 1997 a 2000 es designado subdelegado diocesano de Misiones y en el año 2000 delegado diocesano de Eventos y Peregrinaciones, Profesor de Pedagogía General y Religiosa en el Instituto Teológico de Toledo, Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Canónico de la Catedral, cargos que desempeñó hasta 2004. El 21 de octubre de 2004 se hacía público su nombramiento como Obispo titular de Vergi y Auxiliar de la Archidiócesis de Toledo. El 12 de diciembre del mismo año recibió la consagración episcopal. El 3 de noviembre de 2007 se hacía público el nombramiento como Obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 9 de diciembre de ese mismo año. El Papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Segovia el 12 de noviembre de 2014, aunque continuó como administrador apostólico hasta el 20 de diciembre, día de la toma de posesión de su sucesor. Es Consiliario Nacional para Cursillos de Cristiandad. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Anteriormente, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Enseñanza (desde 2005) y de Apostolado Seglar (desde 2011). También ha sido miembro, de 2005 al 2011, de Vida Consagrada.