Un solo corazón y una sola alma

Mons. Saiz MenesesMons. Josep Àngel Saiz Meneses    Continuamos la reflexión iniciada el pasado domingo sobre la comunidad cristiana. La comunidad no es una realidad externa que recoge y ampara las personas, sino que consiste principalmente en la comunicación espiritual. Jesucristo formaba comunidad con los apóstoles y no tenían techo ni reglamento ni horario… El libro de los Hechos de los Apóstoles  da razón de por qué los primeros cristianos eran una auténtica comunidad: “Tenían un solo corazón y una sola alma” (4,32) y “perseveraban en la comunión” (2,42).

¿Cuándo podemos nosotros decir que se tiene un solo corazón y una sola alma? En primer lugar cuando hay conocimiento y amor mutuos, no un mero conocimiento de tipo biográfico. Tener un solo corazón y una sola alma es compartir, tener los mismos sentimientos, como  quienes viven la amistad o el clima de familia, o tienen el mismo proyecto de vida inspirado en Jesús y en su Evangelio, quienes llegan a compartir los bienes materiales y las situaciones interiores, aquellos que se responsabilizan mutuamente unos de otros.

La comunidad nace cuando se llegan a vivir sobre todo tres actitudes: En primer lugar, el sentimiento del nosotros, que significa haber hecho el paso del yo y el tu hacia el nosotros. Ello significa compartir, hacer propias las situaciones de los demás miembros del grupo. La comunidad nace cuando los individuos se sienten mutuamente acogidos y aceptados.

En segundo lugar, la comunidad nace si existe un sentimiento de interdependencia que puede expresarse con este lema: “Yo soy guardián de mis hermanos y ellos lo son de mi” Ser comunidad es identificarse todos los miembros del grupo con un proyecto común que establezca relaciones de interdependencia. Esta permite la comunión. Ser comunidad es ser interdependientes y ello significa saber responsabilizarse unos de otros.

Y, en tercer lugar, el sentimiento de participación activa, expresado en estas palabras: “Yo tengo mi lugar”. Cada uno tiene su puesto. Cada miembro ha de ser consciente de desempeñar un papel en el grupo. Cada uno ha de sentirse útil y ha de saber que aporta su colaboración a la obra común. Un deseo desmesurado e impaciente  de eficacia puede llevar frecuentemente a concentrar  tareas y cargos en los más dotados para llegar así a resultados inmediatos. Ello provoca inhibiciones en los demás e impide a otros miembros desarrollar  su personalidad y su capacidad ya que ello es imposible sin responsabilidad y participación.

En esta comunidad, la confianza es el alma. Por el contrario, la desconfianza es la negación radical de la comunidad. Cuando hay confianza las relaciones son transparentes, cálidas, espontáneas. Cuando no hay confianza las relaciones son ficticias, falsas… La confianza se gana a base de fidelidad. Pero a veces hemos de comenzar apostando por la otra persona de buen principio. La confianza debe darse, debe fortalecerse y debe curarse por medio del perdón mutuo y del diálogo franco.

Los cristianos tenemos ciertamente una especial vocación de hacer comunidad. Y sabemos que podemos hacerlo desde la confianza porque todos, en la vida comunitaria, estamos llamados a no buscar otra cosa que la gloria de Dios y que Cristo sea conocido, amado e imitado. Así mismo estamos llamados a servir a los hermanos, especialmente los más necesitados. La confianza, entre cristianos, debe darse siempre por supuesta.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.