“¿Qué luz te conduce? La fe te responsabiliza al volante”, lema de los Obispos para la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico

Trafico

Queridos amigos:

Desde la Comisión Episcopal de Migraciones, de la que forma parte el Departamento de Pastoral de la Carretera, os hacemos llegar nuestro saludo afectuoso a todos aquellos que habéis hecho de la carretera vuestro modo de vida: camioneros, taxistas, conductores de autobuses y autocares, viajantes, conductores de ambulancias, bomberos, policía de tráfico, cofradías de san Cristóbal, asociaciones de transportistas y un sinfín de personas que cada día pasáis mucho de vuestro tiempo al volante; sin olvidar, por ello, a todos los que, para ir a su trabajo tienen que desplazarse; que la paz y la bendición del Señor estén siempre con vosotros. 

Estamos en el ecuador de la celebración del Año de la fe, que el Santo  Padre Benedicto XVI promulgó para toda la Iglesia. Por eso, creemos que  la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico, que celebraremos el próximo 7 de julio con motivo de la fiesta de San Cristóbal, no puede sino hacer referencia a la fe.

El lema elegido para la Jornada de este año es una pregunta que espera de todos nosotros una respuesta personal: ¿Qué luz te conduce? Si somos creyentes, la respuesta no puede ser otra que la luz de la fe.

Muchos vehículos llevan objetos o signos religiosos: rosarios, medallas, estampas, imanes con la imagen de la Virgen o de san Cristóbal. Es también frecuente que al ponernos al volante hagamos la señal de la cruz o recemos alguna oración. Y hay personas que, al adquirir un nuevo  vehículo, lo llevan a que lo bendiga el sacerdote. El día de San Cristóbal,  patrono de los conductores, seréis muchos los que pasaréis con vuestros vehículos delante de la imagen para recibir la bendición. Digamos  que, para muchas personas, su vehículo es como un pequeño santuario.

¿Qué luz te conduce? A la vista de los hechos anteriores, la contestación sería que nos conduce la luz de la fe. Esa fe que nos hace ver la huella de Dios «en las largas rutas, que como caballeros del volante recorremos, nos ponemos en contacto con la naturaleza, y al pasar de las cumbres a los valles somos testigos de las bellezas que ha ido sembrando el Creador»(1) y que tan bellamente expresa el salmo 8: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?». El salmo nos lleva de la contemplación a la alabanza: «¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!».

Junto a las obras del Creador, «os acompaña también la Iglesia. ¿No os lo dicen los indicadores religiosos que contempláis al borde de la carretera? Eleven vuestro espíritu los templos con sus campanarios, que caracterizan los pueblos y ciudades que veis desfilar en vuestro recorrido», decía Pablo VI a los camioneros españoles (2).

Se dice de Jesús que «recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando, en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y dolencia» (Mt 9, 35). Os invitamos a todos los conductores cristianos a que seáis portadores de la buena noticia del evangelio (cf. Hch 8, 4) viviendo «la alegría de la fe» (3) y siendo muy conscientes de que es el Señor mismoquien nos envía al mundo entero a proclamar el Evangelio a toda la creación(cf. Mc 16, 15).

La nueva evangelización nos necesita a todos. «Transmitir o comunicar la fe consiste, fundamentalmente, en ofrecer a otros nuestra ayuda, nuestra experiencia como creyentes y como miembros de la Iglesia, para que ellos, por sí mismos y desde su propia libertad, accedan a la fe movidos por la gracia de Dios… Es la táctica que Jesús usó con los discípulos de Emaús: diálogo, relación y conocimiento, comunión e Iglesia»(4); una táctica de permanente validez.

Sabemos que, por esos caminos de Dios, hay muchísima gente buena que, guiados por la luz de la fe, diariamente se ponen al volante para acudir a los más variados trabajos y lugares de descanso, con responsabilidad, dando con ello testimonio de fe, sin avergonzarse de nuestro Señor (cf. 2 Tim 1, 8).

El lema de la Jornada de este año tiene una segunda parte: La fe te responsabiliza al volante.

No es nuestra intención ser unos moralizantes aguafiestas; pero queremos apelar con fuerza a vuestra responsabilidad personal cuando os  ponéis al volante. Así lo hace el Catecismo de la Iglesia Católica cuando  afirma que «cada cual es responsable de su vida delante de Dios, que se  la ha dado. Él sigue siendo su soberano dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios  de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella» (5).

No podemos olvidar que la vida del hombre es sagrada, y que este carácter sagrado de la persona humana, unido al mandamiento evangélico del amor, «no engendran solamente relaciones objetivas de fraternidad entre los hombres, sino que también hacen responsables a los cristianos ante Dios. A esta luz los cristianos han de ver y juzgar las faltas de la circulación» (6).

Es consolador para todos nosotros poder constatar que en toda la geografía española, año tras año, están disminuyendo los accidentes y las muertes por accidentes. Seguramente que a ello contribuyen las campañas de sensibilización de la DGT y de la CEE y, cómo no, la mejora de las carreteras y de los vehículos, así como el carné por puntos y los radares, que, aunque solo sea por miedo a la sanción, nos hacen más prudentes.  Sea por los motivos que sea, hay que alegrarse por ello, aunque nos duela en el alma cada una de las víctimas que siguen produciéndose.

A pesar del descenso notable de los siniestros en carretera, sigue siendo válida la denuncia de Pío XII, cuando ya en 1955 decía: «¿Quién no ha sentido la preocupación del gran número de accidentes de que son teatro las carreteras?» (7). Y años más tarde, Pablo VI afirmaba que «demasiada sangre se vierte cada día en una lucha absurda con la velocidad y el tiempo» (8).

La fe te responsabiliza al volante reza el lema de la Jornada de este año. Haciéndolo nuestro, os invitamos a todos a reavivar la fe en el Dios de la vida (Lc 20, 38) y amigo de la vida (Sab 11, 26), que no solo nos prohíbe matar (Éx 20, 13), sino que nos manda amar al prójimo como a nosotros mismos (Mc 12, 31). Por eso, «la prudencia y el respeto a las normas que regulan el tráfico son virtudes que deben figurar en el carné del conductor» (9).

En no pocas ciudades y pueblos de nuestra geografía, durante estos días de julio, promovido por las cofradías de san Cristóbal o asociaciones de transportistas, son muchos los conductores, profesionales o no, que os reunís festivamente para participar fraternalmente en la santa Misa, asistir a la bendición de los vehículos y almorzar juntos. Nos unimos de corazón a la alegría de la fiesta del santo patrono, pero no olvidamos las dificultades por las que muchos profesionales de la carretera estáis pasando debido a esta crisis que no parece tener fin.

A todos y a cada uno de los conductores, juntamente con vuestras familias, pero de modo especial a los profesionales del volante, os tenemos muy presentes con «vuestros gozos y esperanzas, con vuestras  tristezas y angustias» (10), ante la santísima Virgen María, tan cercana en las familiares advocaciones de vuestra ciudad o pueblo.

Que ella, santa María del Camino, nos acompañe y guíe en todos nuestros desplazamientos. De corazón os deseamos unas felices fiestas de San Cristóbal 2013, y con todo afecto os bendecimos en el Señor.

 + Ciriaco Benavente Mateos, Obispo de Albacete

Presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones

 

(1)Pablo VI, A los camioneros españoles, septiembre de 1968.

(2) Ibíd.

(3) Juan Pablo II, Catechesi tradendae, cap. VIII.

(4) XCVII Asamblea Plenaria de la CEE, Orientaciones pastorales para la coordinación de

la familia, la parroquia y la escuela en la transmisión de la fe, EDICE, Madrid 2013, n. 10.

(5)Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2280.

(6)Obispos Belgas, La moral de la circulación en la carretera (1966).

(7)Pío XII, Al Congreso Mundial de la Federación Internacional de Carreteras 2.X.1955).

(8)Pablo VI, A los participantes en el Diálogo Internacional sobre la Moral en la Carretera (octubre de 1965).

(9)Pablo VI, A los camioneros españoles, septiembre de 1968.

(10) Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 30.

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