La Virgen del Carmen

Mons. Antonio AlgoraMons. Antonio Algora    «¡Salve!, Estrella de los mares,  de los mares iris de eterna ventura. ¡Salve!, ¡oh, Fénix de hermosura! Madre del Divino Amor». Esta primera estrofa de la Salve Marinera que canta la Armada Española como su himno, llena de poesía y de verdad, nos puede introducir en la abundante devoción mariana que se va expresando durante el verano en las fiestas dedicadas a la Virgen de nuestras ciudades y pueblos.

Solamente el que se ha visto perdido en la inmensidad del mar y en la obscuridad de la noche sabrá apreciar lo que supone el brillo de la Estrella que nos puede dar orientación y ayudar a marcar el rumbo que nos haga navegar seguros hacia la salida del apuro. ¡Qué belleza encierran estas palabras primeras del himno marinero! Si las traigo aquí a vuestra consideración es porque en Santa María, la Virgen nuestra Señora, podemos encontrar esa luz para los momentos de obscuridad que podemos estar atravesando y, también, la orientación acertada en los vaivenes por los que vamos dando tumbos por la vida. Ella misma es la que nos lleva como Madre en sus brazos al ofrecernos al Hijo: Camino, Verdad y Vida. ¡Qué más puede pedir el marinero que saberse llevado seguro en el barco!

«…de los mares iris de eterna ventura». El iris, esa membrana que deja pasar la luz según conviene a las circunstancias para que el ojo pueda ver con claridad. Es María la Virgen la que escuchó de Simeón que, en Jesucristo, se cumplían las profecías todas de salvación: «Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». Gracias a nuestra Señora, se filtra la Luz del Cielo para ver, ya no el final del túnel, sino la mejor ventura que es el Señor Jesús en las mil noches y días que nos toca vivir y así para siempre: «eterna ventura». En María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, nos vemos nosotros agraciados; aun metidos en las faltas y los pecados nos sabemos llamados a ser como Ella: «la llena de Gracia».

Al pie de la cruz nos engendró nuestra Señora: «Ahí tienes a tu hijo. Y el hijo la recibió en su casa». El viejo mito del pájaro Fénix que, muerto, renace con todo su esplendor, sugiere esta imagen de «la Mujer», como Jesucristo llama a su Madre en la Boda de Caná antes de poner fin a la vergüenza de aquellos novios. Y «Mujer» la llamó también en la Cruz, afirmando la belleza, la hermosura de quien se pone al lado de Cristo en la Cruz para ser testigo de que la muerte ya no tiene dominio definitivo sobre la Humanidad. Sí, Fénix de hermosura, y la «Limpia Hermosura» brilla con la potencia de la Resurrección en la espera del Espíritu Santo, reunidos los Apóstoles de su Hijo en Pentecostés.

La Virgen del Carmen, refugio de los pecadores salvados, incluso después de la muerte, por su intercesión: «Madre del divino Amor». Mucho ama nuestro pueblo a Santa María porque se sabe muy amado por la Madre y se sabe capacitado para amar con el «divino Amor». Los pecadores arrepentidos y perdonados, convertidos ahora, llenos del amor misericordioso, en testigos de la Vida y la Resurrección del que ha asumido todo lo nuestro para hacer que volvamos a nacer. Y, si María, la Madre del Señor, es la criatura sin pecado, Inmaculada, a nosotros nos precede para que, sacados del valle de nuestras merecidas lágrimas, por la misericordia del Divino Amor seamos con Ella, Estrella de la mañana, de la esperanza cierta que anhelan nuestros contemporáneos. Recemos con María los misterios de nuestra fe para no perder el norte y salir de nuestras crisis y llegar al ansiado puerto donde no hay llanto ni luto ni dolor sino que todo es alegría y paz en el espíritu.

Vuestro obispo, +Antonio

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.