Acogida en la fe a turistas y veraneantes

Mons. Casimiro LópezMons. Casimiro López Llorente     Queridos diocesanos:  En estos meses de verano, muchas personas extranjeras vendrán a nuestros pueblos y a nuestras playas para disfrutar de unas merecidas vacaciones. No faltarán tampoco quienes regresarán a sus pueblos para encontrarse con sus raíces, con su familia y con los amigos de siempre. Nuestros pueblos y ciudades se duplican o triplican en estos días.

Como Obispo de Segorbe-Castellón doy la más cordial bienvenida a cuantos han escogido para su reposo veraniego las playas y los bellos pueblos de nuestra tierra. En nombre de toda la comunidad diocesana, manifiesto el gozo que sentimos al poder acogerles fraternalmente entre nosotros. Los cristianos no podemos ver a turistas y veraneantes sólo ni principalmente bajo el prisma de su contribución económica, que nos ayude a superar nuestra maltrecha economía. Este índice es importante; pero mucho más lo es nuestra acogida, nuestra hospitalidad y nuestra fraternidad.

Las vacaciones ofrecen la posibilidad del descanso físico y psíquico; pero también y sobre todo ofrecen la ocasión para la convivencia y para el encuentro con la familia, con los amigos y con otras culturas. El tiempo estival es una oportunidad para encontrarse consigo mismo y para mejorar la relación con nuestros semejantes, con los familiares y con los amigos. Los días de vacación ofrecen también más tiempo para compartir con el necesitado y para pensar en Dios: son una ocasión muy propicia descubrir o redescubrir a Dios en nuestra vida, para profundizar la relación con Él y para ahondar en la vida cristiana.

Las vacaciones no pueden suponer un alejamiento de Dios; al contrario, nos ofrecen la ocasión para llenarnos de Dios, para dejarle hablar en nosotros y para sumergirnos en Él. Dios no se toma vacaciones en su búsqueda de amor al hombre y para ofrecerle caminos hacia la felicidad. Las vacaciones son un tiempo excepcional para dejarse encontrar por Él; en la playa o en la montaña, podemos descubrir la presencia de Dios y alabarle por haberla hecho tan hermosa. Además en verano tenemos una magnífica oportunidad de ser cristianos y vivir como tales. También en el ocio y en la diversión podemos y debemos vivir la condición de cristiano, sin avergonzarse de serlo. También en verano, el domingo sigue siendo el día del Señor y tenemos más tiempo para participar en la Eucaristía dominical y hacerlo en familia.

En este Año de la Fe, a los creyentes en Cristo que comparten con nosotros la fe católica les invitamos a celebrar y vivir con nosotros la misma fe. En cada comunidad parroquial de nuestra Diócesis, todo católico puede y debe sentirse como en su propia casa; todos los católicos somos miembros de la gran familia de la Iglesia, independientemente de la lengua, la cultura y el lugar donde vivan habitualmente. Esa es la belleza de la universalidad de nuestra Iglesia católica; nunca los católicos pueden sentirse extraños en una comunidad eclesial, sino siempre hermanados en Cristo por la misma fe y la misma Eucaristía, que crean la armonía de la unidad, enriquecida por la pluralidad de las lenguas, razas y culturas.

A los no creyentes en Cristo o a los que profesan otras confesiones y que se aproximan a nuestras iglesias, hemos de ofrecerles con todo respeto los que somos y la fe que profesamos para que se pueda abrir en ellos la puerta de la fe mediante un diálogo sincero en la búsqueda de la verdad, el bien y la belleza, que sólo se encuentran en Dios.

Toda la Iglesia de Segorbe-Castellón ofrecemos a turistas y veraneantes nuestra bienvenida y nuestra fraterna amistad.

Con mi afecto y bendición.

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
Acerca de Mons. Casimiro Lopez Llorente 381 Articles
Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.