Lumen fidei, una encíclica ‘a cuatro manos’

Mons. MunillaMons. José Ignacio Munilla     “El Papa Benedicto XVI había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto otras aportaciones”. Con estas sencillas palabras nuestro Papa Francisco presenta su primera encíclica, “Lumen fidei”; y se culminan ‘a cuatro manos’ la serie de encíclicas sobre las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

Por cierto, un detalle no menor y que bien merece un comentario de partida, es el orden en el que las tres encíclicas han visto la luz: lejos de seguir el orden lógico —fe, esperanza y caridad—, han sido publicadas a la inversa —caridad, esperanza y fe—.¿Acaso por un criterio ‘existencial’? En efecto, nuestra cultura es más bien refractaria a los planteamientos teóricos y abstractos. Sin negar la validez de las tradicionales vías
racionales para llegar a la existencia de Dios, actualmente las vías “existenciales” se muestran como las más eficaces: ¡solo el amor es digno de crédito!;¡la salud de nuestra esperanza es el mejor signo de nuestras ‘constantes vitales’!… No en vano decía Chesterton: “El único argumento contra la pérdida de la fe es que se pierde asimismo, la esperanza y generalmente, la caridad”.

Pero vayamos al cuerpo de esta Carta encíclica, en la que el alma de Joseph Ratzinger rezuma por todos los lados. Lejos de eludir las acusaciones que la modernidad ha formulado contra la fe, en el prólogo aparece la sospecha de Nietzsche —conocido como el filósofo de la muerte de Dios— cuando escribía estas palabras a su hermana Elisabeth: “Si quieres alcanzar paz en el alma y felicidad, cree; pero si quieres ser discípulo de la verdad, indaga”. He aquí la cuestión que plantea el agnosticismo: ¿La fe es un espejismo, un refugio al que se acogen los que huyen de la crudeza y de la fugacidad de esta vida?… ¿O por el contrario, la fe es una forma de conocimiento legítima y coherente, en la que el hombre acoge la revelación de Dios, que se presenta envuelta en multitud de signos de credibilidad?

Existen dos posicionamientos opuestos y contradictorios,frente a los que hemos de tener capacidad crítica: el fideísmo y el racionalismo. El primero de ellos, se limita a valorar la fe por su poder consolador, y el segundo rechaza cualquier forma de conocimiento que supere la comprobación empírica. El uno olvida que la fe sin verdad no salva, hasta el punto de reducirse a una bella fábula; mientras que el otro parece
ignorar que existen muchas dimensiones de la existencia que no son cognoscibles por nuestra mera percepción sensorial. En efecto, no es lo mismo conducir de noche con las luces cortas del coche, que con las luces largas. La luz de la razón es importante, pero insuficiente para descubrir el sentido pleno de la existencia.

La intuición de San Agustín ilumina y completa este dilema: “El que no conoce, no puede amar; pero el que no ama, no llegará a conocer en profundidad”. Pues bien, al fideísmo es necesario recordarle lo primero: Quien no sustenta la fe en el conocimiento de la verdad, reduce sus creencias a unos valores de moda, a merced del sentimentalismo fluctuante (¿no será este el caso de los movimientos inspirados por la
Nueva Era?). Por su parte, al racionalismo es importante recordarle igualmente que el conocimiento sin amor es frío, impersonal, e incluso opresivo. La verdad solo resulta luminosa cuando el amor nos llega a tocar, de lo contrario queda sumida en la abstracción. En esta Carta encíclica se recuerda la cita de Gregorio Magno: «Amor ipse notitia est» (el amor mismo es un conocimiento).

Lumen fidei’ nos recuerda que lo contrario de la fe no es la razón, sino la idolatría. Cuando el hombre no reconoce a Dios como la fuente y el centro de la existencia, corre el peligro de construir multitud de ídolos. En el fondo, los diversos ídolos acaban siendo un pretexto para el egocentrismo. La encíclica matiza: “El hombre se disgrega en la multiplicidad de sus deseos (…) Por eso, la idolatría es siempre politeísta” (…) “Quien no quiere fiarse de Dios se ve obligado a escuchar las voces de tantos ídolos que le gritan: «Fíate de mí»”.

Significativamente, ni la Sagrada Escritura ni la Tradición de la Iglesia han hablado nunca de Jesús de Nazaret como de “un creyente”. Más bien, decimos que Jesucristo ‘ve’ al Padre, lo cual es mucho más que creer. Curiosamente, en el Evangelio de San Juan el concepto de ‘fe’ se equipara con el ‘ver’. El creyente ‘ve’ a través de los ojos de los testigos (cfr. Jn 11, 40; 14, 9). Y es que, la fe no tiene a Jesucristo exclusivamente como objeto (creer en Jesús); sino que llega a participar de la visión de Jesús (mirar la vida desde los ojos de Jesús). La encíclica lo ilustra con una bella imagen: “En las grandes catedrales la luz llega del cielo a través de las vidrieras en las que está representada la historia sagrada. La luz de Dios nos llega a través de la narración de su revelación y, de este modo, puede iluminar nuestro camino”.

+ José Ignacio Munilla

Obispo de San Sebastián

Mons. José Ignacio Munilla
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Mons. D. José Ignacio Munilla Aguirre nace en San Sebastián el 13 de noviembre de 1961. Inició los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Toledo y los concluyó en San Sebastián. Obtuvo la licenciatura en Teología, especialización en Espiritualidad, en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos. Fue ordenado sacerdote en San Sebastián el 29 de junio de 1986. CARGOS PASTORALES Ha desempeñado el ministerio pastoral en Zumárraga: en los años 1986-1990 ha sido vicario parroquial en la Parroquia de la Asunción y en 1990 es párroco de El Salvador. Es también miembro del Consejo Presbiteral. El 24 de junio de 2006 fue nombrado Obispo Palencia y tomó posesión de la diócesis el 4 10 de septiembre de 2006. El 21 de noviembre de 2009 fue nombrado Obispo de San Sebastián,tomando posesión de la diócesis el 9 de enero de 2010. En la reunión plenaria del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas (CCEE)que se celebró en Saint Gallen, Suiza, del 27 al al 30 de septiembre de 2012, fue nombrado presidente de la Comisión de Comunicaciones Sociales de los obispos europeos. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde la Asamblea Plenaria de marzo de 2017. Cargo que desempeña desde 2011. Durante el trienio 2005-2008 fue miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. Desde 2008 y hasta 2013 fue miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar (Subcomisión de Juventud).