Vigencia y urgencia del hecho comunitario

Mons. Saiz MenesesMons.  Àngel Saiz Meneses     Hoy os invito a reflexionar de nuevo sobre el hecho de construir comunidades. “Construir”, este verbo de un sentido inmediato tan material, el Papa Francisco lo propuso a los cardenales poco después de su elección. Se trata de construir edificios –la casa de Dios y de la comunidad cristiana- pero hoy es urgente sobre todo construir comunidades.

La Sagrada Escritura nos muestra como Dios escoge un pueblo. Su designio es salvarnos comunitariamente y por ello reúne hombres y mujeres en un solo pueblo, el nuevo Pueblo de Dios que es la Iglesia. La Iglesia de Jerusalén, según el libro de los Hechos de los Apòstoles, es una comunidad que vive una gran comunión fraterna, que comparte, que ora, que evangeliza, que sirve, que escucha la Palabra, que celebra la Fracción del Pan (Eucaristía). Lo mismo podemos decir de la Iglesia de Antioquía, la principal entre las Iglesias nacidas en el seno de la gentilidad en los primeros tiempos.

Tal vez nos será útil reflexionar sobre algunas realidades humanas que aun teniendo  elementos en común, no pueden considerarse propiamente una comunidad cristiana. La comunidad, en primer lugar, no es fundamentalmente una estructura  externa sino una realidad interior, una forma de relación entre las personas. Tampoco es una realidad meramente jurídica. Estas cosas –también necesarias- por sí solas no crean vínculos de fraternidad.

La comunidad tampoco es una especie de club selecto de personas afines. Al contrario, la heterogeneidad y el pluralismo son condiciones esenciales para una comunidad cristiana. Jesús convocó personas diferentes en cuanto a edad, tendencias políticas, posición social, temperamento…

La comunidad tampoco es un equipo de trabajo, es decir, un conjunto de personas unidas por unos objetivos que, en principio, son externos a las personas. En realidad, la finalidad principal de la comunidad cristiana es la comunión profunda de sus miembros con Dios Padre, con Cristo, con el Espíritu Santo y entre sus propios miembros. En una comunidad cristiana lo más importante son las personas concretas, antes que sus funciones en el interior del grupo.

La comunidad cristiana no es un grupo terapéutico (aunque cure), no es primordialmente un grupo de soporte (aunque dé soporte), ni es sólo un refugio afectivo (aunque dé calor humano). Para que un grupo de personas llegue a ser comunidad es imprescindible que se sientan interdependientes. Los estudiosos del hecho comunitario afirman que para que un grupo de personas se convierta en una comunidad madura es imprescindible que se sientan interdependientes. Es preciso superar la dependencia como mera sumisión; la antidependencia como reacción adolescente por contraposición a la dependencia; la independencia que, en este ámbito sería una relación sin compromiso, para poder llegar a la interdependencia. En esta relación cada miembro del grupo tiene el mismo derecho a la individualidad y a la autodeterminación y da lo mejor de sí mismo a favor del proyecto común. Lo que es mío y lo que es tuyo se complementan en lo que es nuestro.

¿Qué es, pues, ser comunidad cristiana? Si volvemos a la Iglesia primitiva encontramos una buena definición en la Sagrada Escritura: ser comunidad es “tener un solo corazón y una sola alma” (Hech 4,32). Lo que ello significa será objeto de un próximo comentario semanal.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.