"De vacaciones y tiempo libre"

Mons. Demetrio FernándezMons. Demetrio Fernández    Terminado el curso escolar y pastoral, vienen las vacaciones. Pero vacaciones no significa estar ocioso, no hacer nada. Vacaciones significa dedicarse a otra cosa, y hacerlo por afición. Las vacaciones son ocasión propicia para completar la formación, tener tiempo más abundante para la oración, la lectura sosegada, la convivencia amigable, los viajes de amigos y de familia, las visitas a aquellos con quienes nos agrada estar. El tiempo de vacaciones nos devuelve la libertad interior que el ajetreo del trabajo diario podría robarnos a lo largo del año.

En el campo de los niños y jóvenes, en nuestras parroquias y comunidades, las vacaciones sirven para convivencias, jornadas de estudio, campamentos, colonias, etc. Son bastantes las parroquias y los grupos que las tienen, y en ello han invertido muchas horas de preparación a lo largo del curso. Si se prepara bien, son un precioso complemento a la labor pastoral de todo el año, y engancha a otros para el curso próximo. La Escuela Diocesana de Tiempo Libre “Juan Pablo II” continúa preparando monitores de tiempo libre y capacitándolos con título oficial para realizar esta tarea. De esta manera, todas esas convivencias las hacemos con la debida cobertura legal.

En la Visita Pastoral animo a todas las parroquias a engancharse a iniciativas de este tipo. Al comienzo, es buena ayuda unirse a otros grupos, ir de prestado, hasta que se va estableciendo una especie de cadena propia entre niños, adolescentes, jóvenes y adultos (incluidos padres y madres jóvenes, y algunos abuelos), que garantizan el buen funcionamiento de esta experiencia en la propia parroquia. Todo ello dirigido a la transmisión de la fe, en un clima de contacto con la naturaleza para valorar su belleza y su riqueza, salidas del Creador. En un tono de responsabilidades compartidas, cada uno a su nivel, para crecer en aquello que a cada uno se le encomienda. Con momentos de escuela de oración y de trato directo con Jesús Eucaristía. Y con veladas de fuego de campamento, que son tan inolvidables. Además de alguna marcha, senderismo, excursión, etc., donde no falta el chapuzón oportuno.

Las vacaciones son ocasión propicia para este tipo de actividades, que a simple vista parecen ajenas a la misión pastoral de la Iglesia y que, sin embargo, propician un clima sano de convivencia amigable, que van estableciendo lazos de amistad y son una oportunidad para la experiencia de Dios. Las parroquias y grupos que se deciden a realizarlo, tienen en su haber un grupo de niños, jóvenes y adultos que crecen en torno a la parroquia y constituyen una comunidad viva de fe, ahora y en el futuro. En la pedagogía moderna, el discípulo tiene que sentirse protagonista de su propia formación, e incluso aprende mejor si lo hace jugando. Los campamentos y colonias de verano tienen este planteamiento: aprender actuando, aprender jugando, aprender asumiendo responsabilidades que hacen crecer, que capacitan.

En este contexto, la experiencia de Dios no resulta algo añadido o postizo, sino que acompaña la convivencia, si se tienen las oportunas catequesis y se preparan los momentos de oración al comienzo y final del día, y sobre todo la Eucaristía. Para entrar en un contacto más profundo con Dios, es preciso apartarse de las actividades cotidianas, y para muchos niños y jóvenes (y adultos) es preciso romper con los hábitos ciudadanos, que producen una rutina asfixiante y sin Dios. Una cultura en la que predomina la técnica no es propicia para pensar. La comodidad en que suele instalarse la vida no favorece el crecimiento. Por el contrario, el contacto directo con la naturaleza, la austeridad de la vida en el campo, las actividades lúdicas con sentido educativo favorecen el encuentro consigo mismo, el conocimiento propio, la colaboración en tareas comunes de grupo, la apertura a Dios y el trato espontáneo con Él.

La Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, a la que acude el Papa Francisco, será un momento oportuno de convivencia entre miles de jóvenes de todo el mundo, también de nuestra diócesis de Córdoba. En esos mismos días, los Obispos de Andalucía convocamos a miles de jóvenes en el Rocío, para conectar con los jóvenes de Río y con el Papa. De manera que los mismos jóvenes entiendan que seguir a Jesús es propio de jóvenes también hoy, y en la Iglesia se puede construir un mundo nuevo, la civilización del amor.

Desde aquí deseo a todos un descanso restaurador, que ayude a crecer y no desarticule la personalidad ni la rompa, sino que favorezca el encuentro consigo mismo, con los demás y con Dios. Las colonias, campamentos y cursos de verano ayudan a esto. Visitaré algunas experiencias de la diócesis, y animo a todas las parroquias a que introduzcan en sus calendarios actividades veraniegas que tanto ayudan a la transmisión y vivencia de la fe de niños, jóvenes y adultos.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández,

Oobispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.