"Lumen Fidei": Caminar, Construir, Confesar

Arzobispo Castrense Juan del RíoLa primera Encíclica firmada por el Papa Francisco está fechada el día de la solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, que son las columnas de la fe de la Iglesia. Con ella se cierra la trilogía que inició Benedicto XVI con las Cartas Deus caritas est (16.12.2005) y Spe salvi (30.11.2007). Era lógico que, dentro de la celebración del Año de fe, apareciera una tercera que completase las tres virtudes cardinales, Caridad, Esperanza y Fe, que configuran la existencia cristiana.
Sin embargo, los acontecimientos del pasado 11 de febrero con la renuncia del Papa Benedicto XVI y la elección de su Sucesor, abrían muchos interrogantes que han sido despejados con la publicación de Lumen fidei. Además, con ella, se muestra la continuidad en la diversidad de las sucesiones en la cátedra romana. Tanto el Pontífice como su antecesor tienen como principal preocupación que los católicos nos situemos en lo esencial de todos los tiempos: “el gran don traído por Jesucristo que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: “Yo he venido al mundo como luz, y así el que cree en mí no quedará en tinieblas” (Jn 12,46). Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso” (n.1).
Mucho se está hablando de la autoría del texto. En este sentido, un escrito es de quien lo firma. Todos sabemos que los grandes documentos suelen ser el resultado de un buen equipo, que en este caso ha estado formado por el Papa emérito Benedicto XVI, que “ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta sobre la fe”, y por el Papa Francisco que hace tres meses inició su pontificado y que en la misma introducción lo reconoce y agradece, “añadiendo al texto algunas aportaciones” (n 7). Éste es un gran ejemplo de comunión, generosidad, fraternidad y respeto mutuo de ambos Pastores. Pone de manifiesto, que lo único importante es el bien del Pueblo de Dios, en esta nueva época tan llena de desafíos para el futuro del cristianismo.
Para realizar el itinerario espiritual y pastoral que el Papa Francisco trazó en su primera homilía con los tres verbos: “caminar, construir, confesar”, es necesaria la luz sobrenatural de la fe. Ella ilumina “el sendero que orienta nuestro camino en el tiempo” (n. 4). Es “memoria fundante” de nuestra edificación personal y social. La fuerza de su confesión viene de la “visión luminosa de la existencia por la que estaban dispuestos a dar testimonio público hasta el final” (n.5), tanto los primeros cristianos, como el reguero de mártires y testigos de todos los tiempos, que por la coherencia de sus vidas han manifestado que Dios existe, que nos llama por nuestro nombre y que su infinito amor hacia nosotros se “ha manifestado en Jesús como fundamento sobre el que se asienta la realidad y el destino último” (n. 15).
Estamos ante un texto hermoso, bien articulado, fácil de leer, que estimula al lector a la serenidad y a la meditación. No es una exposición a la defensiva o apologética, sino propositiva, que aborda la fe como un regalo de Dios que, al mismo tiempo, invita a la amistad con quienes carecen de ella. Tiene la fragancia de la humildad, de la comprensión, del diálogo y de la tolerancia. Está “bella sinfonía” está salpicada de referencias bíblicas, patrísticas y de los grandes santos. No faltan alusiones a filósofos y escritores modernos y contemporáneos. Todo ello hace que la Encíclica se enmarque en la “matriz de la fe” que es la Iglesia que camina en el mundo atenta al clamor de los hombres.
Todo ello se puede encontrar a lo largo de los sesenta epígrafes agrupados en una introducción y cuatro breves capítulos. El punto de partida es desmontar las objeciones de muchos contemporáneos, que ven en el acto de creer un espejismo, algo ilusorio, un tema oscurantista y pasado de moda, que en cierta manera impide hombre ser auténticamente libre y feliz. La primera parte es un recorrido por la historia de la salvación para mostrarnos desde el principio que la fe en Dios está unida a la verdad y al amor. Esto sólo se experimenta por el camino del encuentro y seguimiento. La segunda establece la relación entre la fe y la inteligencia, el dialogo entre la fe y la razón, así como la continua búsqueda de Aquél que nos sobrepasa y nos sostiene. La tercera plantea la dimensión comunitaria de la fe cristiana, la necesidad de crecer en el conocimiento de la Verdad revelada por la oración, los sacramentos de la Iglesia, el cumplimiento del decálogo y la misión de trasmitir este don a las futuras generaciones. La cuarta parte aborda las repercusiones de la fe sobre la ciudad de los hombres y de cómo ésta contribuye “al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz” (n. 51).
De alguna manera, estas últimas reflexiones de Benedicto XVI, en las que el Papa Francisco basa su primera Encíclica, son un gran obsequio en la conmemoración del quincuagésimo aniversario del Concilio de la fe que fue el Vaticano II. Estamos invitados a degustarla, asimilarla y disfrutarla en estos largos días del estío. Sobre todo, nos apremia a implorar a Dios que aumente nuestra fe, y que nos sintamos orgullosos de pertenecer a este pueblo de la fe que es la Iglesia.

+ Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".